Aires nuevos de Levante

Las Elecciones Autonómicas y Municipales del pasado 24 de mayo han dejado muchas cosas en el aire. Aún no sabemos quién gobernará en las alcaldías y autonomías en las que ningún partido ha obtenido la mayoría absoluta. Las reuniones, llamadas y negociaciones se suceden. Los medios de comunicación se reparten los titulares, exclusivas y primicias. Muchas opciones sobre la mesa: gobiernos de coalición, listas más votadas, pactos. Todavía tendremos que esperar, poco más de una semana en el caso de las alcaldías y quizás algo más en el de las autonomías, para saber cómo quedarán constituidos todos estos gobiernos.

Parece claro que el cambio ha llegado y que es imparable en toda España. Pero hay un rincón, al que le tengo especial cariño, que ha conseguido algo prácticamente impensable hace unas semanas. Ese rincón es Valencia, el que, hasta el 24 de mayo, había sido el gran feudo popular, con permiso de Madrid.

Los resultados electorales en la Comunitat Valenciana dejan al PP de Alberto Fabra sin la mayoría absoluta que necesitaría para gobernar. Ni siquiera un hipotético pacto con Ciudadanos podrían superar un gobierno de coalición entre el Partido Socialista, Compromís y Podemos. A pesar de todo, la posibilidad de que el pacto entre Ximo Puig, Mònica Oltra y Antonio Montiel no llegue a materializarse podría ser mayor de lo que pensamos. En principio, parece que los tres partidos de izquierda están condenados a entenderse para retirar a los populares del gobierno, a pesar de que ya empiezan a encontrar obstáculos, como el hecho de quién sería el president de la Generalitat. De esta forma, a los populares únicamente les queda la esperanza de que la izquierda no llegue a entenderse para gobernar como lista más votada. Aunque también está la posibilidad de que los socialistas pacten con los Ciudadanos de Carolina Punset para asegurarse una mayoría simple que les permita gobernar. Mientras tanto, Alberto Fabra ya ha anunciado que deja su cargo.

En Valencia ciudad, también está en manos de Compromís, PSOE y València en Comú, candidatura de coalición apoyada por Podemos, propiciar el cambio en el Ayuntamiento, tras los 24 años de “reinado” de Rita Barberá. De esta forma, Joan Ribó sería el nuevo alcalde de todos los valencianos. En las otras dos capitales de provincia, Castellón de la Plana y Alicante, también podrían gobernar en coalición fuerzas de izquierdas. La debacle popular en Levante se ha completado con la pérdida, también, de la Diputación de Valencia, desde hace poco en boca de todos, y la de Alicante.

Al fin y al cabo, todo esto no sería más que información sobre los resultados electorales, similar a la de cualquier ciudad, provincia o autonomía de España, si no fuera por lo significativo que es que la Comunitat Valenciana y sus ciudades, tras más de dos décadas de gobiernos populares, hayan propiciado un cambio tan drástico. La Comunidad Valenciana lleva, o quizás ya debería decir “llevaba”, más de dos décadas de despilfarro, de burbuja urbanística, de “atentados” medioambientales, de obras faraónicas y ególatras, de escándalos de corrupción que han salpicado a presidentes, diputados, alcaldes y concejales por igual. Pero, a pesar de todo, cada cuatro años, cada cita electoral, nada cambiaba, siempre seguía sucediendo lo mismo: aplastantes mayorías absolutas. No importaba el “pufo” que dejaran tras de sí Terra Mítica, la Fórmula 1, la Ciudad de las Artes y las Ciencias (con más de mil millones de euros de sobrecostes), la Copa América, la visita del Papa o el Aeropuerto de Castellón (sí, el aeropuerto para las personas); no importaba cuantos trajes, Vuittones, viajes o relojes regalasen tramas corruptas como la Gürtel, el Noos, la Emarsa o la Brugal, todas auspiciadas bajo el sol levantino; no importaba la millonaria deuda oculta de la Comunitat, los recortes en servicios sociales, el maltrato al Estado del Bienestar, la privatización de hospitales y demás servicios públicos, los niños en barracones, los sueldos y gastos estratosféricos cargados a las arcas públicas; no importaba hundir Ràdio Televisió Valenciana, ningunear a las víctimas del accidente de Metro de Valencia o el menosprecio continuo a la cultura y la lengua valenciana, del que “el caloret” fue su momento cumbre.

Pero las cosas han cambiado. Ahora, todo ésto importa. Por eso los valencianos hemos apostado por un cambio. El Partido Popular puede gritar bien alto que ha sido la lista más votada, pero no puede negar que la mayoría de la población valenciana ha votado por un cambio. Un cambio muy importante, que devolverá la cordura, la democracia y la política real a esta tierra. Un cambio que pide a gritos un gran pacto de izquierdas encabezado por la verdadera impulsora del mismo, Mònica Oltra, quién junto a su partido, la Coalició Compromís, y otros dirigentes del mismo, han sido los encargados de capitanear la verdadera oposición política en las Cortes Valencianas y en los diferentes ayuntamientos en los que contaban con representación. Gracias por haber trabajado tanto por el futuro de los valencianos y valencianas. Confiamos en vosotros. Por fin podemos tener el gobierno que nos merecemos.

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