7 bofetadas otoñales que llegan sin avisar

Cuando vemos el final del verano asomar, nos repetimos una y otra vez (como forma de convencernos) que menos mal, que ya estábamos hartos, que si el calor es insoportable, que si qué bien echarse una sabanita por encima para dormir… muy bien. ¿Pero qué pasa cuando el otoño llega? Pues que lo hace sin avisar, como un golpe que no vemos venir y, de repente, estamos deseando que acabe. El otoño se cuela en nuestras vidas impregnándolo todo, allanando un camino que nos lleva directamente al invierno, y pronto nos veremos deseando que llegue ese verano del que hablábamos pestes. A continuación, os traemos una selección de fenómenos provocados por el cambio de estación.

1. Anuncios preventivos.

Los coloridos anuncios de refrescos, cerveza, tinto de verano y demás bebidas burbujeantes, cuyos protagonistas disfrutan de unas vacaciones idílicas, donde solamente hay lugar para la diversión, el optimismo y la sonrisa; dejan paso a los de complejos vitamínicos, hidratantes labiales, medicamentos para la gripe. Tampoco dejan pasar mucho tiempo antes de dejar asomar los primeros turrones.

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2. La música recomendada

Las listas de reproducción de las aplicaciones de música pasan de tener nombres como “lista feliz” “baila todo el día” o “canciones para días soleados” a “acústicos para el otoño”, “melancolía” o “días oscuros”. Eso es. Si estás jodido porque se ha acabado el verano, lo mejor es encerrarte en tu casa (después de haberte hecho con todos los productos de los anuncios anteriores) y darle al play de estas animadísimas listas para regodearte en el dolor.

Música

3. ¿Refrescará?

Nos resistimos a abandonar la moda veraniega, pero el clima nos obliga a cargar con una chaquetilla y a hacer pequeñas modificaciones en el vestuario. Lo que parecía un caluroso día puede dejar de serlo en cuestión de minutos ¡No nos doblegaremos ante la bajada de temperaturas! Es en este momento cuando entramos en un vacío legal estacional, en el que no sabemos si tendremos calor o frío, así que comienzan a divisarse extraños fenómenos en la moda: pantalón largo, tirantes y sandalias; pantalón corto, con jersey y botas o, mi favorito, chaqueta, pantalón largo y sandalias.

moda rara

4. La moda de entretiempo.

De la incertidumbre nacen las prendas llamadas, inocentemente, de entretiempo, conocidas por todo el mundo por ser totalmente inútiles. Abrigos que no abrigan, la sandalia-bota, o jersey de tirantes pero con cuello alto, están en lo más alto del catálogo. Dejad de comprar esta ropa, el entretiempo no existe; frío y calor son las únicas variables posibles.

moda entretiempo

5. Otoño en Nueva York.

Tras los amoríos y locuras que propicia el verano, o eso al menos nos hacen creer, el otoño es la estación del año que parece más adecuada para sufrir por amor, o sufrir en general; o bien, para ver cómo sufren otros gracias a la programación televisiva. Las cadenas se pelean por ver quién triunfa en la sesión lacrimógena de la sobremesa. Apuestan fuerte por Otoño en Nueva York (Joan Chen, 2000) o El diario de Noa (Nick Cassavetes, 2004) antes de que llegue Love Actually (Richard Curtis, 2003) y Qué Bello es vivir (Frank Capra, 1946) para anunciar la Navidad.

Cine

6. Qué bonito paisaje.

Precioso. La ciudad se tiñe de tonos marrones y los árboles comienzan a dejar sus hojas caer. Esas mismas hojas te golpearán la cara cuando llegue un vendaval y cuando comience a llover sin previo aviso, porque, como siempre, has decidido no coger paraguas pensando que el día había salido bastante despejado. Error. En cuestión de segundos, esto es, lo que tardas en bajar a la calle, un cielo negro te espera para regarte, y un huracán te golpeará. Las hojas se enredarán en tu pelo, y ese bonito paisaje será ahora un improvisado tocado.

Paisaje

7. Estado de ánimo

Evidentemente, esto repercute al estado de ánimo. Con todas estas variables, empezamos a desequilibrarnos. Lo raro sería que no. Nuestro humor va y viene como la lluvia y el viento, y también pilla desprevenidos a los que nos rodean. A las siete de la tarde es de noche y sólo queremos que llegue el día siguiente para que entre la luz por la ventana (porque tampoco están las facturas para ir encendiendo lámparas a lo loco). Parecen las condiciones idóneas para darnos a la bebida, si bien es cierto que siempre, en cualquier estación, tenemos una excusa para hacerlo.

Estado de ánimo

María Jara

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