7 Bandas Sonoras que te llevarán al psiquiatra

Musicoterapia, una práctica empleada desde la prehistoria hasta nuestros tiempos que utiliza la música para facilitar la expresión, las relaciones y calmar la mente… o desquiciarla. La influencia que la música tiene en nosotros es evidente desde tiempo inmemorables, de ahí la importancia de las bandas sonoras en el cine, televisión o videojuegos que nos sitúan en la historia, adelantan acontecimientos y apoyan la emoción (en los peores casos, cuando sin ella no habría emoción alguna). ¿Pero qué pasa cuándo la banda sonora tiene vida propia? ¿qué pasa cuando las historias que las inspiran son oscuras, irritantes, nostálgicas o aterradoras? Os presentamos 7 bandas sonoras de ficción que os llevarán directamente al diván del psiquiatra con…

  1. Un brote psicótico: Funny Games (Michael Haneke, 2007)

Funny Games, el macabro thriller que hace apología del característico (y traumatizante) estilo de Haneke, nos muestra el escenario de unas vacaciones familiares interrumpidas por unos vecinos con un perturbado sentido del juego. Haneke apoya la atmósfera desquiciante con las canciones de un grupo que parece haberlas hecho a medida para la película: Naked City (1988-1993). Estos vanguardistas newyorkinos liderados por el compositor y saxofonista John Zorn, se inician como un taller experimental de composición e improvisación musical cuyas creaciones forman un collage de elementos del rock, country, hardcore, jazz o heavy metal entre otros. Para volverse loco, vamos. El estilo explosivo de Naked City no consigue el agrado de cualquier público, pero Michael Haneke vio en los temas Bonehead y Hellraiser (del disco Torture Garden, 1990), la expresión perfecta para situarnos en las cabezas de los patológicos y enfermizos personajes de Funny Games. Sin duda dio en la diana para desquiciarnos a nosotros.

  1. Con un trastorno obsesivo compulsivo: Alvin y las ardillas (Tim Hill, 2007)

Un tick en el ojo. O ese movimiento incesante de tu pierna derecha que hace temblar la mesa del comedor. Repetir determinadas palabras, tocar objetos en tiempo récord y dejar de pisar las rayas pueden ser las consecuencias de escuchar la versión de Funkytown (Lips, Inc., 1979) de Alvin y las ardillas (Tim Hill, 2007). Es más, cualquier canción versionada por Alvin y las ardillas, especialmente del género disco, tiene efectos secundarios graves. El éxito de Funkytown en las discotecas ochenteras y su posicionamiento como número 1 en países como Alemania, Austria o Suiza entre otros, han dado lugar a diferentes versiones de la canción, como la del grupo austríaco Pseudo Echo (hecha en 1986), la de la cantante tejana Selena (en 1995) o Soul Wax (en 2005), además de incluirse en la también película de animación Shrek II (Andrew Adamson, Kelly Asbury y Conrad Vernon, 2004), con bastante más acierto que en Alvin y las ardillas. Las voces metalizadas de las ardillas unidas al funky disco nos obsequian con una cantidad de agudos que te dejaran con un millar de neuronas menos tras escucharla. No te la pongas muy alta.

  1. Con un ataque de pánico: Elfen Lied (Lynn Okamoto, Momoru Kanbe, 2004)

De la pérdida de neuronas al terror psicológico. La banda sonora del anime Elfen Lied, basado en el manga del mismo nombre creado por Lynn Okamoto dos años antes, nos pone los pelos de punta desde su primera nota. Acertadísima creación de los compositores Kayo Konishi, Yukio Kondō y Moka para una historia cruda sobre una hipotética realidad donde una mutación del ser humano debe convivir con el resto. Violenta, gore y terrorífica, su banda sonora describe lo que promete la serie de televisión, sobrecogiéndonos sin necesidad de saber nada sobre la historia, simplemente pulsando el play, en este caso del tema Jōzai.

  1. Con dependencia emocional: Cheers (James Burrows, Les Charles, Glen Charles, 1982)

Un “ohhhh” acompañado de unos ojos brillantes de enamorado es la reacción más común cuando oímos esta mítica canción de apertura de la serie estadounidense Cheers. Una canción que nos traslada a nuestra infancia o tiempos mozos, y nos hace entrar en aquel bar y escuchar ese “¡Norm!” con la entrada del mejor cliente de la ficción. La serie contribuyó a la popularización de su tema principal Where Everybody Knows Your Name (Gary Portnoy, Judy Hart Angelo, 1982), que incluso fue nominado a los Emmy en 1983, además de haber sido votada como la mejor canción de la televisión de todos los tiempos en varias revistas. La verdad es que la canción transmite nostalgia por sí sola, con que si hemos visto la serie, estamos ya con un nudo en la garganta.

  1. Con psicosis: Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960).

Imposible no incluir en esta lista el maravilloso trabajo del compositor newyorkino Bernard Hermann, creador no sólo de la banda sonora original de Psicosis, sino de tantas otras obras maestras como las de Vértigo (Alfred Hichcock, 1958), Ciudadano Kane (Orson Wells y Herman J. Mankiewicz, 1941) o las oscarizadas bandas sonoras de El hombre que vendió su alma (William Dieterle, 1941) o Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976). Su trabajo exhaustivo y minucioso en cada una de sus películas y su visión sobre la función de la banda sonora cinematográfica como reflejo de lo que no se ve directamente en pantalla, lo convierten en uno de los referentes en su profesión. En el caso de Psicosis, esto se materializa en la escena en la que la actriz Janet Leigh va conduciendo en el coche acompañada por una música desconcertante, que adelanta el mal camino que van a tomar los acontecimientos o incluso la inquietud interior del propio personaje. Bernard Hermann apuesta por el ritmo acelerado de los violines que simulan las violentas cuchilladas en la ducha. Un trabajo escalofriante cuyas notas nos convencen de que algo está al acecho.

  1. Con pensamientos suicidas: Suicide Mouse

Recomendamos leer este párrafo antes de ver el siguiente vídeo. Llegamos al punto más oscuro de toda la lista, la leyenda de un vídeo en el que la banda sonora se hace fundamental, y lo es precisamente por los supuestos sucesos que lo rodean. Como en todas las leyendas, la información que circula sobre ésta es confusa y no está confirmada por fuentes oficiales, pero el impacto que produce no deja indiferente a nuestra selección de músicas desconcertantes, sea cual sea su procedencia real. Podemos encontrar diferentes versiones acerca de la historia de Suicide Mouse, una cinta teóricamente datada alrededor de los años 20 o 30 y teóricamente perteneciente a la factoría Disney. Teorías que se cruzan donde el hilo principal del que podemos tirar nos remite a un vídeo hecho para el Proyecto MK ultra de la CIA de EEUU, un proyecto secreto con el que se perseguía el control de la mente a través de diferentes experimentos, entre ellos (adivinad), este vídeo que se habría encargado a Disney. Supuestamente años después, para conmemorar el aniversario de Mickey Mouse, el editor Leonard Maltin encontró el vídeo revisando material inédito del personaje, pero lo abandonó dos minutos antes de que acabase, incapaz de continuar, pidiéndole a un compañero que lo hiciese por él. La leyenda llega a su punto clave con el suicidio de este último hombre, tras ver los dos minutos finales. Se dice que el vídeo que tienen a continuación, es una recreación hecha a partir de los comentarios anotados en esa revisión. Además de lo extraño de la imagen, la banda sonora cuenta con un fondo de piano, que da paso a sonidos extraños, silencios y gritos aterradores. Sea quien sea su creador, no podemos negar que independientemente de la leyenda, escucharlo es perturbador.

  1. Con un trastorno afectivo: Lava (James Ford Murphy, 2014).

Para los valientes que se hayan atrevido a ver el vídeo y los cobardes que preferimos pasar al siguiente punto, os dejamos con una alegre, pegadiza y polémica canción, estrenada junto a la fabulosa Inside Out (Pete Docter, Ronnie Del Carmen, 2015): el cortometraje Lava. No es que la canción tenga nada de polémica en sí, sino que el público no se pone de acuerdo en cuanto a lo que siente al escucharla: ¿nos conmueve? ¿nos repele? ¿nos inspira? ¿suspiramos de amor? ¿acabamos hasta los mismísimos? Es polémica porque sólo plantearlo desencadena polémica. Sin duda, un encontronazo de emociones que nos deja desamparados y perdidos, pero eso sí: cantando el estribillo.

Milena Cañas.

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