Paz Errázuriz, la fotógrafa de los olvidados

Para entender la obra de Paz Errázuriz, hay que profundizar en la convulsa historia reciente de su Chile natal, marcada por el golpe de estado de Pinochet, que sumergiría al país casi 20 años de penosa dictadura. Esto supuso el empobrecimiento de una sociedad en la que la falta de libertad y el terror institucionalizado serían sus rasgos más característicos.

En aquel momento ser mujer y armarse con una cámara no debía ser tarea fácil. Pero esto no supuso ningún obstáculo para la joven Paz, que se lanzó a las calles para retratar sin pudor los rostros de la miseria que asolaba el país. Para ella, lo importante son las historias que se esconden en los barrios, plazas y casas de su maltratado país.

No es sólo un testigo mudo de la realidad social del país, sino que durante la dictadura forma parte activa de los círculos artísticos opositores al régimen. En 1981 se convierte en una de las propulsoras la Asociación Independiente de Fotografía, con el objetivo de poner en evidencia las duras condiciones que imponía en las calles el régimen de Pinochet.

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Su fotografía es completamente antropocéntrica. Los hombres y las mujeres que pueblan Chile son la medida de su arte. Los retratos, su mejor medio de expresión. Y no lo hace desde un punto de vista condescendiente, sino con la más absoluta horizontalidad. Mira a los ojos a los protagonistas de sus fotografías, estableciendo unos lazos con ellos que serán los que propicien la naturalidad de sus retratos.

La mayor parte de su obra está realizada en un blanco y negro cargado de matices, que acentúa las miradas de aquellos a los que retrata. Errázuriz aprendió fotografía de manera autodidacta. Cuando era pequeña se empezó a interesar por esta disciplina y, posteriormente como licenciada en educación trabajó realizando fotografías para publicaciones de este campo. Sin embargo la realidad social captaría toda su atención, llevándola a desarrollarse como una sobresaliente fotógrafa documental.

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Hasta el 28 de febrero, la Fundación Mapfre acoge una extensa muestra de la obra de la chilena, en la que se tratan varios de los temas principales en torno a los cuales ha girado su carrera.

Los Dormidos

Esta serie de fotografías constituyó su primer acercamiento a los más desfavorecidos de la sociedad chilena. Errázuriz recorre las calles de Santiago retratando a aquellos que duermen en bancos, aceras o parques, ociosos, sin nada con lo que llenar su vidas.

Se trata de una serie cargada de espontaneidad, y cierta improvisación al tratarse de sus primeros bocetos sobre los que más tarde daría forma a una sólida y dilata trayectoria. A pesar de que la técnica de la chilena se perfeccionaría con los años, su obra siempre mantuvo algo de estos primeros experimentos en los que las personas y su entorno serían los protagonistas absolutos.

La prostitución

Paz Errázuriz siempre ha mostrado un claro interés por la parte humana que se esconde tras los lugares donde se ejerce la prostitución y, por supuesto, por sus protagonistas. En un primer momento, Errázuriz recorre los burdeles en los que los transexuales se prostituyen y su única obsesión es retratar a las personas que se esconden tras el maquillaje y las lentejuelas. Esta serie se llama La costilla de Adán y en ella, una vez más, el retrato es su mejor arma para llegar a la intimidad de los que posan para ella.

En una segunda serie, la fotógrafa recorre varios prostíbulos de la frontera de Chile con Bolivia acercándose a las mujeres que trabajan en ellos. A través de estas imágenes podemos ver un retrato de la prostitución en el cual la familiaridad entre clientes y prostitutas es un denominador común. La serie Las Muñecas, en referencia al nombre del burdel, es un ejercicio de entendimiento hacia las condiciones en las que estas mujeres trabajan. Sin moralinas ni juicios de ningún tipo, a Errázuriz solo le interesan las personas.

El circo y los luchadores

Con estas series, la fotógrafa busca acercarse a quienes viven al margen de las convenciones sociales. Un ejemplo de ello es el acercamiento que realiza a la vida de los luchadores ambulantes que recorren los pueblos y ciudades del país incansablemente. Se podía pensar que se trata de seres apartados de la sociedad, con un extraño modo de vida, pero nada más lejos de la realidad. Frecuentemente sus esposas e hijos les acompañan en sus vidas nómadas. Los retratos de los luchadores representan la paradójica fragilidad de quienes se ganan la vida aparentando ser fuertes.

Algo similar ocurre con los fotografíass que Errázuriz realiza mientras acompaña a un circo con muy pocos recursos en su viaje por el país. Personajes destinados a hacer reír y disfrutar al público, cuyas miradas reflejan soledad y cansancio por tantos kilómetros recorridos.

Los psiquiátricos

En su búsqueda de las realidades escondidas, Paz Errázuriz recorre varias instituciones psiquiátricas en Chile. Allí retrata las relaciones humanas que surgen entre los internos, más allá de la etiqueta de “locos” que la sociedad les ha impuesto. En la situación de abandono que mucho de ellos se encuentran, las personas que les rodean son la única esperanza que les queda. Y muchos de ellos incluso se enamoran.

Por otro lado, las fotografías que la chilena toma en estas instituciones también sirven de medio de denuncia de las condiciones en las que viven los internos. Una de las series que realiza en las duchas de mujeres de un psiquiátrico pone en evidencia el abandono institucional y familiar que sufren estas personas. Unas duchas en estado lamentable con las paredes y los suelos completamente sucios ejemplifica esta situación, mientras los cuerpos desnudos de las mujeres muestran que no existe ninguna diferencia entre las que habitan dentro y fuera de esos muros.

La vejez

El paso del tiempo es un tema recurrente en la obra de Paz Errázuriz. Desde el crecimiento de su hijo Tomás recogido en una serie de fotografías que se muestran en forma de vídeo, hasta su preocupación por las condiciones de vida de los mayores, los efectos del tiempo siempre han estado presentes en su fotografía.

Dentro de la muestra se encuentran varias colecciones dedicadas a las personas mayores. Por un lado, una serie de retratos muestras sin tapujos los cuerpos desnudos de distintos ancianos, marcados por el paso de los años. Son retratos alegres y melancólicos al mismo tiempo: no existe nada de qué acomplejarse, pero es inevitable cierta tristeza por los tiempos que ya se fueron.

Por otro lado, una serie de retratos en clubes de tango donde personas de cierta edad acuden a divertirse, conforman una visión del ocio en las últimas etapas de la vida. Las personas mayores tienen derecho a divertirse, su vida no tiene que quedar relegada a la soledad del hogar donde ahogarse en su propia tristeza. Se trata de una reivindicación absolutamente optimista de la ancianidad.

Paz Errázuriz es, sin duda, uno de los referentes más interesantes de la fotografía documental latinoamericana. Su sensibilidad a la hora de enfrentarse a lo catalogado como marginal crea un escenario en el que todas las realidades tienen cabida sin reproches morales. Su obra nos enfrenta a las duras condiciones de vida en un Chile del que nunca se ha separado convirtiéndose en uno de sus testigos más importantes.

Marta Laso.

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