La nueva Nueva Orleans

Han pasado diez años desde que el Katrina arrasara el sureste de Estados Unidos. Las consecuencias más devastadoras se vivieron en Nueva Orleans, que quedó hundida bajo el agua tras ceder los débiles diques que debían proteger a la ciudad de un suceso de este tipo.

El katrina puso de manifiesto la incompetencia de un gobierno encabezado por el ex presidente Bush, que no dudó en darles la espalda aunque, eso sí, prometió incluirlos en sus rezos. Curioso método de rescate…

Un millón de personas abandonaron sus casas, más de 1.800 murieron. Los que pudieron, intentaron huir ante el aviso de evacuación; un aviso que no se tradujo en poner medios al alcance de la población para poder salir de allí. De los que se quedaron, algunos han podido contarlo. Otros no.

Los protagonistas de Trouble the water (Tia Lessin, Carl Deal. 2008) son de los primeros, y gracias a ellos podemos ver cómo esperaron la llegada del huracán que, sin saberlo todavía, marcaría un antes y un después en sus vidas. Estas imágenes son, indudablemente, un documento histórico.

Trouble the water estuvo nominado a los premios Óscar de 2008 y ganó el festival de Sundance de ese mismo año.

El documental se articula alrededor de dos discursos. Los directores Tia Lessin y Carl Deal, conocidos por ser los productores de Fahrenheit 9/11 (Michael Moore, 2004), son la mirada externa del después del Katrina, siguen a la pareja protagonista, Kimberly y Scott, cuando vuelven a su barrio después del desastre.

Por otra parte, y que es lo más valioso del documental, encontramos las grabaciones de la propia Kimberly, que cámara en mano, plasma en primera persona cómo vivieron ellos y sus vecinos, el acercamiento del huracán y las horas posteriores.

TroubletheWater-Still4Como ellos, muchos se quedaron, sin saber lo que se les avecinaba, y se hacinaron como pudieron en el tejado de la pareja, que abrió a sus vecinos las puertas de su casa. Cuando los diques cedieron y la ciudad comenzó a sumergirse bajo el agua, comprendieron la magnitud de lo que estaba sucediendo. Tres días pasaron ahí arriba, sin ninguna señal de que nadie fuera a rescatarles, pese a las llamadas de auxilio a los servicios de emergencia.

En cada frase de los protagonistas de este documental se respira verdad, dolor, sufrimiento, rabia y una tristeza propia de quien ha sido abandonado, pero nunca derrota.

No hay derrota a pesar de que la administración estatal y local se desentendiera, a pesar de que sus casas quedaran desaparecidas bajo el agua y destruídas, a pesar de que las ayudas económicas prometidas no parecían llegar nunca y a pesar de que acabaran de matar a una de las cunas culturales más importantes del mundo.

hurricane-katrina-2La joya de la película, sin duda, es Kimberly. Esta aspirante a cantante de rap, cuyo nombre artístico es Black kold Madina es una heroína vestida de paisana, una superviviente. Tiene fuerza al hablar, en sus gestos y en su mirada y ni el huracán fue capaz de hacer que se viniera abajo.

Se pelea con todos y cada uno de los funcionarios y lee la cartilla a quien sea, sin importarle si es policía, militar, fontanero o un amigo deprimido.

Viéndola a ella, no me cabe ninguna duda de que bien podría haber sido uno de los personajes de la serie Treme (David Simon, Eric Overmeyer. HBO, 2010- 2013) y este documental, su capítulo piloto.

La serie de David Simon (que merece un post para ella sola, y lo tendrá próximamente) viene al caso no sólo porque sea un homenaje a la ciudad y a la cultura de Nueva Orleans, sino porque arranca en la ficción tres meses después del huracán y, como Trouble the water, nos muestra la destrucción y, sobre todo, la reconstrucción de los cimientos de las casas y de las vidas de aquellos que se quedaron y de los que consiguieron volver tiempo después.

Diez años después de que la ciudad se hundiera definitivamente, en todos los sentidos, la nueva Nueva Orleans, así es como la llaman, es más blanca y más rica (o mejor dicho, son más ricos los ricos). Parece que para los habitantes de la nueva Nueva Orleans es momento de prosperar, dejar atrás las heridas, y de mirar hacia adelante.

La “vieja” Nueva Orleans sigue esperando, todavía, a la gente que no ha vuelto, sigue teniendo las tasas de criminalidad más altas del mundo y un índice de pobreza que la sitúa a la cabeza del país. Los barrios ocupados antes por afroamericanos son ahora el centro de reunión de la crème de la crème de la ciudad, que cuentan con dinero suficiente para reconstruir y comprar casas y abrir negocios a los que sus vecinos de la “vieja” Nueva Orleans no pueden permitirse entrar.

treme-imageAsí es que sí, diez años después, miran al pasado. Lo hacen porque la ineptitud y desvergüenza política, no un huracán, los ha arrastrado a un presente en el que lo que importa no es vivir, sino sobrevivir. Probablemente puedan dejar atrás el pasado si, alguna vez, se les da la posibilidad de un futuro.

María Jara

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