Un beso en la frente

Un día, Esther va paseando por la calle y presencia un escena en la que una chica, muy orgullosa de sí misma, se mete en un coche conducido por un hombre. Hasta ahí todo normal, pero el contexto cambia por completo cuando la madre de la chica aparece en la escena, desconsolada, pidiéndole a su hija que no se monte en ese coche, porque el hombre con el que se va terminará matándola. Y Esther se quedó paralizada, no supo cómo reaccionar ante el dolor de una madre por saber que su hija estaba siendo maltratada.

Esther del Brío, la autora de la novela gráfica Un beso en la frente cuenta que este fue el estremecedor desencadenante de la necesidad de escribir un libro con el objetivo de contribuir a dar visibilidad a esta lacra que sólo en lo que va de año, le ha costado la vida a 6 mujeres. Esther forma parte el CEMUSA, el Centro de Estudios de la Mujer de Universidad de Salamanca, desde 2007 por lo que conoce de cerca los problemas a los que se enfrentan diariamente las mujeres por el simple hecho de serlo.

portada

En una de las frecuentes noches de insomnio de la autora, en las que no dejaba de pensar en el episodio presenciado en la calle, no podía dejar de darle vueltas a las consecuencias de la decisión por parte de aquella mujer que decidió montar en aquel coche. ¿Estaría bien? ¿Se habría convertido en otra víctima en silencio? Esther pensó en que probablemente a esa mujer también le costara dormir, igual que a ella. De ahí surgió la idea de la novela, en la que se puso a trabajar para ficcionar todas las ideas que iban llenando sus noches de insomnio.

Así surgió la historia de Ana, una mujer normal que un día se dejó llevar por un hombre que se convertiría en su peor pesadilla, Víctor. Esther decide que la mejor forma para llevar a cabo su historia es la novela gráfica por lo que se pone manos a la obra para encontrar a un ilustrador con el que colaborar. Y encontró a Pilar Vega, que hizo suya la historia para reescribirla a través de sus dibujos.

La historia es una metáfora de las condiciones por las que pasan las mujeres que viven una situación de maltrato prolongada en el tiempo. Un día, tras ocho años de infeliz matrimonio, Ana recibe una paliza que la deja en coma, en una situación de semiinconsciencia, aislada del mundo, incapaz de comunicarse pero siendo consciente de cómo la vida continua a su alrededor. Postrada en una cama, con los ojos entreabiertos, ve cómo su hija se hace mayor sin poder intervenir en su vida.

noPuedoDormir

El patrón de conducta habitual por parte de los maltratadores pasa por aislar a sus víctimas para que, por vergüenza o miedo no busquen ayuda o comprensión y, de esta manera ejercer una postura de mayor dominio sobre ellas. En la historia, el coma supone la evidencia de este aislamiento, llevándolo un paso más allá.

Desde el punto de vista del diseño de la novela, las ilustraciones guían al lector en la interpretación de la historia. El texto cuenta, por un lado, el momento actual, en el que Ana está postrada en una cama mientras sus familiares hacen guardia junto a ella. Por otro lado, se cuentan los recuerdos del infierno que vivió junto a Víctor y que explican cómo ha llegado a la situación en la que se encuentra. De esta manera, Pilar Vega interpretó la historia de tal manera que las páginas que hablaran del presente, del coma fueran blancas y aquellas que representan los recuerdos, negras. Además, todo aquello en lo que interviene el maltratador, está representado con un diseño rayado: desde el primer beso que le da en la frente, hasta las lágrimas que provoca en Ana.

primerGolpe

A lo largo de la historia, las ilustraciones también hablan un lenguaje metafórico. Pilar buscaba mostrar al lector el infierno que vive Ana en su día a día de una forma conceptual y minimalista. Un cucurucho en el suelo, reflejado en una lágrima por el primer golpe recibido es un ejemplo de ello. Sin embargo, cuando la historia avanza y la situación se intensifica, también lo hacen las imágenes que la acompañan. En un punto de la novela, Ana recibe un brutal ataque en un taxi. La ilustración en este punto se endurece, haciendo que el golpe sea capaz de trascender de las páginas del libro y produzca en el lector el impacto necesario para empatizar con la protagonista.

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Como ocurre siempre en estos casos, las víctimas más vulnerables son los hijos. Eva, la hija de Ana da buena cuenta de ello. Condenada por su padre a crecer sin el apoyo de su madre, testigo directo de una violencia que su mente ha bloqueado y prefiere no recordar. Eva permanece al lado de su madre en todo momento, de la misma manera que su abuela, Gracia. Tres generaciones de mujeres unidas en la desgracia que luchan, cada una a su manera, para sobreponerse al episodio más traumático de sus vidas.

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Un beso en la frente cuenta una historia dura y, desgraciadamente, demasiado verosímil en nuestra sociedad. Sin embargo esconde un mensaje optimista, por un lado, al tratar de empatizar y dar voz a las mujeres que están silenciadas y, por otro, transmitiendo un mensaje de lucha por salir de ese limbo en el que se las obliga a vivir.

Los derechos de autor de la obra se han decido a diferentes asociaciones de apoyo a las mujeres maltratadas, con el objetivo de contribuir a la independencia económica de sus usuarias, ya que, como Esther reivindica, es fundamental que exista una buena educación económica hacia las mujeres para evitar la dependencia de sus verdugos y favorecer sus vías de denuncia y emancipación.

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