7 Cosas de las que no quieres volver saber nada después de Navidad

El tsunami de la Navidad se retira hasta el año que viene. Fechas que se pueden resumir en una sola palabra: exageración. Comida, bebida, reencuentros, amigos invisibles y villancicos, todo en cantidades obscenas que nos dejan un cuerpo de forma indefinida y estado indefinible, y una mente saturada de cosas de las que no queremos volver a saber nada más hasta dentro de un año (como mínimo).

  1. Comida.

A pesar de que tu nutrición diaria está basada en latas de atún y algo de pasta, es probable que tu resaca estomacal te haya obligado a ir a la verdulería para empezar la próxima dieta (infructífera) de la alcachofa, el puerro o la coliflor. Porque, otra cosa no, pero en Navidad, año tras año, comemos como si lo fuesen a prohibir: marisco, cocidos, canelones, turrones, mazapanes, cordero, chocolate… y así continuamos hasta bingo (tasado en un par de kilos, si no son tres). Pero, no sólo has probado manjares deliciosos, también has tenido que disimular tu angustia ante atrocidades culinarias que algún miembro de tu familia denomina “he querido hacer algo especial”: mezclas de sabores, texturas, países, temperaturas, colores…

bruce_comida

  1. La infancia.

Nuestros primos, hermanos y amigos más íntimos han decidido procrear y tú, tú simplemente sufres las consecuencias de sus actos. Ya sea con un terrible dolor de cabeza en tu sien, consecuencia de gritos y golpes (aunque no negaremos que podría estar motivado por la resaca, ya que sin niños, se sale), con la envidia de no ser ese niño que aún no ha visto el cuello blanco de Baltasar o con unos números rojos en tu cuenta corriente, porque el tío joven o la tía guay tienen que comprar un sinfín de regalos para esas pequeñas personitas a las que adoras y que, como no saben de dónde salen los regalitos que tienen bajo el árbol (y sus padres no se lo van a decir), piden lo más caro del mercado. Adiós a tu nómina. Además, probablemente te toque llevártelos a la Cabalgata de los Reyes Magos, para acabar tu saturación infantil rodeado de niños gritando y peleando por caramelos. Todo un martirio, pero, al fin y al cabo, por tu sobrino preferido, lo que haga falta.

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  1. La familia.

La familia, qué gran regalo. Aunque, a veces, esté envenenado. Esas reuniones familiares con abuelos, tíos, padres, primos, novios y novias de, y algún pariente de esos que nunca sabes qué pinta por ahí, todos sentados alrededor de suculentos manjares. Es en ese momento cuando comienzan los, aparentemente, inocentes comentarios sobre tu corte de pelo, tu estado civil, tu situación laboral y… ¡BOOM! Comienza la batalla a campo abierto de reproches ancestrales que sacan a relucir todos los trapos sucios de tu familia (entre ellos, los tuyos, obviamente). Escenas familiares que hacen que los Pollitt, de La gata sobre el tejado de zinc (Richard Brooks, 1958), o los Weston, de Agosto (John Wells, 2013), parezcan familias modélicas.

Familia

  1. La política.

Porque si de algo se ha hablado este año en Navidad es de política. Con las elecciones fresquitas y el país en un ay, sin saber si pactará la izquierda, si pactará la derecha, si pactarán todos o si repetiremos elecciones, cada uno tiene una opinión y todos necesitan expresarla. Así, las comidas y cenas familiares parecían más un debate electoral que un bonito día de reunión familiar. Tu abuelos, muy conservadores ellos, apuestan porque tiene que gobernar la lista más votada, que lo demás son inventos, como la idea de Carmena de sacar Reinas Magas en la cabalgata, ¡dónde se ha visto eso! Tu padres, mucho más progresistas que tus abuelos (especialmente en su época), están muy en defensa del PSOE, pero ¡ojo!, que también ellos discrepan. Tu madre cree que debe gobernar Pedro Sánchez con el apoyo de Podemos, mientras que tu padre es muy fan de Susana Díaz. Sin embargo, en las generaciones más jóvenes se atisba el cambio. Tu cuñado, que siempre lo sabe todo, aboga por un gran pacto de Estado entre las grandes fuerzas democráticas de nuestro país, España. Sí, él es de Ciudadanos y quiere regalarle el gobierno al PP. Y luego está tu hermana, con el puño en alto diciendo constantemente eso de “si se puede”. Ella, como buena militante de Podemos, está muy contenta con resultado y afirma, sin cesar, que el cambio ha llegado para quedarse. Y a ti, que te da todo igual, sólo te importa beberte el champán mientras el resto discute.

Política

  1. Los eventos.

Te has gastado todo el sueldo en diferentes eventos. Que si la cena de empresa, que si la comida de la clase del colegio, la universidad y hasta la escuela infantil. Que si la cena de primos paternos y la merienda (que estos tienen niños) de primos maternos. Que si el día de Nochebuena se sale; que si el día de Navidad también. Que si tu amigo ha vuelto de Londres y tu amiga de Berlín. Que si Nochevieja; que si Año Nuevo. Que si la despedida de tu amigo londinense y tu amiga berlinesa. Que si la Noche de Reyes es típico. Total, que no te queda ni el aguinaldo y tienes un estrés postvacacional del que no te recuperarás hasta febrero. Fecha en la que, previsiblemente, también superarás las resacas que has ido encadenando.

Eventos

  1. La música.

Molestos villancicos en casa, horribles hilos musicales en las tiendas, reaggeton en las discotecas, Raphael en concierto, las insufribles galas de Nochevieja en televisión, más reaggeton, tu vecino de 7 años tocando Jingle Bells con la flauta… Sí, son fechas para estar harto o harta de la música. Necesitas un poco de paz, de tranquilidad. No quieres volver a ver a tus padres poseídos por una energía sobrehumana sacando su lado más exótico para dedicarte un baile digno de la tribu más recóndita del planeta y, mucho menos, quieres que te vuelvan a hacer participar. Tus amigos y amigas llevan perreando y dándole al twerking desde la cena de empresa del día 17. Tú no puedes explicarte cómo no tienen agujetas. Y tus abuelos, con dos copas de vino, han bailado hasta el concierto de Año Nuevo. Tú a su edad fijo que te rompes la cadera imitándolos. Pues eso, que ya no queda más energía. Ahora necesitamos paz.

Eventos-Música

  1. Los spoilers

Especialmente hablamos del caso de La guerra de las galaxias. Episodio VII: El despertar de la fuerza (J. J. Abrams, 2015). Tú no la has visto. Con tanta fiesta, tanta resaca, tanto evento, tanta familia y tanto regalo, no te ha dado tiempo. Pero resulta que todo el mundo ya la ha visto y, como pasa con la política, todos tienen una idea muy formada que necesitan compartir. Has intentado no escuchar, cambiar de conversación o de grupo de interlocutores, pero aún así, no has podido evitar comerte más de un spoiler. Y si tu familia o amigos son muy freaks, probablemente ya no hace falta ni que la veas. Pero también te puede haber pasado con el final de la saga de Los Juegos del Hambre: Sinsajo, Parte II (Francis Lawrence, 2015), o con la segunda temporada de Fargo (Noah Hawley, 2014), al fin y al cabo, es cuestión de gustos. Deberías haber huído de aquellos que se leen avances y rumores de todo lo que se va a estrenar este año y te lo cuentan, a ti que vivías felizmente en la ignorancia. Nuestra recomendación es hacer borrón y cuenta nueva para empezar, hoy 7 de enero, el año con buen pie. ¡Feliz 2016!

explosion2.0

Milena Cañas y Alejandro Piera.

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