Cuando los grandes diseñadores probaron suerte en el cine

El mundo del cine siempre se ha nutrido de otros profesionales de disciplinas artísticas paralelas, desde escritores (ya sean filósofos, poetas, dramaturgos o novelistas) a cantantes y compositores, pasando por pintores, escultores, fotógrafos o arquitectos. Pero hoy, nos centraremos en otros profesionales que también han estado muy relacionados con el séptimo arte desde tiempos inmemoriales: los diseñadores de moda. Y es que está claro que el cine es una grandísima plataforma publicitaria en la que exhibir tus productos a todos los habitantes del planeta, pero profesionales de la talla de Versace, Gaultier, Chanel o Dior, no sólo cedieron sus creaciones, sino que trabajaron diseñando el vestuario de algunos de los films más famosos de la historia. Y algunos, ni una, ni dos, sino varias veces.

Como decíamos, es un proceso habitual el que las grandes firmas de lujo cedan algunas de sus creaciones, especialmente a estrellas de renombre. Por ejemplo, los vestidos del español Cristóbal Balenciaga se colaron en películas como El ángel vestido de rojo (Nunnally Johnson, 1960), en el que vistió a Ava Gardner con un vestido que pasaría a la historia; Encuentro en París (Richard Quine, 1964), en la que lució su diseño Marlene Dietrich; o en Con la muerte en los talones (Alfred Hitchcock, 1959), donde el propio director, junto a la actriz Eva Marie Saint, seleccionaron personalmente el vestido estampado de Balenciaga. Por poner algún ejemplo más actual, en La gran estafa americana (David O. Russell, 2013), el diseñador de vestuario Michael Wilkinson seleccionó diseños de Gucci y Diane von Furstenberg para el personaje de Amy Adams.

Pero, aunque estas colaboraciones hayan contado con la supervisión de las distintas firmas, queremos profundizar un poco en cómo han trabajado los diseñadores en el cine, como han puesto su pequeño granito de en la historia del séptimo arte.

Uno de los más prolíficos en esto de aventurarse en el mundo del cine ha sido Jean-Paul Gaultier. El modisto francés realizó un impresionante trabajo, a finales de los 80, en la película El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (Peter Greenaway, 1989), en la que creo una impresionante colección de diseños que cambiaban según el escenario en que interactuaban los personajes. Un trabajo que hizo lucir especialmente al personaje de Georgina (“la mujer” del título), interpretada por Helen Mirren. Pero, a Gaultier le va la marcha, y así como es capaz de diseñar el vestuario de una película independiente, lo es de hacerlo de un blockbuster en toda regla. Lo hizo con El quinto elemento (Luc Besson, 1997), donde se encargó de más de 900 diseños futuristas. Pero si hay alguien con quien Gaultier se ha sentido cómodo en el cine, ese es el director manchego por excelencia: Pedro Almodóvar. Y es que, hasta en tres ocasiones han colaborado estos dos genios de la estética. La primera de estas colaboraciones se dio con Kika (Pedro Almodóvar, 1993), en la que el modisto se encargó del diseño del vestuario con toques SciFi de Victoria Abril, muy en la línea de Gaultier. La segunda se dio con el vestido que creó para el personaje Zahara en La mala educación (Pedro Almodóvar, 2004), interpretado por Gael García Bernal, quien lucía este traje en color carne y pedrería que simulaba la anatomía femenina. La última de estas colaboraciones se dio en, la más reciente, La piel que habito (Pedro Almodóvar, 2011), donde el modisto francés se encargo de diseñar el uniforme de Marisa Paredes, el disfraz de tigre de Roberto Álamo y los ceñidos monos de Elena Anaya.

Pero Almodóvar no ha sido director de un solo modisto: su amigo Gianni Versace diseñó el vestuario de Verónica Forqué en Kika (Pedro Almodóvar, 1993), ya que el director consideraba que Versace tenía un don para aunar clasicismo y sensualidad en sus creaciones, ambas características del personaje de Forqué; el español David Delfín hizo lo propio con los uniformes de la alocada tripulación de Los amantes pasajeros (Pedro Almodóvar, 2013); y Karl Lagerfeld lo hizo con el vestuario de Victoria Abril en Tacones lejanos (Pedro Almodóvar, 1991). Ésta última no fue la única intervención del modisto alemán en el cine. Lagerfeld también trabajo con el vestuario de Babette, la protagonista de El festín de Babette (Gabriel Axel, 1987) o en el de la familia Von Horn en La década prodigiosa (Claude Chabrol, 1971).

Y es que, el director creativo de la Maison Chanel tenía en quien inspirarse, ya que la propia Coco Chanel, creadora de la casa, trabajo con gran éxito en el cine, en numerosas ocasiones. Recién estrenados los años 30, Chanel trabajó como figurinista en Hollywood, a pesar de que ya tenía un gran nombre en el mundo de la moda. Uno de sus trabajos más destacados fue el vestuario de la gran estrella de la época Gloria Swanson, en la película Esta noche o nunca (Mervyn LeRoy, 1931). Pero también desarrolló su faceta cinematográfica en Francia, donde trabajó con cineastas como Jean Renoir, para quien diseñó el vestuario, entre otras, de La regla del juego (Jean Renoir, 1939) y La Marsellesa (Jean Renoir, 1938), película en la que se encargó de los trajes de María Antonieta; o con Alain Resnais en El año pasado en Marienbad (Alain Resnais, 1961), donde colaboró vistiendo a la actriz Delphine Seyrig, protagonista del film, añadiendo un toque de distinción extra a la abrumadora elegancia estética de la película. También recurrió a ella Luchino Visconti, para su fragmento en la película Boccaccio 70 (Visconti, Monicelli, Fellini, De Sica, 1962) con un claro objetivo: dotar a la actriz Romy Schneider de mayor madurez y elegancia, para que el público pudiese olvidar a Sissi (Ernst Marischka, 1955). Coco lo consiguió, en gran medida, gracias al famoso traje de tweed de Chanel. Además del trabajo de Coco Chanel para el cine, la industria se ha nutrido de algunas de sus creaciones más famosas.

Otro de los diseñadores prolíficos en este mundo fue Christian Dior, quien incluso llegó a estar nominado al Oscar por la película Estación Termini (Vittorio de Sica, 1953), aunque no hubo suerte. Dior se encargó de los vestuarios de las grandes divas del Hollywood Dorado: en la ya citada Estación Termini vistió a Jennifer Jones; en Pánico en la escena (Alfred Hitchcock, 1950) a Marlene Dietrich; en La cabaña (Mark Robson, 1957) a Ava Gardner; y en La noche es mi enemiga (Anthony Asquith, 1959) a Olivia de Havilland.

Tras la época dorada de Hollywood, una nueva forma de hacer cine entró en acción. Así, de la elegancia y sofisticación de Dior, pasamos a la modernidad que encarna Paco Rabanne. El modisto español firmó, por ejemplo, parte del vestuario de Audrey Hepburn en Dos en la carretera (Stanley Donen, 1967), en la que destaca el vestido de chapones de Hepburn. Pero si Rabanne pasará a la historia del cine es por el diseño del vestuario de la película Barbarella (Roger Vadim, 1967), donde consiguió convertir al personaje interpretado por Jane Fonda en un icono sexual y en un icono de la mujer liberada y empoderada de la época.

Hablemos ahora de los Gatsby. En el departamento que diseñó el vestuario de El Gran Gatsby (Jack Clayton, 1974) se encontraba el modisto Ralph Lauren, quien se encargó de los trajes masculinos de la película basada en la famosa novela de F. Scott Fitzgerald. Fue su primera incursión en el cine y su trabajo se convirtió en todo un éxito. El vestuario del film ganó el Oscar de la Academia, que recayó en la diseñadora Theoni V. Aldredge, directora del departamento. Pero, Ralph Lauren aún tuvo un éxito mayor que El Gran Gatsby: Annie Hall (Woody Allen, 1977). El look de Diane Keaton en la película fue seleccionado, casi en su totalidad, por ella misma de entre toda la ropa que atesoraba en sus armarios, dejándose asesorar por expertos diseñadores, entre los que se encontraba Ralph Lauren, que seleccionó, para la actriz, varios de los outfits más famosos de la película.

¿Y qué hay de El Gran Gatsby (Baz Luhrmann, 2013)? Pues resulta que la diseñadora Miuccia Prada colaboró con Luhrmann y su diseñadora de vestuario habitual, Catherine Martin, en la elaboración de los vestuarios que iban a lucirse en las fiestas de Gatsby. Vestidos de fiesta que parecían recién sacados de los años 20 y que estaban inspirados en colecciones de sus marcas, Prada y Miu Miu. El vestuario de la última versión de Gatsby también ganó el Oscar. Pero esta no fue la primera colaboración entre Luhrmann y Prada: el traje que lucía Leonardo DiCaprio, es decir Romeo, en su boda en Romeo + Julieta de William Shakespeare (Baz Luhrmann, 1996) fue diseñado y confeccionado por la propia Miuccia Prada.

Todo buen creador necesita musas o musos. Y si hablamos de ellos, quienes mejor que Audrey Hepburn y Catherine Deneuve. Y si no que le pregunten a Hubert de Givenchy e Yves Saint Laurent, respectivamente. Givenchy diseñó el vestuario de Hepburn en Encuentro en París (Richard Quine, 1964), Ariane (Billy Wilder, 1957), Una cara con ángel (Stanley Donen, 1957), Sabrina (Billy Wilder, 1954), Charada (Stanley Donen, 1963) Desayuno con diamantes (Blake Edwards, 1961) y Cómo robar un millón (William Wyler, 1966). Hubert de Givenchy vió reconocido su trabajo con una nominación al Oscar por Una cara con ángel, pero quizás los diseños que todos tenemos en la cabeza sean los de Sabrina y Desayuno con diamantes. Por su parte, el idilio entre Saint Laurent y Deneuve es legendario, pero el máximo exponente de esta relación es el trabajo que realizó el modisto para vestir a la actriz en Belle de Jour (Luis Buñuel, 1967), aunque también brilló su trabajo en Crónica negra (Jean-Pierre Melville, 1972), Liza (Marco Ferreri, 1972), La sirena del Mississippi (François Truffaut, 1969) o El amor es un extraño juego (Alain Cavalier, 1968). Pero Saint Laurent también vistió a actrices como Capucine o Claudia Cardinale, por ejemplo, en La pantera rosa (Blake Edwards, 1963).

Los trajes de chaqueta también han sido un importante vehículo de lucimiento para diseñadores de renombre. Giorgio Armani firma el vestuario de Jordan Belfort, Leonardo DiCaprio, en El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013); el esmoquin de Brad Pitt en Malditos bastardos (Quentin Tarantino, 2009); los trajes de Bruce Wayne, Christian Bale, en El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008); los de Richard Gere en American Gigolo (Paul Schrader, 1980); y hasta los de Jodie Foster en Elysium (Neill Blomkamp, 2013). Un inciso simplemente para nombrar el abrigo diseñado por Armani para el personaje de Jessica Chastain en El año más violento (JC Chandor, 2014). Otro diseñador que ha hecho un gran trabajo ha sido Tom Ford con los trajes de chaqueta de Daniel Craig en sus cuatro películas como James Bond: Casino Royale (Martin Campbell, 2006), Quantum of Solace (Marc Foster, 2008), Skyfall (Sam Mendes, 2012) y Spectre (Sam Mendes, 2015). Un arduo trabajo de más de un centenar de trajes, perfectamente ideados para que no se muevan ni un milímetro en ninguna escena de acción. Además, como curiosidad, Tom Ford no sólo se ha movido por el cine como diseñador de vestuario, sino que se ha atrevido con la dirección, regalándonos la poética Un hombre soltero (Tom Ford, 2009), en la que, aunque no se encargó del diseño del vestuario, si estuvo muy pendiente de supervisar, ayudar y colaborar con la diseñadora Arianne Phillips.

En cuanto a las joyas, Bulgari diseñó expresamente las joyas que lucen las Mujeres en Venecia (Joseph L. Mankiewicz, 1967), Sharon Stone en Casino (Martin Scorsese, 1995) o Jessica Lange en King Kong (John Guillermin, 1976). Cartier hizo lo propio en películas como Grace de Mónaco (Olivier Dahan, 2014), Chéri (Stephen Frears, 2009), Arsène Lupin (Jean Paul Salomé, 2004) o La estrella (Robert Wise, 1968). Así como, Swarovsky, aportando sus famosos diseños brillantes a películas como Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001), Los caballeros las prefieren rubias (Howard Hawks, 1953), La Venus rubia (Josef von Sternberg, 1932) o Cenicienta (Kenneth Branagh, 2015).

Muchas colaboraciones se quedan en el tintero. Marc Jacobs, director creativo de Louis Vuitton en la época, diseñó el equipaje de los personajes de Viaje a Darjeeling (Wes Anderson, 2007). Stella McCartney diseñó el vestuario que lucirían Jude Law y Gwyneth Paltrow en la olvidable Sky Captain y el mundo del mañana (Kerry Conran, 2004); Carolina Herrera haría lo propio con el vestido de novia de Bella, Kristen Stewart, en Crepúsculo: Amanecer – Parte 1 (Bill Condon, 2011); mientras que Lorenzo Caprile lo hizo con el de Margot Robbie en El lobo de Wall Street. También la firma Salvatore Ferragamo confeccionó el vestuario y el calzado de Nicole Kidman en Australia (Baz Luhrmann, 2008), y calzó a Angelina Jolie en The Tourist (Florian Henckel von Donnersmarck, 2010). La famosa firma de lencería La Perla, creó los bañadores de Halle Berry en Muere otro día (Lee Tamahori, 2002) y de Daniel Craig en Casino Royale, inspirándose en los de Ursula Andress y Sean Connery en 007 contra el Dr. No (Terence Young, 1962). El famoso diseñador de calzado Manolo Blahnik también aportó su granito de arena creando gran parte de los zapatos que aparecen en María Antonieta (Sofia Coppola, 2006). Y la firma Rodarte, por su parte firmó el vestuario creado para el ballet de Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010), incluidos los trajes de Natalie Portman.

Alejandro Piera

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