Las manchas de sangre y otros problemas de convivir con vampiros

La lista de títulos sobre vampiros en cine y televisión es muy larga. Desde que el primer vampiro llegó al cine, Nosferatu (F.W. Murnau, 1922), el imaginario colectivo sobre estas sangrientas criaturas se ha ido alimentando a través de sus representaciones en la pantalla.

Hay muchas maneras de contar una historia y muchos géneros para abordarla, también si están protagonizadas por vampiros. Después de mucho tiempo de ser personajes vinculados al terror, pasaron a formar parte de la comedia y el musical. A finales de los años 60, Roman Polansky se atrevió con El baile de los vampiros (Roman Polansky, 1967) y a partir de ahí la temática vampírica se fue abriendo paso hacia otras formas de abordarla que nos regalaron las situaciones más variopintas, en las que un chupasangre podía verse desahuciado y verse fuera de su castillo, Amor al primer mordisco (Stan Dragoti, 1979); convertirse en el primer vampiro homosexual, The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975), o ser una mujer la que encarnara la autoridad vampírica, Mordiscos peligrosos (Howard Storm, 1985).

Así, hasta día de hoy, que hemos visto a los vampiros, incluso, ir al instituto como cualquier hijo adolescente de vecino, aunque luego, en la intimidad, brillen en la oscuridad (Crepúsculo. Catherine Hardwicke, 2008) o convivir abiertamente con el resto de mortales y acceder a beber sangre sintética, no sin verse salpicados por los problemas políticos y sociales que conllevan pertenecer a una minoría (True Blood. Allan Ball, 2008-2014).

Lo que hacemos en las sombras (Taika Waititi, Jemaine Clement, 2014) llega triunfante de su paso por los festivales de 2014, en los que se hizo con el premio del público en casi todos ellos, incluidos Sitges, la Berlinale y La Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián. Un soplo de aire fresco que renueva la comedia vampírica de la que creíamos, erróneamente, que ya lo habíamos visto todo.

Estamos Wellington, Nueva Zelanda, en las vísperas del llamado Carnaval Profano. Vampiros, zombis, y criaturas demoniacas varias, se citan anualmente en este evento al que acude lo mejor de cada casa.

Ésta es la excusa con la que un equipo de grabación entra, no sin ser advertidos de que deben protegerse al menos con un crucifijo, a la casa de un anfitrión que parece, de entrada, un tipo de lo más amable. Un poco estrambótico, sí, pero amable.

Seguimos a Viago (Taika Waititi), en su tarea de despertar uno a uno a sus compañeros de piso, Deacon (Jonny Brug), Vladislav (Jemaine Clement) y Petyr (Ben Fransham), para convocarlos a una reunión de piso urgente. Si ya el despertar a alguien puede convertirse en una actividad de riesgo, la cosa se complica algo más cuando tus compañeros de piso son vampiros, y alguno de ellos es milenario, como Petyr, y no tiene demasiado buen humor.

Todos

Así arranca la película, que nos presenta a varios vampiros de diferentes generaciones, que tienen que lidiar con el día a día de la convivencia y los inconvenientes del mundo moderno.

Lo que hacemos en las sombras convierte muchos de los tópicos sobre los vampiros como el no tener reflejo, no poder utilizar plata, preferir la sangre de una persona virgen, su enemistad con los hombres lobo o la necesidad de tener un vasallo que les sirva continuamente, en situaciones que, trasladadas a lo contemporáneo y sumándole tareas cotidianas que ni siquiera un vampiro puede pasar por alto, dan mucho juego para producir gags y escenas muy divertidas que rozan el absurdo.

La llegada accidental de Nick (Cori Gonzales-Macuer), el nuevo vampiro, a este dispar grupo, supondrá para ellos una actualización de sus costumbres, pero también les pondrá en más de un aprieto al poner en peligro su anonimato. El nuevo, cuyo conocimiento sobre su nuevo grupo se limita a la saga Crepúsculo y cree que pregonar a los cuatro vientos que es un vampiro le va a hacer irresistible, trae consigo conflictos con sus otros compañeros. En su afán por hacer amigos, hombres lobo y cazavampiros entre otros, pondrá en varios aprietos a unos vampiros que, por mucho que quieran modernizarse, tienen unas costumbres y creencias bastante arraigadas.

Todo este embrollo de tradiciones vampíricas y choques generacionales está disfrazado, muy acertadamente, bajo el falso documental. Utiliza los códigos del cine documental, como apelaciones a cámara, entrevistas individuales, seguimientos cámara en mano de los sujetos y la improvisación (o simulación de ella) para acercarnos a una falsa cotidianidad de un grupo que está fuera de todo contexto.

Sangre

Si en la comedia televisiva, como la más reciente Parks and Recreation (Greg Daniels y Michael Schur, 2009), o The Office (Greg Daniels y Ricky Gervais, 2005-2013), y en la cinematográfica, como el caso de Zelig (Woody Allen, 1983), se utiliza este género para intentar dar una mayor sensación de realidad, en Lo que hacemos en las sombras, partimos de algo que no podía ser menos creíble y, por ello, el género que utiliza ayuda a dar otra vuelta a esa comicidad dentro de lo surrealista que es que sus mayores problemas son como el de cualquier otro mortal que comparte piso. El no respetar los turnos de limpieza, la sangre seca de la víctima durante días en el suelo o que siempre le toque fregar los platos al mismo, es también un problema para ellos.

platos

Dos de los protagonistas del film, Taika Waititi (también conocido como director bajo el nombre de Taika Cohen) y Jemaine Clement, son además los guionistas y directores de la película, y ya venían de colaborar en cine (Eagle vs Shark, 2007) y en televisión, donde Waititi dirigió algunos episodios de la serie Flight of the Conchords, que Clement creó y protagonizó para la HBO con Bret McKenzie, su compañero del dúo cómico musical que dio nombre a la serie.

Viendo su trayectoria, no es de extrañar que la unión haya funcionado de nuevo a la perfección en esta estrafalaria comedia, en la que también hay una cuidada técnica y puesta en escena, y para la que parece que ya hay una secuela en marcha ¿Veremos a vampiros y hombres lobo repartirse las tareas domésticas?

María Jara

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3 comentarios en “Las manchas de sangre y otros problemas de convivir con vampiros

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