7 Cosas que el Cine nos ha dicho que nos podían pasar en verano, ¡pero no!

El cine, la televisión, la publicidad y el mundo del espectáculo en general, nos hace soñar con nuestro verano perfecto, idílico. Y nosotros, ingenuos, aún pensamos que nuestro verano va a ser tan bonito y va a estar tan lleno de aventuras como las que nos muestran en la gran pantalla.  A pesar de que os aseguramos que no será así, para quién tenga un mínimo de esperanza al respecto, aquí os dejamos siete cosas que no os van a pasar en verano por mucho que queráis.

1. Ligarte a Marilyn Monroe – La tentación vive arriba (Billy Wilder, 1955)

Dejando a un lado que, en este momento, es físicamente imposible; cuando lo fue tenías casi las mismas posibilidades de tener un affaire con la “tentación rubia”. La mujer de los sueños de hombres y mujeres de todo el planeta no estaba a tu alcance, y lo sabes. Sin embargo, Billy Wilder, con La tentación vive arriba, nos hizo creer que la Monroe podría estar interesada por un ser de clase media, ni guapo, ni alto, ni nada, como era Richard Sherman (Tom Ewell), el vecino que se quedaba de Rodríguez y aprovechaba para mantener una discreta, por culpa del Código Hays, aventura extra-matrimonial con Marilyn. Fue así, como el ser humano pensó que Marilyn Monroe estaba a su alcance. Pero se equivocaba. También Tony Curtis lo consiguió en el verano de Con faldas y a lo loco (Billy Wilder, 1959). Pero claro, él era más guapo.

2. Encontrar a tu hermana gemela – Tú a Boston y yo a California (David Swift, 1961)

Las hermanas gemelas interpretadas por Hayley Mills, del mismo modo que las posteriormente interpretadas por Lindsay Lohan en Tú a Londres y yo a California (Nancy Meyers, 1998), se conocían en un campamento de verano que hizo las delicias de la imaginación de cualquiera de los niños que ha visto la película. Bromas, aventuras, diversión, y además, te llevas una gemela a casa. Si nos paramos a analizar ese oscuro acuerdo paterno para quedarse cada uno con una hija, sin ver a la otra, y sin que ninguna de las dos supiese de la existencia ni de su hermana, ni de su progenitor, quizás ya no mola tanto. El mismo verano que descubres que tienes una hermana gemela, descubres que tienes unos padres un tanto sociópatas. Preferimos seguir pensando que es improbable que pase.

3. Parar una invasión alienígena – Independence Day (Roland Emmerich, 1996)

Si ya es bastante improbable que extraterrestres venidos de galaxias lejanas decidan aterrizar en la Tierra (si no buscasen vida inteligente, quizás aumentaría el grado de probabilidad), que lo hagan en verano, pues lo es mucho más. Porque, por mucho que Will Smith consiguiese vencerlos en Independence Day, con el calor que hace en la Península Ibérica, ni siquiera los marcianos del Marte más caluroso, se lanzarían a la conquista de nuestro planeta. Sigue siendo más apetecible colonizar planetas en invierno, dejando atrás el caloret del verano.

4. Descubrir un asesinato – La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954)

Quién no ha sufrido un verano con escayola como James Stewart en La ventana indiscreta. Sin piscina, sin playa, pasando calor, con los picores que la escayola provoca sobre tu piel y sudando la gota gorda cada vez que tienes que desplazarte con las muletas. Pero claro, Stewart tenía la suerte de recibir los cuidados de Grace Kelly antes de ser la Princesa Gracia Patricia de Mónaco. Ante el tedioso verano que se le presenta, Stewart decide cumplir sus fantasías de voyeur y espiar a sus vecinos de patio interior, pero ¿qué mató al gato? Sí amigos, sí: la curiosidad. Y eso mismo les sucede a Stewart y Kelly, que espiando, espiando, descubren que uno de sus vecinos ha mandado al otro barrio (y no de mudanza) a su mujer. Quizás por la motivación de romper con la monotonía del verano en la ciudad, la pareja se convierte en detectives, poniendo en peligro hasta su integridad física: recordemos que Stewart acaba la película con dos piernas escayoladas. Así que, aunque sea improbable, recordad que, en caso de descubrir un asesinato, siempre será mejor llamar a la policía.

5. Vivir un drama a lo Tennessee Williams – La noche de la iguana (John Huston, 1964)

Sí, no sabemos qué tipo de obsesión tenía Williams por el verano, pero varias de sus obras suceden durante veranos verdaderamente asfixiantes (algo nos suena), tanto climatológica como sentimentalmente hablando. Pero eso sí, si eres de los que les gusta más un buen drama que otra cosa (y no hablamos de la elección del género de la película que ver en el cine), te aseguramos que no tiene pinta de que vayas a vivir un dramance (no sé si estamos acuñando este nuevo término) al estilo Tennessee Williams. No tiene mucha pinta que consigas vivir un tórrido romance con Ava Gardner, Sue Lyon y Deborah Kerr al mismo tiempo, como en La noche de la iguana; ni que Marlon Brando grite tu nombre rasgándose la camiseta, como en Un tranvía llamado Deseo (Elia Kazan, 1951); ni que Montgomery Clift te salve del manicomio en el que permaneces, al mismo tiempo que se enamora de ti, como en De repente, el último verano (Joseph L. Mankiewicz, 1959). Definitivamente, no tiene pinta de que vaya a suceder.

6. Matar a alguien que te matará el próximo curso – Sé lo que hicisteis el último verano (Jim Gillespie, 1997)

Parece un poco complicado de entender, pero es así. Si ya es bastante improbable que tú y tus amigos atropelléis a alguien, lo matéis y, además, apostéis porque lo mejor que podéis hacer es esconder el cadáver y fingir que nada de esto ha ocurrido; más improbable aún es que el muerto vuelva del otro mundo para obtener su venganza, en forma de horribles muertes producidas por un gancho de abrir pescado en canal. Pues sí, esto es lo que les sucedía a las scream queens de los 90 Sarah Michelle Gellar y Jennifer Love Hewitt en Sé lo que hicisteis el último verano. Pero aún hay más: les volvió a pasar el siguiente curso, porque resulta que el cadáver seguía vivo. Este muerto está muy vivo en Aún sé lo que hicisteis el último verano (Dany Cannon, 1998), donde seguía persiguiendo a Jennifer esta vez por un resort en las Bahamas, viaje que los jóvenes ganaron por no saber que la capital de Brasil no es Río de Janeiro. Si es que, ¡cuánto daño ha hecho la ESO!

7. Ser rescatado por una sirena – 1, 2, 3… ¡Splash! (Ron Howard, 1984)

Ya es raro que siendo niño, durante las vacaciones, te lances de un barco al agua porque crees haber visto una sirena, y que sea ésta quién te rescate de morir ahogado en el mar. Pero más raro es, que vuelvas a caer al mar en el mismo punto veinte años después y que, la misma sirena, de mucho mejor ver en ese momento, te vuelva a rescatar. Y ya ni hablar de lo raro que es que la sirena, interpretada por la guapísima Darryl Hannah y su inconfundible permanente de sirena, se enamore perdidamente de ti (o de Tom Hanks en este caso) y decida ir en busca de tu amor a Nueva York, generándote todo tipo de problemas. Así es 1, 2, 3… ¡Splash!.

Alejandro Piera.

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