Remakes, reboots, precuelas y el fin de la imaginación

En los últimos años hemos asistido al triunfo en taquilla de películas como Piratas del Caribe: En mareas misteriosas (Rob Marshall, 2011), en la que nada queda ya de la frescura de la película que inició la saga, Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra (Gore Verbinski, 2003); a las adaptaciones innecesarias de películas tan míticas como Carrie (Brian de Palma, 1976) o El mensajero del miedo (John Frankenheimer, 1962), a las que no salvaron ni Julianne Moore, ni Meryl Streep; o los resurgimientos de franquicias como la de Batman, con Batman v Superman: Dawn of the Justice (Zack Snyder, 2016), sin dejar enfriar el cadáver del héroe de Christopher Nolan.

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En este contexto han ido surgiendo a nuestro alrededor neologismos que nos comenzaban a dar pistas del calado que estaba teniendo este fenómeno. Así, palabras como remake, reboot, spin-off, precuela o secuela (hay hasta mediacuela o intercuela), franquicias, sagas o trilogías, han inundado los medios de comunicación para anunciar a bombo y platillo las vueltas y revueltas de algunos de los personajes más míticos del universo cinematográfico (y otros, no tanto).

Para los no iniciados en estos temas, estas palabrejas pueden sonar a chino. A lo que denominamos secuela, es una película, producida después de la original, que se desarrolla en el mismo universo, pero en un tiempo posterior, como por ejemplo, los famosísimos Ocho apellidos catalanes (Emilio Martínez-Lázaro, 2015), secuela de los Ocho apellidos vascos (Emilio Martínez-Lázaro, 2014). Película creada en menos de un año para que Telecinco Cinema pueda seguir sacando rendimiento económico a su gallina de los huevos de oro cinematográfica. Aún así, grandes éxitos del cine español que, por desgracia, serán recordados por la cantidad de dinero que hicieron ganar a su productora, que por la calidad de los films.

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De la palabra secuela deriva otra, la precuela, que viene a significar más o menos lo mismo que su palabra matriz, pero en vez de suceder en un tiempo posterior lo hace en un tiempo anterior, contando los acontecimientos previos a aquellos que ya hemos visto. Por ejemplo, Prometheus (Ridley Scott, 2012), aunque no se anunció como tal, es la precuela (o precuelas, ya que se anunció saga) de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) y de todas las que le siguieron. También, hoy en día, está en boca de todos la precuela de la saga Harry Potter (2001-2011), Animales fantásticos y dónde encontrarlos (David Yates, 2016), protagonizada por Eddie Redmayne y que seguro se convertirá en todo un éxito de taquilla a costa de los fans del mago más famoso del séptimo arte.

Ya hemos usado la palabra saga, que viene a ser un conjunto de películas realizadas de forma sucesiva que comparten un mismo universo. Lo que viene siendo un conjunto de precuelas y secuelas, pero envueltas para regalo. Sagas famosas: miles. Por encima de todas, podríamos destacar la de La guerra de las galaxias (1977-2015), que comenzó con la película homónima iniciando una saga que completarían El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980) y El retorno del jedi (Richard Marquand, 1983); que siguió con una saga de precuelas de la original al inicio de los 2000, formada por La amenaza fantasma (George Lucas, 1999), El ataque de los clones (George Lucas, 2002) y La venganza de los Sith (George Lucas, 2005); y que ahora vive su nuevo retorno, de nuevo, con otra trilogía, que comienza con El despertar de la fuerza (J. J. Abrams, 2015), a punto de ser estrenada y de convertirse en un taquillazo seguro.

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Significado similar tienen las franquicias cinematográficas, que incluyen el universo, los personajes y los escenarios, a partir de los cuales se crean nuevas (o no tan nuevas) tramas. Un claro ejemplo de franquicia, la considerada la más exitosa de la historia del cine, es la de James Bond. Cinco actores y más de cincuenta años después, el espía británico más famoso sigue siendo un filón comercial. Con la última película de la franquicia aún en cartelera, Spectre (Sam Mendes, 2015) y con los rumores de la partida del último Bond, Daniel Craig, ya se empieza a mover la maquinaria para elegir a su heredero y poder así seguir ganando dinero con 007.

El remake es, probablemente, de las cosas más innecesarias que ha creado el ser humano. El remake es una recreación de una película previa que es suficientemente fiel a la original. Así, El Gran Gatsby (Jack Clayton, 1974), King Kong (Merian C. Cooper, Ernest B. Schoedsack, 1933), doblemente remakeado, o El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968), han sido fruto de diferentes remakes que van desde el “bah, se puede ver” al “¡qué horror, sácame los ojos!”. La lista de películas que han dado lugar a un remake sería infinita, pero vale la pena detenernos, en el fenómeno del remake de la película que no se hace en Hollywood. Porque así son los americano, si ven algo bueno, lo copian. A punto está de estrenarse The Secret in Their Eyes (Billy Ray, 2015), remake de la argentina El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009), pero tenemos muchos más ejemplos, como Vanilla Sky (Cameron Crowe, 2001), adaptación de la española Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997); Infiltrados (Martin Scorsese, 2006), de la japonesa Juego sucio (Infernal Affairs) (Lau Wai-Keung, Alan Mak, 2002); o las propias readaptaciones de directores de la talla de Alfred Hitchcock, con el remake de El hombre que sabía demasiado (Alfred Hitchcock, 1934), realizada en su etapa británica, o Michael Haneke, con el remake para Hollywood de su famosa Funny Games (Michael Haneke, 1997).

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Pero no sólo a través de remakes se reinterpretan los originales, también tenemos los reboots, que para quien no lo sepa, vienen a ser el reinicio de una saga o franquicia, dejando atrás lo creado anteriormente, manteniendo, únicamente, algunas características. Este año, el gran éxito de crítica y público ha sido Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015), que partía de mantener algunos conceptos de la saga ochentera de Mad Max (1979-1985). También se anunció el reboot de Los Cazafantasmas (Ivan Reitman, 1983), pero esta vez con cuatro mujeres en los personajes protagonistas. Resulta, cuanto menos, interesante.

También hemos asistido al nacimiento de numerosos spin-off, aunque la mayoría no deberían haber existido. Desde Maléfica (Robert Stromberg, 2014) a la próxima Buscando a Dory (Andrew Stanton, Angus MacLane, 2016). Pero si el fenómeno spin-off ha triunfado en algún medio ha sido en la televisión. Así, Joey (Kevin S. Bright, 2004-2006), nació de Friends (David Crane, Marta Kauffman, 1994-2004); Sin cita previa (Shonda Rhimes, 2007-2013) lo hizo de Anatomía de Grey (Shonda Rhimes, 2005-Actualidad); o Aída (Nacho G. Velilla, 2005-2014) de Siete vidas (Nacho G. Velilla, 1999-2006). Porque en el mundo de las series también reina esta imperante nueva moda de la adaptación y la readaptación. Así, Memento (Christopher Nolan, 2000) se convertirá en una seríe, como ya lo ha hecho Daredevil (Mark Steven Johnson, 2003); Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960); Scream. Vigila quién llama (Wes Craven, 1996); Fargo (Ethan Coen, 1996), 12 Monos (Terry Gilliam, 1995) o la española Perdiendo el Norte (Nacho G. Velilla, 2015).

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Y es que, la proliferación de estos contenidos, está ahogando a la originalidad, ya que las productoras y los medios apuestan a tiro hecho, a la jugada que ya se sabe cómo va a funcionar, económicamente claro está. Eso deja hechos como que en un año con películas tan interesantes como fue 2014, en el que se estrenaron joyas, diferentes pero muy disfrutables, como Boyhood (Momentos de una vida) (Richard Linklater, 2014), Magical Girl (Carlos Vermut, 2014) o 10.000 Km (Carlos Marques-Marcet, 2014), las películas más taquilleras del año volvieran a ser la primera parte de un final de saga; la película basada en un personaje de Disney llevado a carne y hueso; la segunda película de un superhéroe; o la primera, segunda o hasta tercera parte de una precuela.

Y 2015 lleva camino de convertirse en más de lo mismo, en superproducciones que eclipsan películas que de verdad valen la pena. El mismo fin de semana que se estrenaba Ocho apellidos catalanes, lo hacía también Mistress America (Noah Baumbach, 2015), con un guión e interpretación brillantes de Greta Gerwig, que pasó completamente desapercibida en la vorágine de los apellidos. Así llegarán y han llegado a nuestras carteleras: Star Wars: El despertar de la Fuerza (J. J. Abrams, 2015); Carlitos y Snoopy: La película de Peanuts (Steve Martino, 2015); Los Juegos del Hambre: Sinsajo – Parte 2 (Francis Lawrence, 2015); Spectre (Sam Mendes, 2015); Sinister 2 (Ciaran Foy, 2015); Paranormal Activity: Dimensión fantasma (Gregory Plotkin, 2015); Pan (Viaje a Nunca Jamás) (Joe Wright, 2015); El corredor del laberinto: Las pruebas (Wes Ball, 2015); Cuatro fantásticos (Josh Trank, 2015); Mr. Holmes (Bill Condon, 2015); Misión: Imposible – Nación secreta (Christopher McQuarrie, 2015), Ted 2 (Seth MacFarlane, 2015); Entourage (El séquito) (Doug Ellin, 2015), Elsa & Fred (Michael Radford, 2014), Magic Mike XXL (Gregory Jacobs, 2015), Terminator: Génesis (Alan Taylor, 2015); Los Minions (Kyle Balda, Pierre Coffin, 2015); Campanilla y la leyenda de la bestia (Steve Loter, 2014); Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015); Insidious: Capítulo 3 (Leigh Whannell, 2015); Dando la nota: Aún más alto (Elizabeth Banks, 2015); Poltergeist (Gil Kenan, 2015), Mad Max: Furia en la carretera (George Miller, 2015); Astérix: La residencia de los dioses (Louis Clichy, Alexandre Astier, 2014); Vengadores: La Era de Ultrón (Joss Whedon2015); La oveja Shaun: La película (Richard Starzak, Mark Burton, 2015); Fast & Furious 7 (2015); La serie Divergente: Insurgente (2015); Cenicienta (Kenneth Branagh, 2015); El Nuevo Exótico Hotel Marigold (John Madden, 2015); La mujer de negro: El ángel de la muerte (Tom Harper, 2015); Bob Esponja: Un héroe fuera del agua (Paul Tibbitt, 2015); Annie (Will Gluck, 2014); Venganza 3 (Olivier Megaton, 2015); Cómo acabar sin tu jefe 2 (Sean Anders, 2014). Todos ellos son estrenos basados en obras audiovisuales previas, ya sean precuelas, secuelas, spin-offs, remakes o reboots.

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Y muchos más vienen en camino, como los remakes de Mary Poppins (Robert Stevenson, 1964) o Blade Runner (Ridley Scott, 1982); las adaptaciones en carne y hueso de La Sirenita (John Musker, Ron Clements, 1989); las secuelas de Jurassic World o de Ant-Man (Peyton Reed, 2015). Y así, sucesivamente. Todo ello no implica que no haya adaptaciones buenas, claro que las hay y muy buenas también, pero seamos realistas, no hay tantas como películas hechas como en un sistema de producción en cadena que no pretenden nada más que hacer dinero. Y gran parte de la culpa la tenemos los espectadores, por haber dejado de ser exigentes y tragarnos lo que haga falta.

Alejandro Piera.

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