Pobre, paralítico y muerto

Si ayer comprobábamos lo poco que hemos cambiado y que el panorama político, supuestamente disparatado, de Villar del Río en Bienvenido Mr. Marshall (Luis García Berlanga, 1953) ni es tan disparatado ni nos es ajeno (más de sesenta años después…) hoy lo hacemos con otra de las figuras que ha sabido retratar como nadie la esencia de este país; no sólo de una época, sino de todos los tiempos.

“Escribo guiones porque me resulta más fácil que escribir novelas”

-Rafael Azcona-

Todo lo que se pueda decir de Rafael Azcona es poco. Un escritor que empezó en el cine por casualidad, y hoy, su nombre aparece junto al de directores de todas las generaciones: Berlanga, Carlos Saura, Fernando Trueba, José Luis Cuerda, Gerardo Vera, Bigas Luna… De esas colaboraciones han salido algunos de los mejores, y más premiados, títulos de nuestro cine y además es el guionista con más premios y nominaciones del país.

Si hablar de la pareja Azcona-Berlanga, es hablar de dos mitades que forman a la perfección un todo, y es imposible pensar en uno sin remitirse al otro, antes de iniciarse este tándem, Rafael Azcona ya había llevado a la pantalla, con el italiano Marco Ferreri, dos títulos indispensables de la historia del cine español: El pisito (Marco Ferreri, 1959) y El cochecito (Marco Ferreri, 1960). Estas dos películas deberían haberse completado con Los muertos no se tocan, nene; pero la censura no permitió cerrar la trilogía Azcona-Ferreri sobre la España de los años 50.

Fue ya en 2011, año en el que ninguno de los dos podría ya verla, cuando, de la mano de José Luis García Sánchez y David Trueba, se llevó al cine la adaptación de ese tercer relato.

Si bien esta trilogía podría encajar perfectamente en el título Pobre, paralítico y muerto; colección de tres relatos de Azcona, en los que sí se encuentra la base de El cochecito (Marco Ferreri, 1960), las otras dos películas están adaptadas de dos novelas homónimas e independientes, que junto con El cochecito, se reeditaron por Alfaguara en 1999 bajo el nombre de Estrafalario.

Precisamente el término estrafalario remite directamente a la raíz de estos tres relatos y de sus personajes, que son a la vez grotescos, patéticos y trágicos; y es en este terreno donde Azcona marca sus señas de identidad, en esa mezcla entre el costumbrismo y el esperpento, moviéndose hacia nuevas formas de realismo.

“¿Tu quieres que me case con la vieja y esperamos a que se muera?”

– El pisito. Novela de amor e inquilinato-

El pisito

Si en El pisito (Marco Ferreri, 1959) una pareja de novios (José Luis López Vázquez y Mary Carrillo) se encuentran con dificultades económicas para poder acceder a un piso y casarse, en El Cochecito (Marco Ferreri, 1960), es el abuelo de la familia (Pepe Isbert) quien se ve marginado por no disponer de una silla de ruedas motorizada que le permitiría unirse al círculo de amigos impedidos del que se siente apartado, y está dispuesto a hacer lo que sea por conseguirlo, no importa si esto significa envenenar a toda su familia (aunque la censura hiciera cambiar el final de la película).

“Influido quizá por los primeros truenos de una tormenta que amenazaba acabar con el verano, el aspirante a paralítico se tendió en el rellano del entresuelo, se santiguó encomendándose a la Divina Providencia y pidió socorro a gritos”

– El cochecito-

El piso y el coche, junto con encontrar un buen puesto de trabajo (lo que solía ser sinónimo de conseguir ser funcionario) eran los símbolos prosperidad por excelencia de la clase media, y Azcona no duda en situar a sus personajes entre la espada y la pared, en lo más mísero de la condición humana, para conseguirlo.

“A usted lo que le conviene es enamorarse de una buena mendiga, formar un hogar en la indigencia y tener una prole que el día de mañana pida limosna por usted”

-Los muertos no se tocan, nene-

Los muertos no se tocan, nene (José Luis García Sánchez, 2011) sucede, a diferencia de las otras dos historias, en un lapso de tiempo corto. Un par de días son suficientes para reunir alrededor de un difunto a seres que distan mucho de practicar la moralidad que predican, para ver lo arraigado que está en la sociedad española el mantener las apariencias, y lo falso de los honores a un difunto.

Aunque ésta última no alcanza el nivel de sus predecesoras, el intento por trasladar la puesta en escena, la interpretación, los espacios agobiantes, el bullicio, las frases interrumpidas y el ir y venir de los personajes, en medio del caos, sí están presentes, y nos recuerdan a un cine que ya se fue y que es imposible imitar.

Los muertos

Todavía quedan muchas obras de Azcona sin adaptar y, sin duda, tendrían cabida en el panorama actual, porque esas historias, no sólo no están desactualizadas, sino que esas personas que vagan por ellas, son parte de nuestra herencia y de nuestro presente.

Los personajes azconianos son llevados a límites que rozan lo inverosímil para debatir la hipocresía social del sentido de la moral y lo políticamente correcto, la definición de felicidad y prosperidad, para ponernos en el lugar de los protagonistas, un lugar que no es privilegiado ni en el que nos sentimos superiores, puesto que ellos y su sociedad se parecen más a la nuestra de lo que estamos dispuestos a admitir.

María Jara

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3 comentarios en “Pobre, paralítico y muerto

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