#OscarsSoWhite y otras discriminaciones

Mucho se ha hablado, desde hace ya varias semanas, sobre la polémica del #OscarsSoWhite, de la que ya se ha dicho casi todo. Para aquellos no iniciados, resulta que la Academia de Hollywood ha decidido nominar a una veintena de actores blancos, en sus categorías de interpretación, por segundo año consecutivo. Pero no sólo queda ahí la cosa: ningún director afroamericano entre sus nominados; ninguna película que no cuente una historia de gente blanca ha pasado el corte de Mejor Película; y tampoco mejora la cosa en la terna de guionistas. A pesar de esto, la Academia si que ha intentado dar visibilidad a sus miembros afroamericanos con, por el ejemplo, el Oscar Honorífico para Spike Lee o eligiendo a Chris Rock como presentador de la gala.

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Los afroamericanos representan el 12’5% de la población estadounidense, por lo que no se entiende cómo esta minoría, tan maltratada en el pasado (y no tan pasado), no consigue una representación considerable, ya no sólo en un evento tan vacuo como los Oscars, sino en la propia industria de Hollywood, así como en cualquiera de los estamentos de la sociedad norteamericana.

Esto ha llevado a numerosas personalidades del mundo del espectáculo a criticar a la Academia. Jada Pinkett Smith, esposa de Will Smith, fue la primera que se encargó de llamar a sus compañeros al boicot de los Oscar. Will Smith se apresuró en apoyar a su esposa. Algunos, como Janet Hubart, la antigua tía Viv de El príncipe de Bel Air (Andy Borowitz, Susan Borowitz, 1990-1996), acusaron a los Smith de tener un poco de pelusa por no haber conseguido una nominación para Will, gracias a su papel en La verdad duele (Peter Landesman, 2015). Pero, son muchos más los que han apoyado el discurso y las acciones de la pareja. Entre ellos, personalidades de color como Lupita Nyong’o, John Boyega, Viola Davis, David Oyelowo, Ava DuVernay, 50 Cent o Spike Lee, quién no recogerá su Oscar Honorífico en la ceremonia del próximo 28 de febrero (a pesar de que sí lo recogió en la ceremonia anterior). Otros actores blancos se han sumado a las críticas, como George Clooney, Matt Damon o Mark Rufalo, quién, en un primer momento, afirmó que no asistiría a la ceremonia, sumándose al boicot, aunque finalmente, ha desestimado esa idea y sí acudirá a la gala en la que podría alzarse con el Oscar al Mejor Actor de Reparto por su papel en Spotlight (Tom McCarthy, 2015). Otros actores, como Whoopi Goldberg, Michael Caine, Charlotte Rampling o Clint Eastwood, se han situado en contra del boicot, e incluso han llegado a frivolizar sobre la polémica, lo que les ha acarreado numerosas críticas negativas.

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Con toda la polémica en marcha, la presidenta de la Academa, la afroamericana Cheryl Boone Isaacs, ha declarado que se siente “afligida y frustrada por la falta de inclusión” y ha afirmado que “ya es hora de que haya grandes cambios”. Así, la Academia se apresuró en tomar medidas para evitar que, de cara al año que viene, la que será la edición número 89, suceda lo mismo. Entre las medidas más destacadas, aumentar el número de miembros afroamericanos, con el objetivo de llegar a una representación real de la población norteamericana, además de ir retirando la membresía a aquellos profesionales que lleven tiempo inactivos y no hayan sido nominados nunca a un Oscar. Con ello se quiere acabar con la afirmación de que el votante medio de la Academia es un hombre, blanco, de alrededor de 70 años, rejuveneciendo la organización e introduciendo muchas más mujeres y afroamericanos. Actualmente, el 84% de los miembros de la Academia son blancos, y el 77% son hombres.

Pero con la polémica creada por el ninguneo a los profesionales del cine afroamericanos, se acallan otras injusticias. Así, a pesar de que la población latina es del 16’4% (se espera que en 2020 haya superado el 21%), los profesionales latinos tampoco consiguen el reconocimiento de la Academia, salvando la presencia del todopoderoso Alejandro González-Iñárritu. Pero los Oscar no sólo son racistas. Tampoco las mujeres, más del 50% de la población mundial, salen bien paradas en la Academia. De un total de 210 nominados, sólo 51 son mujeres, mucho menos de la mitad, y teniendo en cuenta que diez de esas nominaciones pertenecen a categorías exclusivamente femeninas (Actriz Protagonista y Actriz de Reparto). ¿Y qué pasa con las visiones no heterosexuales de la vida y la realidad?

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La Academia tiene problemas que no puede solucionar con cuotas, sino que debe solucionar con medidas que tengan que ver con la base de sus votantes, que ayuden a visibilizar el trabajo de las minorías (y no tan minorías) y que sean didácticas en lo que ha igualdad se refiere. La industria está cambiando. Hay esperanza. Pero, éste era un año para innovar. Podría haber sido el año de la “nueva” Academia. Era un año en el que se podría haber premiado una película tan arriesgada como Carol (Todd Haynes, 2015), un drama lésbico contado como si fuese un film clásico. También era un buen año para nominar a directoras como Sarah Gavron (Sufragistas) o Marielle Heller (The Diary of a Teenage Girl). También entre los que la Academia considera los mejores guiones del año, nos hubiese gustado ver más trabajos impulsados por mujeres, como Amy Schumer, Y de repente tú (Judd Apatow, 2015); Annie Mumolo, Joy (David O. Russell, 2015); o Greta Gerwig, Mistress America (Noah Baumbach, 2015). O podrían haber arriesgado un poco más en las categorías interpretativas y nominar, además de a Idris Elba, Abraham Attah, Will Smith o Jason Mitchell, a latinos tan de moda como Benicio del Toro, por Sicario (Denis Villeneuve, 2015), u Oscar Isaacs, por Ex Machina (Alex Garland, 2015). Entre ellas, en vez de tener cinco nominadas nacidas entre el ’85 y el ’94, podrían haber engrosado las listas de veteranas estrellas como Jane Fonda, Lily Tomlin, Maggie Smith, Blythe Danner o Helen Mirren, que este año nos han regalado interpretaciones memorables. Además, la Academia podría haber hecho historia nominando a Kitana Kiki Rodríguez o Mya Tyalor, ambas transexuales y protagonistas de Tangerine (Sean Baker, 2015), una de las mejores películas del año y mucho más inclusiva, divertida y trans que La chica danesa (Tom Hooper, 2015).

Alejandro Piera.

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