Razones por las que “Lo que el viento se llevó” mola mucho

Hace ya más de 75 años de su estreno, pero Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939) se ha convertido en una gran obra maestra que perdura en el corazón de todos los cinéfilos. Ahora, la película está siendo objeto de otros debates, que nada tienen que ver con el cine, si no con su forma de retratar la esclavitud, tan alejada del drama real que vivieron sus protagonistas. Algunos, impulsados por la repulsa radical a los crímenes raciales que se han producido en Estados Unidos en los últimos tiempos, se están dejando llevar demasiado, comparando la cinta de Fleming con la bandera confederada, y defendiendo que tal vez no haya de tenérsele tanta estima. Pues, señores americanos, aquí les traigo unas cuantas razones para seguir apreciando y disfrutando de Lo que el viento se llevó.

1. Lo que el viento se llevó es la adaptación cinematográfica de la novela homónima de Margaret Mitchell, que le valió a la escritora el premio Pulitzer. Tanto la novela como la película narran las aventuras y desventuras de Escarlata O’Hara, una idealista de la vida del Sur, en los tiempos previos, durante y después de la Guerra de Secesión. Se rumoreaba que Mitchell compartía carácter y escarceos amorosos con la protagonista de su historia.

2. Lo que el viento se llevó se ha convertido en didáctica de una época de la historia de Estados Unidos. Además, es curioso poder observar la crudeza y dureza de la guerra desde el bando perdedor, sin prejuicio, sin explicación de por qué no son tan buenos como sus compatriotas del norte. Simplemente vemos cómo se vivió, tanto la guerra como sus consecuencias, a través de los ojos de los sureños, para deleite de historiadores, curiosos y, sobre todo, cinéfilos.

3. Las casi cuatro horas de metraje de la cinta. Eso sí que es tener un par de bobinas. Exactamente, la historia de Scarlett se cuenta en 224 minutos. Es necesario echar la tarde entera en verla, pero siempre merece la pena.

4. Vivien Leigh, actriz encargada de interpretar a la gran Escarlata O’Hara. Consiguió el papel superando a actrices ya consagradas en la década de los 30, como Bette Davis, Claudette Colbert, Paulette Goddard o Merle Oberon. Y lo consiguió a pesar que nada tenía Vivien Leigh de sureña, ya que, aunque por su marcado acento sureño en la versión original no lo parezca, Leigh era británica. Su interpretación le valió un Oscar a la Mejor Actriz y la encumbró al Olimpo de las estrellas de Hollywood. Sus escenas, frases y gestos en Lo que el viento se llevó, ocupan ya un lugar privilegiado en el imaginario colectivo.

scarlett_o__hara_series_1_by_manimefrances5.  Y no podemos hablar de Vivien Leigh, sin hablar de Escarlata O’Hara. No ha habido en la historia del cine un personaje tan magníficamente definido, con tantos matices y tantas aristas. Una niña malcriada, insoportable, redicha, impertinente, egocéntrica, egoísta, pero a la vez, llena de ternura, dulzura, inocencia, fragilidad y dolor. Escarlata irradia belleza, seguridad en sí misma, deseo, lo que la convierte en un personaje fuerte, capaz de enfrentarse a cualquier obstáculo, capaz de hacer lo que sea por conseguir aquello que quiere, sea lo que sea.

6. El amor. Capítulo 1. Escarlata y Ashley. Cuando comenzamos la película encontramos a una Escarlata cuyo único objetivo es conseguir el amor del irresistiblemente encantador Ashley Wilkes, interpretado por Leslie Howard. La guerra y la presencia de Melania Hamilton, primero prometida y después esposa de Ashley, se interponen entre este amor, pero Scarlett no cejará en su empeño de poseer a Wilkes. A lo largo de la película, este amor que les une, esa pasión irrefrenable, seguirá viva, superando guerras y dramas, y pasando por encima del matrimonio Wilkes, la amistad de Melania y Escarlata y de cualquiera de los tres matrimonios de O’Hara, aunque especialmente el tercero, con el Señor Butler, es una historia de desamor, un amor imposible, un amor que nunca se llega a cerrar, algo que, inevitablemente, queda en los corazones de Escarlata y Ashley conforme van pasando los años.

7. Olivia de Havilland. Con su carrera ya comenzada, con gran acierto, acompañando en aventuras a Erroll Flynn mayoritariamente, De Havilland consiguió el papel de Melania Hamilton, el que probablemente sea uno de los mejores papeles secundarios de la historia del cine. Era evidente que se necesitaba a una gran actriz para enfrentar a Escarlata O’Hara, y Olivia de Havilland es grande, sino la más grande. El personaje de Melania siempre ha sido un poco ninguneada: las frases de Escarlata son mejores, las escenas de Escarlata son más impactantes, la vida de Escarlata es un carrusel de emociones. Pero Melania Hamilton es un personaje absolutamente necesario para que el espectador consiga empatizar con Escarlata O’Hara. La ternura, la bondad, la generosidad, la dulzura, el amor que se desborda de cada uno de los poros de su piel, Melania Hamilton se convierte en el contrapunto de Escarlata en todo momento, pero que en vez de actuar como enemiga, lo hace como amiga, comprendiéndola, queriéndola, animándola, ayudándola y, por encima de todo, perdonándola continuamente.

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8. El amor. Capítulo 2. Scarlett y Rhett. El gran galán de la época, Clark Gable, interpretaba a Rhett Butler, personaje que nada tiene que envidiar en galantería al propio Gable. Rhett persigue los favores de Escarlata desde el momento en el que se conocen, cuando aún ella es joven y está enamorada de Ashley. Escarlata lo detesta, le parece arrogante, quizás se parezca demasiado a ella. Tras casarse rápidamente, con motivo de la guerra, con el hermano de Melania, y enviudar aún más rápidamente, las vidas de Rhett y Escarlata vuelven a coincidir en Atlanta. Rhett sigue agasajándola, y Escarlata ya se deja querer un poco más. Rhett es de gran ayuda a Escarlata durante la época de Atlanta, de donde la ayuda a huir cuando la guerra ya está perdida. Tras otro matrimonio, ésta vez por motivos económicos (y robándole el prometido a su hermana), los caminos de Rhett y Escarlata se juntan definitivamente, o no. Un matrimonio que casi es más una unión económica por intereses, que acaba dando como fruto una pequeña hija. Rhett siempre ha estado enamorado de Scarlett, pero ella no se da cuenta de lo que siente hasta el final, cuando ya es demasiado tarde, cuando ha perdido definitivamente a Rhett. “Francamente querida, me importa un bledo”.

katucms_image_89153ed465c7ec0ac1b58049e9021a4a_8286_jpg9.  El incendio de Atlanta. Durante su vida en Atlanta, con el Sur perdiendo la guerra, Escarlata se convierte en enfermera voluntaria, por exigencias de la sociedad, no creáis que ella quiere hacer algo altruista por los demás. Allí vive la crudeza y la dureza de la guerra. Atlanta es la ciudad que forja la amistad de Escarlata y Melania, de forma que la huída de la ciudad se convierte en la primera vez que Escarlata ayuda a alguien sin esperar nada a cambio, en este caso a Melania, demostrando que realmente no es tan mala persona como parece. El incendio se produce cuando la guerra está finalizando. Atlanta está sitiada y va a ser conquistada por el norte. Escarlata y Melania, ayudadas por Rhett huyen de la ciudad, con destino a Tara, su hogar, mientras la ciudad cae en medio de una tormenta de llamas. Digno del recuerdo es el hecho que, durante el rodaje del incendio, lo que en realidad se estaba quemando eran todos los decorados de la primera versión de King Kong (Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack, 1933).

10. Tara. La maravillosa plantación en la que Escarlata vive su feliz vida hasta que llega la guerra, y a donde vuelve después de la misma, para encontrarse un panorama desolador, con las plantaciones arrasadas y la casa saqueada, con su madre muerta y su padre demente. Tara es donde Escarlata, cual Ave Fénix, resurge de sus cenizas, de las de toda su familia, y de las del Sur. “A Dios pongo por testigo, que jamás volveré a pasar hambre”.

811. Hasta cinco directores se encargaron de ella durante su rodaje. B. Eaton Reeves, Sam Wood, William Cameron Menzies, George Cukor y Victor Fleming. Según los mentideros de Hollywood, Cukor fue despedido por exigencias de Clark Gable, ya que supuestamente Cukor conocía determinados datos del pasado del actor. Victor Fleming finalizó la película y consiguió llevarse las alabanzas, los premios y la gloria.

12. Secundarios de lujo, como Thomas Mitchell, Butterfly McQueen o Jane Darwell, entre otros. Pero si hay alguien que destaque por encima de sus compañeros, esa es Hattie McDaniel, encargada de dar vida a Mammy, la criada de Escarlata, que se convirtió en la primera actriz de color en conseguir un Oscar de la Academia. Como curiosidad, por aquel entonces, en el año 1940, McDaniel no estuvo sentada con el resto de nominados, todos blancos, sino que estuvo acomodada en la zona reservada para los negros. Por ello, cuando se la nombró como ganadora tardó más que el resto de ganadores en llegar al escenario a recoger su premio. Tampoco fue invitada a la premiere de la película.

13. Y si hablamos de Oscars, diez consiguió Lo que el viento se llevó, incluyendo Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión, Mejor Actriz o Mejor Actriz Secundaria. Se convirtió en la primera gran ganadora, batiendo todos los récords, y no sería hasta 20 años después, en 1960, cuando sería superada por Ben-Hur (William Wyler, 1959), que se haría con once premios.

14. El derroche técnico y artístico. La música, qué decir de la música. Esa banda sonora perfecta para acompañar una historia tan épica como Lo que el viento se llevó, con ese principio que pone los pelos de punta. Lo mismo sucede con la fotografía, la escenografía y el vestuario, cuyos profesionales consiguieron un retrato perfecto de las ropas y las casas del Sur que, además, dota de un color exquisito a la cinta.

15. David O. Selznick. Todo esto surge del sueño, de la idea del productor David O. Selznick de adaptar Lo que el viento se llevó al cine. Con un gran presupuesto para la época, unos 4,25 millones de dólares, y sin escatimar en ningún gasto, O. Selznick se empeñó en llevar a cabo esta epopeya y convertirla en una de las mejores películas de la historia del cine.

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16. La película fue todo un éxito de taquilla. Si ajustamos la recaudación por la inflación, Lo que el viento se llevó es la película más taquillera de la historia del cine.

Lo que el viento se llevó es, sin duda, una de las mejores películas de la historia del cine, un clásico que no envejece con el paso del tiempo, que siempre es revisable y que cada una de esas revisiones, te descubre algo nuevo. Es una película hecha para disfrutar. Para disfrutar de su historia, de sus personajes, de sus actores, de sus diálogos, de su música, de sus decorados, de su vestuario, de su fotografía. Porque, por encima de todo, Lo que el viento se llevó es un épico melodrama hecho por y para disfrute del espectador.

Alejandro Piera.

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5 comentarios en “Razones por las que “Lo que el viento se llevó” mola mucho

  1. Una de mis películas favoritas de todos los tiempos. Siempre que la ponen la engancho y la veo hasta el final. Me cuentan mis padres que ya me fascinaba cuando era niño. La tenían grabada y si querían que estuviera quieto una tarde no tenían más que ponérmela. Me quedaba pegado a la tele. Mejor que con los dibujos.

    Y es que es un derroche de decorados, secundarios, efectos, con un color fantástico. Nadie diría que es una película que se hizo antes de la segunda guerra mundial.

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