7 amores veraniegos que ya estamos echando de menos

El verano llegó a su fin. No hay nada que hacer. El otoño is comming. Asumamos que pronto nuestra vida se llenará de gabardinas, bufandas y paraguas. Y el verano se convertirá en poco más que un bonito recuerdo. Summertime sadness. La playa, las olas del mar, la montaña, los viajes, los amigos, la diversión (regada de algún que otro mojito) y, sobre todo, el amor. Los amoríos veraniegos son más breves y más intensos, porque, al fin y al cabo, tienen poco tiempo para nacer, desarrollarse y morir. Aquí, algunos ejemplos de los tipos de amores veraniegos que estos meses recordaremos con nostalgia.

 1. Amor turístico – Locuras de verano (David Lean, 1955)

Conocer íntimamente otras culturas siempre ha sido un aliciente importante a la hora de viajar al extranjero. Ya sean francesas liberales en la costa de Saint-Tropez o surferos de melena estropajosa en California. Suecas rubias de cuerpos esculturales o latinos que se mueven al ritmo de música caribeña. Todos ellos forman parte de las fantasías de gran parte de nosotros. Pero, si alguien lo hace por encima del resto, esos son los italianos: ¿quién no quiere ser cortejado o cortejada por un italiano o una italiana morenos, guapos y vestidos de Gucci? Y si no, que se lo digan a Katharine Hepburn en Locuras de verano, que hacía eso de viajar sola hasta Venecia y se lo pasaba en grande con su galán veneciano.

2. Amor múltiple – Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen, 2008)

El verano es época de experimentación, de diversión. En verano, siempre estamos más abiertos a todo, dejando atrás el encorsetamiento del invierno. Y en el amor, aún más. Nos olvidamos un poco de los condicionamientos morales, dejándonos llevar por nuestras fantasías y pasiones. Y qué mejor fecha que ésta para experimentar con el amor a tres bandas. Pregúntenle si no a Scarlett Johansson que, por si no tenía bastante con mantener un affaire con Javier Bardem (quién ya había mantenido un affaire con su compañera de viaje, Rebecca Hall) en Vicky Cristina Barcelona, suman a la pareja a la ex de él, la temperamental y tremendamente seductora Penélope Cruz. Lo que darían algunos y algunas por estar en ese triángulo.

3. Amor infiel – De aquí a la eternidad (Fred Zinnemann, 1953)

Sí, seamos realistas. En verano es cuando más parejas se rompen. Se achaca mucho al hecho de que es una época en la que la pareja tiene que pasar lo que para algunos es demasiado tiempo juntos. Pero hay algo más, en verano la gente es más infiel, estamos más predispuestos a echar una canita al aire, porque sabemos que no es más que un furor pasajero, una obsesión veraniega, un instante por el que estás dispuesto a sacrificar lo que sea. Esa es la intensidad veraniega que nos gusta. Esto ya lo sufría en las costas hawaianas Deborah Kerr en sus carnes (y en las de Burt Lancaster), dejándose arrastrar por una pasión sin freno a orillas del mar y a espaldas de su marido.

4. Amor maduro – El graduado (Mike Nichols, 1967)

Otra fantasía muy recurrente entre la población mundial son las relaciones con mujeres y hombres maduros de buen ver. Conocidos como MILF, FILF, DILF, MQMF o PQMF, son una aventura perfecta para tener en verano. Personas experimentadas, con un bagaje sentimental, que tienen mucho que enseñarnos y nosotros mucho que aprender. Ya lo sabía Dustin Hoffman, quien en El graduado, no opuso mucha resistencia a la seducción de la famosa y maravillosa Sra. Robinson, o lo que es lo mismo, Anne Bancroft. Además, Hoffman hacía doblete manteniendo una relación con la hija de los Robinson, Katherine Ross. Pero, eso ya es otro tema.

5. Amor idealizable – Antes del amanecer (Richard Linklater, 1995)

Todos queremos idealizar nuestras relaciones, nuestras vivencias, nuestros recuerdos. Siempre hemos querido vivir en una película, tanto en los buenos momentos como en los malos (o acaso no habéis conocido personas que parecen vivir en un melodrama de Douglas Sirk). Y para vivir en una constante película necesitamos un amor que idealizar. Algunos escogen el primer amor, otros a su media naranja, y otros a un amor fugaz, que permanece marcado en el cerebro con el paso de los años. Y no hay mejores fechas para vivir ese amor fugaz que el verano. En un tren recorriendo Europa se encuentran Ethan Hawke y Julie Delpy en Antes del amanecer. Lo suyo es un flechazo inmediato y un romance de un día de duración. Nueve años tardan en volver a verse, esta vez en Antes del atardecer (Richard Linklater, 2004), sin haberse podido olvidar el uno del otro, vuelven a revivir, de nuevo en tan sólo un día, ese amor que les une tan profundamente. Sus caminos se vuelven a separar durante otros nueve años, hasta Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013). Casi 20 años más tarde y la llama sigue viva.

6. Amor inconveniente – Atrapa a un ladrón (Alfred Hitchcock, 1955)

La gente que no nos conviene es demasiado atractiva como para no hacer caso, y en verano mucho más. En la temporada estival también queremos sufrir un poco, buscar personas que no nos convengan, dejándote llevar por las pasiones. Desde delincuentes de poca monta a politoxicómanos de manual. Cualquiera puede servir. Lo que está claro es que mi madre, tu madre y hasta la madre de Grace Kelly en Atrapa a un ladrón (la divertidísima Jessie Royce Landis) estarían de acuerdo en que esas personas no nos convienen. Pero a Grace le dio igual, y se dejó seducir por el ladrón más galante que ha dado la historia del cine: Cary Grant. Y, para disgusto de su madre, ella encantada.

7. Amor bailongo – Dirty Dancing (Emile Ardolino, 1987)

Ya lo decían Sonia & Selena, grandes pensadoras de finales del siglo XX:

“Cuando llega el calor, los chicos se enamoran,

es la brisa y el sol, acércate, ven, mi deseo te confesaré.

Yo quiero bailar, toda la noche”

Porque en verano, queremos enamorarnos, pero también queremos bailar, y mucho. Desde desmelenarnos en la tarima de una discoteca a bailar, tan agarrados como para que Sergio Dalma esté de acuerdo en que es bailar, en una verbena de pueblo. Así surgen los flechazos, al ritmo de la música. De ello, puede dar buena cuenta Jennifer Grey que, en Dirty Dancing, experimenta el desmelene veraniego a través del baile, con rozamientos musicales con Patrick Swayze incluidos.

 Alejandro Piera.

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