007: Reflexiones sobre la Era Craig

Recién estrenada la vigesimocuarta película de la Saga Bond, Spectre (Sam Mendes, 2015), aún estamos pensando que seguimos teniendo cosas que decir sobre su predecesora, la maravillosa Skyfall (Sam Mendes, 2012). La intención de Mendes con Spectre es cerrar un ciclo, el formado por las cuatro películas interpretadas por Daniel Craig y, especialmente, el que implica las dos películas dirigidas por el propio Mendes. No creo que le haya funcionado 100%, ya que la calidad de Spectre, aunque buena, está lejos de la que consiguió este tándem con Skyfall, pero aún así, el cierre es más que argumental, probablemente se trate ya de un cambio de etapa, de personajes y de gente relacionada con el proyecto.

Bond

Para ponernos un poco en situación, el personaje de James Bond fue creado por Ian Fleming en su novela Casino Royale, publicada en 1952. 007 es un agente encubierto con licencia para matar, pero eso ya lo sabemos todos. Los derechos de la novela fueron comprados por EON Producciones y comenzó la retaila de películas sobre el agente británico más famoso del mundo. Sean Connery, fue el primero en ponerse en la piel de Bond. El suyo fue un Bond duro e impasible, a la par que irresistible, que nos dejó para la posteridad poco más que la mítica escena de la bellísima Ursula Andress saliendo del mar en bikini en 007 contra el Dr. No (Terence Young, 1962), que sería homenajeada posteriormente por Halle Berry y hasta por el propio Daniel Craig. Con una pausa de una película protagonizada por el nada recordado George Lazenby, Roger Moore coge el testigo de Connery. El Bond de Moore es más vacuo, gracioso y viejo. Comienza así a descuidarse las tramas, los argumentos, los personajes de la Saga, convirtiéndose en mero entretenimiento para masas. Tras Moore, Timothy Dalton, que encarna al cruel, agresivo, frío y violento Bond y que abdicó en la figura de Pierce Brosnan, que volvía un poco al encanto de Moore. Los 90 no fueron, en Hollywood, la época de más cuidado cinematográfico y, a pesar del pijerío de Brosnan, tuvimos que ver despropósitos como Muere otro día (Lee Tamahori, 2002), con Madonna y todo.

Tras toda esta historia de películas vacías, personajes bastante muermos y facilones. Una historia repleta de mujeres como mero acompañamiento, como buenas damiselas en peligro que acaban siendo rescatadas por 007, o como vampiresas malvadas que se hacen servir de sus encantos sexuales para perjudicar a Bond. Mujeres que no tenían nada que decir. Personajes secundarios, en general, arrodillados al servicio del lucimiento de Bond, sin nada que aportar. Toda una serie de historias rocambolescas, más centradas en los fuegos artificiales que en crear una estructura sólida que aguante la historia. ¿Acaso alguien no recuerda Moonraker (Lewis Gilbert, 1979)? Tras todas esas cosas, llegó Craig a la Saga Bond y las cosas comenzaron a cambiar.

Daniel Craig - New James Bond movie Casino Royale

Casino Royale (Martin Campbell, 2006) es la carta de presentación de Daniel Craig como el nuevo James Bond y, aunque tampoco era la mejor película de la historia, vista con distancia, comenzó a cambiar a 007. Por primera vez, el espectador estaba frente a un Bond tosco, con malos modales, agresivo, oscuro y que, en ocasiones, hasta se muestra malvado. Con Craig en el papel, se comenzó a redefinir el personaje, atravesando sendas bastante interesantes. La Saga comenzó a recorrer un camino ascendente que alcanzó su cúlmen con Skyfall, la tercera película de la Era Craig, tras la más flojilla Quantum of Solace (Marc Foster, 2008), convirtiéndola en la gran obra maestra de la Saga Bond.

Sam Mendes y Daniel Craig no son más que la punta de un iceberg en la dignificación del agente 007. Hay que reconocerle gran mérito a los guionistas, John Logan, Neal Purvis y Robert Wade, que han reinterpretado al paciente y le han dotado de pasado y futuro, algo fundamental para cualquier personaje; a los directores de fotografía Roger Deakins y Hoyte van Hoyteman, pesos pesados de Hollywood, que junto al director artístico Dennis Gassner, han trabajado para combinar a la perfección la estética del cine norteamericano más interesante con la del cine de acción más puramente clásico; al compositor Thomas Newman, habitual colaborador de Mendes, que ha trabajado en la redefinición de la banda sonora de la Saga, renovándola pero evocando al pasado, contando con la ayuda de artistas como Sam Smith o Adele, autora de uno de los mejores temas de la Saga, sin duda; y también tienen mérito actores de la talla de Judi Dench, Javier Bardem, o Ralph Fiennes, que han arriesgado, aportando algo más a una saga que podría parecer muy poco interesante para actores que juegan en una liga superior.

Porque la película más taquillera de la saga Bond reformula gran parte de la herencia de Bond, para generar contenido de mucha mayor calidad. Así, disfrutamos del Bond más humano, más atormentado, el que más siente y el que más padece, para el que los años al servicio del MI6 pasan factura; un Bond con pasado. Pero no sólo en cuanto al personaje, las películas funcionan como un camino conjunto que nos lleva hasta Spectre, y las tramas adquieren mayor complejidad conforme avanzan las películas. Además, los personajes que acompañan en Skyfall a Bond avanzan hasta el primer plano, para descubrirnos una gran cantidad de matices que nunca nadie se había preocupado en mostrarnos. Es de especial importancia el caso de M, la gran Judi Dench, que se convierte en la primera chica Bond que tiene interés. Y sí, digo chica, a pesar de que por la Saga no es considerada como tal, sólo por el hecho de ser mayor y no estar sexualmente relacionada con Bond, pero quizás sea el personaje femenino con el que Bond tiene una relación sentimental más compleja. Además, Dench avanza en la forma que la Saga ha tenido de tratar a las mujeres, ya que se muestra como una persona autónoma, decidida, luchadora, con conflictos y con matices, y todo ello, a pesar de su edad.

Bond y M

Bond ha cambiado más en estos últimos diez años de lo que lo había hecho en cincuenta. Mendes baja los conflictos a la tierra, ensucia a su personaje (literal y metafóricamente), humaniza a sus rivales, recoge las preocupaciones y temores de la sociedad (olvidando la URSS, por fin), enriquece a la comparsa y nutre las tramas de interesante contenido. Pero aún así, a la Saga que descarto a Antony Hamilton por ser abiertamente homosexual y a Catherine Zeta-Jones por ser una mujer, aún le queda un largo camino por recorrer. Craig y Mendes han dado el primer relevo, falta ver quién lo recoge. El listón está muy alto y cualquier paso en falso puede significar la muerte de Bond. No habrá muchos que se atrevan a dar el paso. Quién lo recoja, aún deberá acercar mucho más a 007 a la realidad de la sociedad: una sociedad plural, interconectada, en la que perteneces al sitio que quieres pertenecer, y amas a la persona que quieres amar; una sociedad con unos miedos que no se personifican en un individuo megalómano; una sociedad con ganas de cambio, con ganas de dejar atrás el pasado. Quizás estemos a punto de asistir a los primeros Bonds con inquietudes diferentes, con patriotismos diferentes, con físicos diferentes, con orientaciones sexuales diferentes, con razas diferentes, con religiones diferentes, con géneros diferentes; con formas de vivir su masculinidad diferentes. Podría ser interesante pensar en cómo serían esos 007 y cómo harían evolucionar una saga que estaba bastante quemada hasta la llegada de Daniel Craig.

Alejandro Piera.

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4 comentarios en “007: Reflexiones sobre la Era Craig

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