Estrellas sin foco

Sus voces han acompañado a las bandas más míticas de la música y sin embargo, están fuera del punto de mira y de todo reconocimiento. Pocas veces, por no decir nunca, sabemos sus nombres o nos quedamos con sus caras.

A 20 pasos de la fama (Twenty Steps from stardom, Morgan Neville, 2013) es un homenaje, pero también el pago a la deuda con el papel importantísimo de estas grandes voces, mayoritariamente femeninas y de origen afroamericano, a lo largo de la historia de la música. Con la combinación de imágenes de archivo de conciertos, entrevistas a las protagonistas y a artistas como Bruce Springsteen, Mick Jagger, Stevie Wonder y productores musicales, este oscarizado documental es un recorrido musical a partir de los años 60’ en el que las protagonistas son las voces de las integrantes de los coros que acompañan a los artistas en el escenario.

Merry Clayton, Lisa Fischer, Darlene Love, Judith Hill, Tata Vega, The Ikettes, The Waters o Claudia Lennear y muchísimas más que no quisieron aparecer en el documental para mantener el anonimato, son los nombres que están detrás de Bruce Springsteen, Stevie Wonder, The Rolling Stones, Tina Turner, Aretha Franklin, Michael Jackson, Sting, Ray Charles y, en definitiva, de algunos de los artistas musicales más importantes desde la segunda mitad del siglo pasado hasta la actualidad. También están detrás de sintonías televisivas o de personajes y de bandas sonoras de cine. Por ejemplo, La voz de Tata Vega es la que suena en las escenas musicales del personaje de Shug Avery en El Color Púrpura (Steven Spielberg, 1985) y en las versiones en español de la canción El Ciclo sin Fin de El Rey León (Rob Minkoff, Roger Allers, 1994), Lisa Fischer ha cantado temas principales de películas tan conocidas como Sister Act 2: De vuelta al convento (Bill Duke, 1993) y el sonido de la naturaleza de Avatar (James Cameron, 2009) sale de las armonizaciones vocales del conjunto vocal The Waters.

El documental indaga, además, en los orígenes musicales de estas cantantes: El góspel. Este interés por la música y la armonización, su oído musical, ritmo e intuición para crear improvisaciones tienen su raíz en este género musical, cantado en las iglesias afroamericanas y nacido del espiritual negro, que tiene toda su personalidad y fuerza en los coros y en las armonías creadas.

En los años 60, The Blossoms fueron las primeras coristas negras que entraron en un estudio de grabación. Hasta entonces todas eran mujeres blancas y las llamaban “las lectoras”. Las nuevas coristas, no solo leían y aprendían la canción, sino que le daban vida, fuerza y personalidad al Rythm & Blues, género para el que fueron indispensables en esa década y las posteriores.

Sus voces no solamente tienen la función de acompañar y armonizar la melodía principal, sino que, si nos fijamos bien, hay ocasiones en las que el estribillo, el que todos recordamos, la parte más pegadiza, suena de boca del coro y no de la voz principal como, por ejemplo, en I say a little prayer, de Aretha Franklin. Aquí comprobaréis que la parte que todos conocemos, y que seguro habéis cantado alguna vez como si fuerais las damas de honor de La boda de mi mejor amigo (P.J. Hogan, 1997) es, en este caso, la de los coros.

Durante esa década y la siguiente, también llegaron los grandes del rock inglés. Los Rolling Stones, Joe Cocker o, más tarde, David Bowie con el disco Young Americans, 1975, con el que consiguió el éxito americano gracias a su estilo soul y apoyado por grandes coristas. En los inicios de este género, las coristas, mayoritariamente blancas, intentaban imitar las voces negras, hasta que las verdaderas voces negras se hicieron también dueñas de este estilo.

El papel de los coros evoluciona con la música y con la llegada del rock también llegó una mayor libertad para ellas. Sus voces están presentes en algunas de las canciones más famosas de la historia de la música y no solo eso, sino que, sin su importantísimo papel, muchas canciones no serían tal y como las conocemos ahora. Una muestra de ello es la canción Gimme Shelter. Los Rolling Stones buscaban una voz femenina para la frase “Rape, murder! It’s just a shot away” (¡Violación! ¡Asesinato! Están sólo a un tiro de distancia). Merry Clayton (luego sería Lisa Fischer, que desde 1989 acompaña a los Rolling Stones en sus giras más importantes) fue la elegida para grabar con ellos. Vio que podía hacer algo más por la canción, así que no se contuvo y empezó a cantar el resto de la canción con Mick Jagger. El resultado fue extraordinario y esa versión se quedó hasta nuestros días.

La llegada de los años 90 supuso un claro declive para la figura de estas cantantes ya que, prácticamente, no se hacían grandes sesiones de grabación y muchos artistas prescindieron de estas voces en sus discos y conciertos, por lo que muchas de ellas dejaron de dedicarse a la música.

A una buena corista siempre se le pide que cante como los ángeles, que no se atribuya méritos y que se vaya pronto a casa”. Así se define en el documental el papel atribuido a las coristas. Un papel difícil para ellas. Todo el trabajo, ningún reconocimiento. Para muchas, ser parte del coro era algo pasajero hasta poder grabar en solitario. Todas las profesionales que aparecen en el documental llegaron a grabar como solistas, unas porque era su objetivo, como Darlene Love, que tras pasar por The Blossoms hizo carrera en solitario, otras porque les llegó la oportunidad, como a Lisa Fischer, que llegó a ganar un Grammy.

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Hoy, casi todas ellas siguen en activo, dando conciertos como solistas y cantando en la parte de atrás del escenario o incluso combinando ambas cosas. Es una pena que se maneje el concepto de éxito como sinónimo de fama y que ésta sea una condición para el reconocimiento. En este sentido, este documental es una reivindicación de una profesión dentro de la música, considerada, lamentablemente, de segunda. Todas las mujeres que lo protagonizan tienen una larguísima carrera, una voz y un talento que sobrepasa al de muchos artistas que concentran la atención mediática, han superado numerosas dificultades e incluso han tenido que plantar cara a unos cuantos productores sinvergüenzas. Queda sobradamente demostrado que hay mucha dignidad y valía en la parte de atrás de los escenarios, aunque sea a veinte pasos de la fama.

María Jara

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