Cine indignado

Sofía, una enferma terminal de cáncer, ve morir a su compañera de habitación en el hospital. Solo hay una cosa que quiere hacer antes de dejar este mundo: Matar al ministro de Sanidad.

La España de La revolución de los ángeles (Marc Barbena, 2015) está sumida en la crisis, en la corrupción, el desempleo y los ciudadanos son pisoteados y ninguneados cada día (¿os suena?). La acción de Sofía, que consigue su objetivo, genera una reacción en cadena y todos los enfermos terminales del país deciden utilizar las últimas fuerzas que les quedan para acabar con aquellos que han masacrado los derechos y la dignidad de la sociedad.

El proyecto de La revolución de los ángeles, basada en la novela homónima de Javier Silvestre y Oriol Clavell, se hizo posible gracias al crowfunding, y pretende ser el primero de una serie de diez capítulos en los que se contará cómo la determinación de estos ciudadanos desemboca en una revolución sin precedentes y en la primera piedra para un verdadero cambio político y social.

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El cine no puede (ni debe) quedarse al margen de la situación que vivimos ni del despertar ciudadano. En los últimos años, como respuesta a la desvergüenza y el robo, a cara descubierta y manos llenas, por parte de la clase política, el cine ha sido fructífero en documentales y ficciones en los que queda plasmado este sentimiento general, para el que la palabra indignación se queda corta.

Crisis económica, especulación, corrupción, recortes en sanidad y educación, el empleo y el futuro (o más bien el no empleo y el no futuro) han sido la base de numerosos documentales que han surgido sobre todo desde que en 2011 explotara de forma definitiva el 15-M, que marcaría el arranque de una movilización ciudadana que no tendría marcha atrás y en la que se empezaron a hacer preguntas y, sobre todo, a exigir respuestas (aunque algunos prefirieran vivir en una sordera y un silencio que continúan a día de hoy).

De la misma forma, el cine también se hizo esas preguntas y quiso indagar buscando respuestas. En Mercado de futuros (Mercedes Álvarez, 2011) se intenta dibujar una visión general de en qué se está convirtiendo el mundo a partir de la burbuja inmobiliaria, en Manos arriba, esto es un contrato (Javier Gascón, 2013) se denuncia los abusos de las entidades financieras, Edificio España (Víctor Moreno, 2012) utiliza simbólicamente las obras que se llevaron a cabo en esta construcción para hablar de la memoria, de la especulación y de la clase trabajadora, #LaPlataforma (Jon Herranz, 2012) retrata la lucha de la Plataforma de los Afectados por la Hipoteca, Libre te quiero (Basilio Martín Patino, 2012) recoge la efervescencia del movimiento 15-M y su extensión a los barrios de todas las ciudades, Estudiar en Primavera (Amparo Fortuny, 2014) se adentra en el instituto Lluís Vives de Valencia que fue escenario de cargas policiales en 2012 y No estamos solos (Pere Joan Ventura, 2015), uno de los últimos documentales que se añaden a la lista, realiza un trabajo de documentación para recopilar todos esos movimientos sociales y descubrir la esencia del momento en el que la gente decidió tomar las calles.

En ficción, comenzaron a verse algunas películas en las que sus protagonistas se veían afectados por los primeros coletazos de la crisis, como en Cinco metros cuadrados (Max Lemcke, 2011), donde una pareja compra una casa en la que nunca podrá vivir.

Pero en los últimos dos años, las películas que tratan de lleno la situación del país, están protagonizadas por unos personajes muy curtidos en las noticias sobre corrupción, los abusos de los bancos, el desempleo y los recortes. Son personas desesperadas, indignadas, ninguneadas y abandonadas por quien debería trabajar por sus intereses y, en vez de eso, les han despojado de todo, tanto que, por no tener, no tienen ni miedo.

Notables ejemplos de ello, además de la mencionada La revolución de los ángeles, son El mundo es nuestro (Alfonso Sánchez, 2012) donde el Culebra y el Cabesa atracan un banco, Somos gente honrada (Alejandro Marzoa, 2013) en la que dos hombres, ya entrados en la cincuentena y que se han quedado sin trabajo, deciden empezar a vender droga y Murieron por encima de sus posibilidades (Isaki Lacuesta, 2014) donde cinco ciudadanos secuestran al presidente y otros responsables del Banco Central para hacerles elegir entre recortar o ser recortados (en ambos casos, partes de su cuerpo).

Es indudable que la (¡atención! palabra peligrosa) CULTURA es parte de un contexto y reflejo de una sociedad, por ello todas estas películas serán parte de nuestra memoria colectiva. Son documentos vivos para combatir el olvido, como lo es hoy para nosotros el legado cinematográfico e histórico de Berlanga, Azcona, Saura, Fernán Gómez y muchos otros que hicieron una radiografía de la España que estaban viviendo.

No estaría mal que en lo que nos queda de campaña, y en general, los políticos dedicaran algo de su tiempo a repasar toda esta filmografía, a ver si se dan cuenta de que el olor a podrido que han dejado a su paso ya no lo tapa ni el mejor de los ambientadores. Tendremos que eliminar de raíz la causa del olor.

María Jara.

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5 comentarios en “Cine indignado

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