7 Formas de afrontar el fin del mundo según tu país de origen

Si el cine nos ha enseñado algo es que el fin del mundo está cerca. Ya puede ser un terremoto, una epidemia, una catástrofe nuclear, meteoritos, aliens o un ataque zombie, la raza humana lleva las de perder. Tras observar numerosas películas y aprender cómo gestionar según qué situación (ya sabemos que a los zombies hay que partirles la cabeza; que los marcianos nunca son tan inteligentes como los humanos; o que, como en las películas de terror, la rubia y el negro llevan las de perder), nos hemos dado cuenta que existen diferencias a la hora de afrontar el fin del mundo según cuál sea tu país de origen.

1. Estados Unidos – El día de mañana (Roland Emmerich, 2004)

Es el país que más veces se ha tenido que enfrentar al fin del mundo. Guionistas, productores y directores, parecen empeñados en que la gran nación acabe reducida a cenizas. Apocalipsis zombies, nucleares, climatológicos, guerras mundiales, ataques extraterrestres, meteoritos, plagas, epidemias, todo lo han sufrido en sus carnes los pobres americanos. Pero de pobres nada, porque mientras en franceses, indios o guineanos (por decir alguna nacionalidad) mueren entre terrible sufrimiento, siempre hay un héroe norteamericano que conseguirá salvar a cuantos más compatriotas mejor. Esos héroes pueden tener muchos nombres: Will Smith, Bruce Willis, Tom Cruise y hasta John Cusack, y pueden ser desde científicos hasta chatarreros, aunque no suelen ser mujeres, por desgracia. Todos consiguen salvar a sus amadas familias de la catástrofe, y de paso al resto del mundo. Son un ejemplo de heroicidad y sacrificio para todo el mundo. Para muestra, desde ataques alienígenas como Independence Day (Roland Emmerich, 1996), La guerra de los mundos (Steven Spielberg, 2005) o Mars Attacks (Tim Burton, 1996); a problemas con el cambio climático, como El día de mañana (Roland Emmerich, 2004); pasando por meteoritos, como en Armageddon (Michael Bay, 1998) o Deep Impact (Mimi Leder, 1998); o demás desastres naturales, como la más reciente San Andrés (Brad Peyton, 2015).

2. Francia – Los últimos días del mundo (Arnaud Larrieu, Jean-Marie Larrieu, 2009)

En Francia las cosas son de otro modo, y eso lo sabemos todos. Son personas más frías, más calculadoras, más conversadoras, presumidos, elegantes y un poquito egocéntricos y chovinistas. Pero por encima de todo, los franceses tienen una estrecha relación con el sexo. En el imaginario colectivo de todo el mundo está la liberación de los franceses en su adolescencia, desde décadas atrás, sin tener que rendir cuentas ante la moral, la fe o la tradición. Y, ¿qué podemos hacer si el mundo se acaba en Francia? Pues lo que imagináis. Los últimos días del mundo (Arnaud Larrieu, Jean-Marie Larrieu, 2009) nos cuenta un hipotético fin del mundo muy natural, sin grandes desastres, pero sobre todo nos muestra a su protagonista Robinson, interpretado por Mathieu Amalric, debatiéndose entre el amor de tres mujeres y dejándose llevar por el pecado de la carne en los últimos días previos al fin definitivo. Todo muy afrancesado, regado de vino y café. ¡Ohlalá!

3. España – El día de la Bestia (Álex de la Iglesia, 1995)

Y así llegamos hasta el fin en España. ¡Cómo somos los españoles! Somos el país de los anti-héroes, el país del Quijote, del Lazarillo, de Belén Esteban, el mundo no puede esperar que actuemos cual americanos ante el fin del mundo. Prueba de ello son Santiago Segura y Álex Angulo en El día de la Bestia (Álex de la Iglesia, 1995) o el magnífico cuarteto de Extraterrestre (Nacho Vigalondo, 2012), formado por Julián Villagrán, Michelle Jenner, Raúl Cimas y Carlos Areces. Nadie espera que salvemos el mundo, pero sí que nos echemos unas risas mientras éste se acaba. Nunca hemos sido muy de destruir el mundo los españoles, somos más de rememorar la Guerra Civil (que por otra parte es la única forma, ya que el gobierno no parece dispuesto a poner cada cosa en su lugar), pero cuando lo hacemos, ¡ojo a lo bien que lo hacemos! El día de la bestia ofrece al espectador un trepidante relato cómico lleno de humor al más puro estilo cañí.

4. Canadá – La última noche (Don McKellar, 1998)

Y si los franceses se comportan de una forma natural ante el fin, los canadienses (casi franceses, pero más del norte) aún lo afrontan mucho más relajados. El fin es el fin, y no hay más que hablar, debatir, intentar, ni luchar. En La última noche (Don McKellar, 1998), los ciudadanos canadienses se organizan el último día del mundo como una especie de nochevieja: despedidas con los seres queridos, decirle a papá y mamá aquello que nunca te atreviste, organizar una cena con los amigos, beber, declararte a la chica a la que siempre has amado, o al chico, eso ya depende de gustos, y quizás hasta tener algo de sexo. ¡Qué más se puede pedir para el fin del mundo! Esto sería idílico si no fuese porque, ante el fin, la gente no se organiza bien: desprovisión en los supermercados, atascos de tráfico, alguna que otra reacción imprevista, y algún que otro ataque de pánico o ansiedad, esto también a gustos.

5. Reino Unido – Zombies Party (Edgar Wright, 2004)

Los británicos siempre han tenido su particular visión de la vida, en general, y del humor en particular. Por ello, cuando Reino Unido se tiene que enfrentar al fin del mundo, sea del tipo que sea, lo hace desde el humor más negro. Ya lo hizo Stanley Kubrick con su maravillosa ¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú (Stanley Kubrick, 1964), provocando un hilarante fin del mundo a causa de los sinsentidos de la Guerra Fría. En los últimos años, si alguien se ha especializado en afrontar el fin ese es Edgar Wright, quien junto a sus actores fetiche, Simon Pegg y Rosamund Pike, ya se ha enfrentado a un apocalipsis zombie y robótico, en Zombies Party (Edgar Wright, 2004) y Bienvenidos al fin del mundo (Edgar Wright, 2013) respectivamente. Y qué puede haber más gracioso que destrozarle el cráneo al vecino o a tu suegra, con los que siempre te has llevado tan mal. ¡Nada! Hilarantes y desternillantes escenas las que nos deja el apocalipsis zombie británico. Digno de mención es también el ataque zombie en formato televisivo de Dead Set (Charlie Brooker, 2008), en el que los únicos supervivientes son los concursante del Gran Hermano inglés.

6. Japón – Godzilla, Japón bajo el terror del monstruo (Ishirô Honda, 1954)

El ejemplo menos occidental de la lista, y eso se nota. Si el resto del mundo optaba por desastres naturales, guerras, ataques nucleares o invasiones extraterrestres, en Japón tienen obsesión por ser atacados por monstruos mutantes y gigantes. Godzilla es el claro ejemplo, y el protagonista indiscutible del fin del mundo japonés en Godzilla, Japón bajo el terror del monstruo. Pero no es el único. Ya sabemos que en cuanto a la creación, los japoneses tienen mucha imaginación, y en Los monstruos del fin del mundo (Shigeo Tanaka, 1966) podemos disfrutar de una amplia gama de bicharracos gigantes dispuestos a acabar con Japón, los japoneses y con la humanidad en general.

7. Suecia – Melancolía (Lars von Trier, 2011)

Como no podía ser de otra forma, hasta el cine de catástrofes sueco tiene reminiscencias a Ingmar Bergman, el cineasta sueco por excelencia. Con una cuidada escenografía, digna de un expositor de Ikea, los personajes se adentran en una turbulenta espiral de emociones que les abocan al fin, pero no sólo su fin, sino el fin de todo lo que conocen. Bien lo sabe Kristen Dunst que lo sufre en Melancolía (Lars von Trier, 2011). Su historia comienza con lo que parece uno de los días más felices de su vida, pero poco a poco va virando hacia la depresión, la inestabilidad, la melancolía. Sí, quizás sea por la cercanía del planeta Melancolía, que colisionará con la Tierra en poco tiempo acabando con todo lo que conocemos. Su hermana, interpretada por Charlotte Gainsbourg, asiste nerviosa al poético baile de los dos planetas, mientras ve cómo las emociones hacen estragos en su marido, su hermana, su hijo y en ella misma. Finalmente, a las hermanas no les queda más remedio que aceptar su destino y el de toda la humanidad, en una de las secuencias más bonitas del cine de los últimos años.

 Alejandro Piera.

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