7 Déjà vu de Nochevieja y lugares a los que huir para evitarlos

La Nochevieja nos sumerge en una sensación de ya haber vivido antes algunos acontecimientos. No es una sensación, ya lo hemos vivido. En este día y los posteriores contienen unas obligaciones no escritas, pero que existen y se cumplen, que se pueden adivinar fácilmente porque se repiten año tras año y muy posiblemente seguirán hasta el fin de los días. Para evitarlas, te proponemos algunos lugares a los que escaparte de todo lo que convierte el cambio de año en un auténtico rollo, ¡Todavía estáis a tiempo de huir!

  1. El vestuario.

La ropa dorada y la gente que se cree que va a los Oscar. Mención especial a los chavales a los que les deja el traje su padre para ir de cotillón porque no se van a comprar ellos uno “para una vez al año”. Por no hablar de la la ropa interior roja, que el resto del año sólo sirve para destrozarte la colada. ¿Existirán osados que salgan en chándal de casa en Nochevieja? Para ser un verdadero outsider esa noche, nada cómo pasar de los zapatos que sabes de antemano que te van a amargar… ¡Vivan las zapatillas de estar en casa!

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¿A dónde huir? Para evitar conflictos con el vestuario y el protocolo, hay que irse a un lugar donde no es necesario elegir. Hogwarts es ese destino. Un castillo histórico, en el que da igual que sea invierno que verano, el uniforme y la capa será la única opción. No importa el color de tu ropa interior, nadie la va a ver, los comportamientos indecorosos no están permitidos en la Escuela de Magia y, además, la suerte del año no dependerá del color de tu ropa interior, sino de Harry Potter. También hay otra ventaja, las mesas se llenan de todo tipo de manjares con un movimiento de varita, así que también os evitáis los preparativos y estar toda la tarde cocinando.

  1. Los rituales.

Los cuartos, las campanadas, el carrillón, el balcón en la Puerta del Sol y la capa del presentador. Pelar las uvas (que suele ser demasiado tarde y ya has bebido suficiente para saber que no vas a pelarlas bien) y pedir un deseo con cada uva (normalmente, a partir del número cinco ya son repetidos, por si así se cumplen). Ver cómo a las abuelas de España se le salen las burbujas de cava por la nariz con la emoción del año nuevo y luego se mojan la frente. Casi morir por atragantamiento todos con las uvas porque “si no las tomas dan mala suerte”. ¿No será que el lobby de los recolectores de uvas está detrás de esta tradición? Esa manera de jugarse la vida cada Fin de Año tiene que ocultar oscuros intereses…

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¿A dónde huir? En este punto no hay que buscar lugar, sino año. Lo más lejos posible suena bien. Algo más de novecientos años pueden ser suficientes para que la especie humana haya avanzado en las tradiciones de Fin de Año (ya no hablamos de haberlas suprimido, lo cual sería ideal) y al menos sean diferentes. Así que cerrad fuerte los ojos y pedid ser como Fry en Futurama (Matt Groening, 1999-2013) para poder viajar al año 2999. No sabemos si los deseos antes de las doce cuentan y si pedirlos sin uvas resta puntos, pero hay mucho que ganar, así que hay que intentarlo con todas las ganas.

  1. La música.

La canción de Mecano (Y Mecano en general…), te hace pensar sobre el paso del tiempo, la vejez, otro año más, de repente es un momento de depresión. Y la voz de la Torroja no ayuda… ¡Qué sufrimiento tan innecesario! Y si, después de las campanadas sigues enganchado a la tele, la cosa no mejora. Toda la caspa nacional desfilando por un escenario a reventar de confeti en rigurosísimo diferido que no engaña a nadie. Si salir es complicado en Nochevieja, quedarse en casa con la tele encendida, es un auténtico deporte de riesgo.

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¿A dónde huir? Si estás en este punto es que no has podido huir de la Nochevieja y, además, ya es oficialmente 2016. Ya has cenado, bebido bastante y abrazado a tus amigos. No hay nada que te impida marcharte en este momento de absoluto bajón. Tu noche termina aquí. Vete a casa, tómate medio Orfidal y mañana será otro día, la canción de Ana Torroja habrá perdido vigencia y ya no volverá a sonar hasta el próximo año. Otra vía de escape si no eres fan de los químicos es irte a Nunca Jamás a buscar a Peter Pan y Campanilla, allí serás siempre joven, no como Ana Torroja, sin importar cuántos años pasen, y seguro que no hay constancia de la existencia de semejante grupo. El camino es fácil, sólo tienes que volar hasta lo más alto del cielo y girar en la segunda estrella a la derecha.

  1. La broma de todos los años.

El último y el primer “lo que sea” del año todo el rato. el primer cigarro, la primera copa… Esa noche no se suelen oír cosas como “la primera media maratón del año”. No, tienen que ser cosas que demuestren que lo que nos gusta es empezar el año haciendo el mal. Los buenos propósitos ya, si eso, después de la resaca. La primera del año, por supuesto…

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¿A dónde huir? Puestos a tener este déjà vu inevitable, lo mejor es coger tus cosas e irte a Punxstawnwey con Bill Murray (Atrapado en el tiempo. Harold Ramis, 1993) a vivir a conciencia una verdadera repetición en el Día de la Marmota. Además, ese día es el 2 de febrero, así que todavía quedarán once meses para pensar dónde quieres huir antes del próximo fin de año.

  1. Tiene que ser la mejor noche.

Salir de fiesta para estar toda la noche haciendo cola en la barra y pasando miedo por el paradero de tu abrigo, por no hablar de la gente que no sale nunca y se guarda todo su afán alcohólico para esa noche especial. Has cenado tanto que el alcohol se absorbe y acabas hinchado y completamente sobrio, y piensas sin parar dónde se mete toda esta gente el resto del año o si existen turnos para salir y tú no te has enterado… ¡Qué manera de amontonarse la gente en tan señalada fecha! Quizá lo mejor sea empezar a celebrar los 9 de marzo, o los equinoccios de otoño. Eso sí, sin contárselo a nadie, que la gente con tal de celebrar…

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¿A dónde huir? Sin duda, vete a tu casa si sabes que no va a haber nadie y disfruta de tu propia versión de Solo en Casa (Chris Colombus, 1990) que, además, es muy navideño. Si no tienes la suerte de que se haya quedado vacía, siempre puedes marcharte al País de las Maravillas con el Sombrerero Loco o a Loompalandia con Willy Wonka. Vivirás experiencias psicodélicas aunque no hayas probado ni una gota de ese alcohol que has estado esperando toda la noche haciendo cola en la barra. La gente que habita estos países es rara, pero mucho más amable y menos pesada que los especímenes que podrías encontrar esa noche.

  1. El 1 de enero.

Los churros por la mañana. Con lo que cenaste, podrías aguantar tres meses sin probar bocado… entiendes que también existe la resaca de comida. También fumaste muchísimo, pero a partir de hoy, lo vas a dejar (o al menos, no comprarás). Empiezas una dura dieta a base de antiácido y lechuga, pero no te engañes, todavía queda la comida de Reyes, porque en este país somos muy de alargar todo lo que conlleve comer y beber. Cuando oigas a alguien diciendo que es más de Reyes que de Papá Noel, desconfía. Ir rodando a los sitios se convierte en el mejor medio de transporte después de tanto exceso.

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¿A dónde huir? Alejarte de cualquier tentación y dejar que la indigestión se pase es la mejor forma de empezar el nuevo año. Aprovecha para hacerle una visita a Matt Damon en Marte (The Martian) (Rydley Scott, 2015), las pocas patatas que haya podido cultivar dudamos que las vaya a compartir contigo. Tampoco sabemos cómo de estricto será con no fumar en su casa, o cómo está la Ley antitabaco en el Planeta Rojo, pero por muy permisivos que sean, la falta de oxígeno no te dejará encender el mechero y el poco que pueda haber, no es muy buena idea utilizarlo, así que es el lugar ideal para cumplir el propósito que llevas repitiendo todos los años.

  1. Los días sucesivos.

Las obligaciones de Año Nuevo no terminan el 2 de enero, ni siquiera el 3 o el 4. Deberás saludar a todo el mundo con un “Feliz año”. Pero, ¿y si no quiero que sean felices? ¿Cuándo se acaba el plazo para felicitar el nuevo año? ¿Por qué la Ley no regula todo esto?

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¿A dónde huir? Lo mejor en este caso es un lugar extremo y solitario. Os recomendamos que empecéis ya a hinchar globos y sigáis los pasos del Señor Fredricksen en Up (Pete Docter, 2009) y pongáis rumbo hacia las Cataratas del Paraíso. Eso sí, preparad una buena mochila porque este maravilloso paraje natural está basado en El Salto del Ángel, en Venezuela, así que el viaje será largo. Lo bueno es que, conforme vayáis avanzando os podréis ir quitando capas, porque será verano, es lo que tiene cambiar de hemisferio. Otra opción si no queréis tener tanto jaleo y preferís un viaje más cómodo, es coger el Polar Express (Robert Zemeckis, 2004) y poner rumbo al Norte. En cualquiera de los dos casos os libraréis de los compromisos del nuevo año y no tendréis a nadie a quien saludar.

María Jara y Marta Laso.

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