Mateo Cabeza y el Timelapse

Mateo Cabeza es un sevillano con mucho arte. Pero no ese arte que el tópico le atribuye por ser del sur. Esto va mucho más allá… Todo comienza con una idea, algo encima esa idea suele ser buena, muy buena. Después, la cámara, su medio de expresión.
Aunque para él la imagen debe estar siempre al servicio de la idea, si repasamos su trabajo, no cabe duda de que se trata de un todo. Es decir, es evidente que las imágenes que crea dependen de una idea que le da sentido a todo el discurso, pero la técnica que hay detrás de ellas está a la altura del impulso en el que se basan.

Y ese oficio que hay detrás de todo su trabajo ha venido concretándose en los últimos tiempos en una forma de expresión muy particular: el timelapse. Esta técnica consiste en captar imágenes en un intervalo regular de tiempo y después montarlas en continuidad para crear un efecto de aceleración de la imagen.

Existen vídeos de todo tipo que utilizan esta técnica. Es muy frecuente ver cómo nos presentan diferentes ciudades a través de timelapse. Para Mateo Cabeza, esta temática fue un comienzo. La primera vez que mostraba al mundo lo que sabe hacer con un timelapse. La protagonista en este caso: Polonia.

Y esto sólo fue el principio. El verano pasado, su vídeo Creamlapse dio la vuelta al mundo. De nuevo un ejemplo de que la técnica mezclada al cincuenta por ciento con una idea sencilla, pero expresiva dan unos resultados sorprendentes.

Creamlapse tuvo una gran repercusión entre las comunidades de vídeo online. Diferentes medios se interesaron por el trabajo de Mateo, como Makamo o Diario Clarín y llego a ser una de las sugerencias de WeTransfer. Y es que no es para menos…

El timelapse cautivó a Mateo y con él ha seguido trabajando. Un día surgió una idea: dar un nuevo enfoque a algo que dijera mucho de él mismo, a algo que le represente… Y así nació Sevilla Santa, en parte, como una despedida al antiguo Mateo, al pequeño nazareno que no se perdía una procesión. Y es que en Sevilla no hace falta ser devoto para disfrutar con estas liturgias. El ambiente de la ciudad se transforma y es fácil dejarse llevar y sentirse uno más, pertenecer a algo en lo que toda la ciudad se involucra.

Unos días antes de la Semana Santa de 2014, Mateo empezó a concretar la idea. Con un pequeño montaje previo en la cabeza, hay que salir a conseguir los planos que le den forma a la idea. Una mezcla de planificación e improvisación en su justa medida. El mensaje que se quiere transmitir está claro y algunos planos ya han sido incluso imaginados. Con ese esquema hay que salir a la calle y conseguir las imágenes.

Los mejores sitios para colocar la cámara evidentemente están otorgados institucionalmente por los siglos de los siglos. Se trata de un ecosistema configurado hace demasiado tiempo como para ceder a nuevas incorporaciones. Ni falta que hace, estamos hablando de todo un obrero del audiovisual que, además, conoce el terreno a la perfección. Sólo hay que estar en los sitios elegidos con suficiente antelación para poder plantar el equipo. Luego ya se empezará a llenar de gente y ahí lo importante es aguantar el tipo entre la multitud. Ningún problema para un veterano…

Y así, de procesión en procesión, descansando lo justo y desatendiendo el resto de su vida durante una intensa semana, Mateo se hizo con el material suficiente para darle vida a su creación. Y este es el resultado.

Una vez grabado, editado y sonorizado el material comienza el verdadero reto: la distribución. Más aún, la distribución low cost, aquella que se basa en el “like” y el “share”. Pero Mateo quiso ir más allá. Quería darle una buena vida a su criatura y ver cómo crecía en una pantalla grande.

Y así, contactó con los cines Alameda de Sevilla, uno de los poco cines en España que sigue proyectando en 35 mm, con lo que eso supone de amor por la tradición y de peso del formato en un mundo digitalizado al máximo. Y así, consiguió algo grande, tan grande como la pantalla en la que se proyectó Sevilla Santa el pasado 19 de marzo delante de cien personas.

Eso sí, de apoyo institucional, mejor no hablar… Hay cosas que parece que nunca van a cambiar y el pastel lleva repartido demasiado tiempo entre las misma bocas. En este punto cabe preguntarse si la excusa de falta de presupuesto es siempre válida. Estamos hablando de un material ya realizado, en el que no sería necesaria una inversión en producción. Probablemente en este caso, estemos hablando más bien de la estrechez de miras para entender una visión diferente .
Sin embargo, esta falta de respaldo, en ocasiones acaba siendo un aval del buen trabajo. Si las mentes obtusas no entienden tu creación, cuando menos es un indicativo de estar en la buena dirección.
Siempre nos quedará internet para la difusión y disfrute de este tipo de trabajos.

Marta Laso

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3 comentarios en “Mateo Cabeza y el Timelapse

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