El pensamiento creativo que la Educación ignora

Para ingresar en una escuela de primaria de Hong Kong, te piden que resuelvas el siguiente acertijo.

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La tendencia de la mayoría de las personas es ponerse a hacer operaciones matemáticas como si no hubiera un mañana hasta cortocircuitar: los niños lo resuelven en menos de veinte segundos sin hacer una sola. ¿Cómo? Simplemente, dándole una vuelta de tuerca a la forma de pensar.

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Prometemos que lo de la “vuelta de tuerca” literal, ha sido casualidad… No, no se trata de una broma, ni de una pregunta trampa. Muchos están pensando que por supuesto no han llegado a esa conclusión porque es demasiado absurda, aunque sabemos por experiencia que en realidad te sientes así:

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La buena noticia (o no) es que no es culpa tuya, sino de nuestro sistema educativo. Vivimos en una sociedad en la que la idea de inteligencia se basa en el pensamiento lógico. Esto no incluye sólo el pensamiento matemático como hemos visto en el ejercicio del ejemplo, sino también el pensamiento racional. A pesar de las veces que hemos escuchado lo de “ser de letras” como algo despectivo, si hablamos de un filólogo, historiador o notario, rara vez no nos viene a la mente lo que entendemos por un cerebrito. Pero, ¿ocurre lo mismo si hablamos de un pintor (que no sea famoso)? ¿Y de un maestro de infantil?

Pues no, en la mayoría de los casos no ocurre porque son trabajos en los que no predomina tanto ese pensamiento lógico, sino el pensamiento lateral o creativo, tan infravalorado en nuestra educación (¡aunque parece que no tanto en las escuelas de Hong Kong!).

El pensamiento lateral, o “lateral thinking” tal y como lo bautiza su autor Edward de Bono en su libro New Think: The Use of Lateral Thinking (1967), es un método de pensamiento que valora posibilidades que el pensamiento vertical o lógico no contempla. Así, no sólo resulta útil para resolver situaciones en las que no sirva el pensamiento lógico (como en el ejemplo, a pequeña escala, la que proponíamos al principio), sino que es una herramienta poderosísima para crear ideas que se salen del patrón habitual.

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El pensamiento vertical o lógico con el que nos educan, nos acostumbra a pensar en base a un código aprendido. Es decir, pensemos por ejemplo en el lenguaje. El lenguaje es un código para comunicarnos que asocia automáticamente las palabras con imágenes, las mismas imágenes para todos. La ventaja de este sistema de pensamiento es indiscutible, porque sin necesidad de explicar cada idea, nuestra mente las cataloga y comprende al instante, haciendo rápida la comunicación. Sin embargo, la desventaja es que tendemos a ordenar la información que nos llega de forma automática, intentando encajarla en alguno de los modelos que hemos aprendido sin plantearnos otra opción. Así, al tratar de averiguar el número del aparcamiento del coche, nuestra cabeza se vuelve loca buscando un código en el que encaje esa serie de números, sin pensar que puede que esa no sea la solución. ¿Por qué a los niños les resulta más fácil llegar a otra conclusión? Precisamente porque no conocen (aún) ese código, y utilizan las herramientas de las que disponen de forma innata.

El pensamiento lateral es inherente al ser humano, aunque como todo, algunas personas lo tengan más desarrollado que otras. Se activa en lo más cotidiano sin que nos demos cuenta, estando por ejemplo, muy relacionado con el humor y esas respuestas inesperadas que provocan la risa instantánea:

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De hecho, hay quienes no lo diferencian del pensamiento vertical, sino que lo incluyen todo dentro de éste. Pero la necesidad de reconocer ambos tipos se hace fundamental desde el momento en el que nuestra educación prioriza uno de ellos en detrimento del otro.

Edward de Bono compara nuestra mente con un paisaje, donde la información caería como el agua de lluvia formando ríos con la erosión, marcando un surco, un camino por el que ya siempre será conducida cada nueva gota de lluvia (cada nueva información, encasillándose). Este sería el funcionamiento del pensamiento lógico. ¿Pero qué pasa si la clave está fuera del río? Que necesitamos emplear el pensamiento lateral o creativo para llegar allí, olvidando los códigos y modelos preestablecidos.

Estamos tan acostumbrados al pensamiento vertical, que resulta todo un reto dejarlo de lado. Para eso existe la práctica del pensamiento lateral, que ejercita ese pensamiento creativo que está en nosotros, a través de acertijos como el del aparcamiento de las escuelas de Hong Kong. Este es uno de los más famosos, seguro que alguna vez habéis tratado de resolverlo:

Habilidades como la creatividad, el diseño o la búsqueda de soluciones son algunas de las grandes beneficiadas de procedimientos como estos, en los que un sinfín de alternativas y puntos de vista entran en juego. En muchísimos trabajos, especialmente en los creativos, el concepto de pensamiento lateral está muy valorado, porque propone soluciones poco convencionales y “poco vistas”. De hecho, hasta existe el concepto de Marketing Lateral, que practican numerosas agencias de publicidad y se basa en generar productos o servicios totalmente innovadores a partir de otros ya existentes (el marketing vertical lo haría identificando las necesidades del público objetivo). En Marketing Lateral: Nuevas técnicas para encontrar las ideas más rompedoras (Philip Kotler y Fernando Trías de Bes, 2004) encontramos técnicas empleadas en el marketing lateral y ejemplos que dan resultados muy interesantes:

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Encontramos manifestaciones del pensamiento lateral de mil formas, aunque no siempre estará identificado como tal: arquitectura, escultura, mobiliario urbano, muebles, objetos cotidianos… El mosaico de imágenes nos muestra de un flashazo la utilidad (y necesidad) del pensamiento creativo, como en el caso del puente diseñado por Laurent-Saint Val para el centro histórico de Amsterdam, que añade a un lugar de paso el concepto de habitabilidad, convirtiéndolo en un reclamo para revitalizar la zona.

Si bien es cierto que hay una tendencia mayor a reconocer la existencia del pensamiento lateral o creativo, también es verdad que muchas veces no deja de entenderse como una curiosidad, hobby, o algo propio y exclusivo de los artistas y creativos. Pero el pensamiento lateral no sólo es creativo y entretenido, sino que trata de paliar las limitaciones del pensamiento vertical, de hacernos más completos, dándonos más recursos. Reflexionemos sobre la gran importancia de darle a nuestra mente (o sin duda a nuestra educación) una vuelta de tuerca.

Milena Cañas

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3 comentarios en “El pensamiento creativo que la Educación ignora

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