Olive Kitteridge. El discreto encanto de la depresión.

El éxito más reciente de títulos como True Detective (Nic Pizzolatto, 2015. HBO) o Fargo (Noah Hawley, 2015. Fx) y antes que ellas, la británica Black Mirror (Charlie Brooker, 2011. Channel 4) evidencian el auge de las miniseries. Este formato, menos explorado (y explotado), se nutre de las ventajas del cine y la televisión, reuniendo todas sus posibilidades narrativas y técnicas y, además, añade la ventaja del tiempo al poder desarrollarse con más duración que una película, lo que permite ahondar más en personajes y detalles, pero sin necesidad de extenderse como una serie, y lo hace perfecto para según qué tipo de historias.

Aunque la televisión inglesa es muy productiva en este campo y ha alcanzado un nivel altísimo, sólo hay que echar un vistazo a títulos como Sherlock (Steven Moffat y Mark Gatiss, 2010. BBC); Utopía (Dennis Kelly, 2013. Channel 4); Parade’ s End (Susanna White, 2012. BBC) o The honourable Woman (Hugo Blick, 2014. BBC), la HBO no lo pone nada fácil (tampoco) en este formato.

El ejemplo más cercano es la miniserie Olive Kitteridge (Lisa Cholodenko, 2014. HBO) que pasa directamente a aumentar la lista de éxitos de la cadena. Un dramón en toda regla con un altísimo nivel en todos los aspectos y una evidencia de que el cine hecho y protagonizado por mujeres no incumbe sólo al público femenino. Producida y protagonizada por una espectacular Frances McDormand, se llevó todos los premios de su categoría en los Emmy de este año, los premios del Sindicato de actores y tuvo varias nominaciones en los Globos de Oro, incluyendo la de mejor actriz.

Olive 1

El proyecto de esta miniserie, basada en la novela homónima de la escritora Elisabeth Strout, con la que ganó el Pulitzer en 2009, se puso en marcha después de que McDormand leyera la novela y se diera cuenta de que esa historia no podía quedarse solamente en aquellas páginas.

Llamó a la guionista Jane Anderson y a la directora Lisa Cholodenko y se pusieron manos a la obra. No fue muy difícil convencer a la HBO para que compraran la producción, ni siquiera que accedieran a darles el tiempo suficiente para poder grabar, por requisitos del texto, en diferentes estaciones del año.

La miniserie, que estaba escrita para hacerse en seis capítulos, quedó finalmente en cuatro, por lo que no es de extrañar que McDormand ya esté planeando una segunda parte e intentando convencer a la HBO para que se embarque de nuevo en la producción de la secuela, porque, sin duda, Olive Kitteridge podría tener un nuevo comienzo en su final.

La historia ocurre en un pequeño pueblo del estado de Maine, en Estados Unidos. Olive es una profesora de matemáticas a punto de retirarse y Henry, su marido, un farmacéutico del pueblo, querido y adorado por todo aquel que le conoce.

La novela original está compuesta por trece relatos, cada uno perteneciente a alguien del pueblo, que tienen a Olive Kitteridge como protagonista directa o secundaria y en los que ella es el hilo conductor. Así pues, su traslado a la pantalla es un perfecto mosaico de gente, de historias cruzadas, que pasan por la vida de Olive. Un mosaico costumbrista de situaciones, diálogos y personajes aquejados de toda clase de enfermedades mentales, entre los que la protagonista, tosca, directa, hiriente, irónica y depresiva, parece ser, la mayoría de veces, la más lúcida y para la única que la depresión que padece no es un tabú.

Familia

Olive es un personaje complejísimo que no está al alcance interpretativo de cualquier actriz. Frances McDormand consigue, con una economía de gestos, trasladar a la pantalla a esta mujer que mira al resto del mundo con el desprecio absoluto que le provoca la vulgaridad, ridiculez, falsa amabilidad e intrascendencia de la vida en general, y de su familia y vecinos en particular, pero que lleva debajo de todo eso una extrema sensibilidad y un intenso dolor que le pesan como si llevara un profundo luto.

Olive 2

La compañía también es inmejorable. El entrañable Henry Kitteridge está fantásticamente interpretado por Richard Jenkins, al que le va como anillo al dedo este papel de padre de familia buenazo y paciente. Completan el reparto John Gallagher, como su hijo, y Bill Murray, en un papel corto pero imprescindible, además de otros nombres como Zoe Kazan, Rosemarie DeWitt o Jesse Plemons.

Denise

La narración empieza por el final, con Olive caminando sola por un bosque y observando unos árboles a los que el otoño ha dejado sin hojas. Un plano detalle nos lleva a sus manos, que introducen una bala en una pistola. Con la escena sin concluir, nos vamos veinticinco años atrás, que es el periodo de tiempo que abarcan los cuatro episodios, pero que no siguen cronológicamente la historia. Los saltos temporales son constantes en cada capítulo, y aunque no siempre van acompañados de rótulos que lo indiquen, no supone ningún problema para seguir la línea de tiempo, porque además, en cada momento, los personajes están muy marcados tanto físicamente como en su estado psíquico.

Los títulos de crédito, construidos con detalles, nos dan muchas pistas sobre el tono, la importancia del paso (y el peso) de los años en la narración y de los elementos que serán claves durante toda la trama.

Aunque la mezcla de las personalidades de Henry y Olive parezca absolutamente incompatible, el matrimonio Kitteridge está lleno de amor, cariño y respeto. Pero también lo está de frustración, decepciones, de infidelidades posibles, que aunque no se materialicen, pesan igualmente en cada uno de ellos, por pensar en aquello que pudiera haber sido y no fue. Tal vez una vida diferente, tal vez otro lugar…

“Eres demasiado simple para mí, Henry, debí haberte dejado hace años”

Los diálogos de los personajes son esenciales, no hay conversaciones sin importancia, ni miradas de la protagonista que no valgan más que cualquier cosa que pudiera decirse. Otra de las grandes virtudes de la serie es que vamos cambiando de puntos de vista y conseguimos empatizar con todos los personajes, incluso con la recia Olive. Podríamos odiarla, pero sin embargo, nos acaba pareciendo ridículo lo mismo que a ella, aunque sea un gesto de amabilidad de su marido, y, otras veces, nos encontramos compadeciendo a Henry de la tosquedad y el inexistente filtro por el que Olive pasa sus frases sentenciosas.

“¿Por qué no puedes dejarme tener un acto de bondad sin hacerme sentir un tonto?”

Las estaciones son primordiales para esta historia. Todas ellas tienen correspondencia con el estado de ánimo de los personajes, y más en concreto, las flores, y su ausencia dependiendo de la época del año, tienen un papel simbólico importantísimo y muchísima presencia durante toda la serie, que se mueve también en el terreno de lo onírico y lo irreal, aprovechando sueños y alucinaciones de muchos personajes.

Olive Kitteridge se disfruta sin esfuerzo gracias a una buena dosificación de la historia y del personaje principal, que a veces tensa tanto las cuerdas que parece todo a su paso vaya a explotar. Pero sólo parece.

Olive 3

“El ser humano nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores”.  

– La insoportable levedad del ser –

María Jara

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