El arte de la sinestesia

¿Qué pasa cuando sientes el olor de un número, el timbre de una letra o el color de un nombre? Probablemente, que piensen que no estás muy bien de la cabeza. A menos que les haya pasado o que sepan lo que es la sinestesia. “Sinestesia”, asociación de una sensación a un sentido con el que no se corresponde o esa extraña razón por la que sabes que el número dos es de color rojo y eso es así. La capacidad de ver más allá de lo inmediato, y sobre todo, de sentir. Sentir el sonido de un sabor, el gusto de un paisaje… ¿imagináis el mundo de posibilidades si lo aplicamos al arte? ¿o ya se le había ocurrido a alguien?

Algunas comunidades científicas como la de la Universidad de California, sostienen que este fenómeno se debe a un fallo en las conexiones del cerebro, y sin embargo, fallo o no, la realidad es que la sinestesia es una fuente de creación y hay un número sorprendente de artistas “sinestésicos”. Todos aprendimos en el cole lo que era la sinestesia como figura retórica. Pues como podéis imaginar, ese recurso aparece a raíz de ese fallo maravilloso del cerebro, el mismo que le hace a Arthur Rimbaud (1854-1891) en la época del simbolismo, no sólo ver cada vocal de un color, sino sentirla de una manera diferente, asociándolas a conceptos, imágenes o emociones.

A negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales

algún día diré vuestro nacer latente:

negro corsé velludo de moscas deslumbrantes,

A, al zumbar en tomo a atroces pestilencias,

calas de umbría; E, candor de pabellones

y naves, hielo altivo, reyes blancos, ombelas

que tiemblan. I, escupida sangre, risa de ira

en labio bello, en labio ebrio de penitencia;

U, ciclos, vibraciones divinas, verdes mares,

paz de pastos sembrados de animales, de surcos

que la alquimia ha grabado en las frentes que estudian.

O, Clarín sobrehumano preñado de estridencias

extrañas y silencios que cruzan Mundos y Ángeles:

O, Omega, fulgor violeta de Sus Ojos.

Arthur Rimbaud, Vocales, 1870-1871

En música, Aleksandr Scriabin presumía de oír colores y de hecho en su obra Prometheus: el poema de fuego (1910) hizo construir un órgano que emitía luces de color según la nota que sonase, tal y como él las veía. Su “círculo de quintas” muestra su visión (¡que por cierto coincidía casi totalmente con la del compositor sinestésico Rimski-
Kórsakov!). En pintura, el caso de Wassily Kandinsky (1866-1944) es la máxima expresión de la sinestesia: después de seis meses trabajando en su VI Composición (1913), una pintura abstracta que pretendía evocar el bautismo, la inundación, destrucción y renacimiento y en la que no conseguía avanzar, su compañero Gabriele Münter le hizo ver que estaba racionalizando demasiado los conceptos y le animó a pintar sintiendo el sonido de la palabra “inundación” y las imágenes que le llegaban con ella. Este fue el resultado:

IMAGEN 1_Kandinsky

Con la aparición del cine, a la creación sinestésica se le atribuye el movimiento. Oskar Fischinger (1900-1967) defiende el cine sinestésico como el arte verdadero y completo, donde confluyen todas las artes, hablando de “poesía óptica”, “ojomúsica” o “danza ornamental”. En su pieza Circles (1933), la imagen describe el Venusberg Ballet de la ópera Tannhäuser (Richard Wagner, 1845), asociando las notas a formas geométricas, texturas, colores y el ritmo al movimiento.

En el cine más reciente, con películas como El solista (Joe Wright, 2009), no sólo encontramos la historia de un músico sinestésico, sino que encontramos escenas en las que directamente visualizamos lo que él siente.

IMAGEN 2_el solista

La sinestesia está muy abrazada a las vanguardias en todas las artes (de hecho, si echamos la vista atrás en el artículo veremos que muchos de los autores sinestésicos son efectivamente vanguardistas). Es decir, se toma como una forma de expresión máxima y experimental consciente. En otros casos, aunque los autores son conscientes de ser sinestésicos, aplican esta cualidad a su obra porque forma parte de su visión en sus creaciones, son inseparables, no tanto con la intención de aportarle un valor añadido. Pero hay una tercera posibilidad. Esa que implica que todos conscientes o no, poseemos cierta habilidad sinestésica. O si no, ¿qué significa eso de decir que a tal persona le pega un nombre u otro? “Tiene cara de llamarse Alberto”. La asociación es irracional e inconexa, ¿no? De la misma manera, esto sucede en el arte. Siempre, incluso cuando se racionaliza, hay una parte inconsciente. Porque en toda creación la intuición y expresión a través recursos indirectos es un hecho. El expresionismo alemán en cine (una vez más, las vanguardias), utiliza por ejemplo las formas angulosas para generar tensión e inquietud, los contrastes de luz y las figuras alargadas, como en el caso de Nosferatu (Murnau, 1922) o El Gabinete del Doctor Caligari (Robert Wiene, 1920). Los videoclips actuales o los videoartes recurren constantemente al movimiento y el color explícitos para expresar un tema musical como en Cut Copy Light&Music (Ewan McLeod).

También resulta fascinante ver cómo la precursora de danza contemporánea Martha Graham, introduce en sus coreografías movimientos mecánicos y líneas del cuerpo rotas con figuras angulosas y cómo verlo los genera automáticamente desasosiego, angustia y tristeza. Porque nosotros, como espectadores, también somos sinestésicos. Y como estos, encontraremos miles de casos interesantísimos, en los que podemos encontrar asociaciones dispares que por alguna extraña razón, al unirse se convierten en una bomba de expresividad que dan con la tecla exacta para hacernos llegar un mensaje, una visión o una sensación. Tan interesantes, tan numerosos, que merecen su propio artículo.

Milena Cañas.

Anuncios

4 comentarios en “El arte de la sinestesia

  1. De nuevo nos sumerges, con tu ya reconocida habilidad, entre conceptos de arte y neurofisiológicos, para llevarnos de la mano por ese delicioso paseo de la sinestesia.
    Al hilo de lo que citas en tu artículo, te diré que tus palabras cambian de color a lo largo del relato, que huelen a jara y lavanda, tienen la textura de un fino hojaldre y evocan un ventana abierta a una mañana soleada.
    Gracias

    Le gusta a 1 persona

  2. “Veréis, padre, los pies, por ejemplo, huelen como una piedra lisa y caliente…, no, más bien como el requesón…o como la mantequilla…eso es, huelen a mantequilla fresca. Y el cuerpo huele como…una galleta mojada en leche. Y la cabeza, en la parte de arriba, en la coronilla, […] aquí precisamente es donde huelen mejor. Se parece al olor del caramelo, ¡no podéis imaginar padre lo dulce y maravilloso que es! Una vez se les ha olido aquí se les quiere tanto si son propios como ajenos. Y así, y no de otra manera, deben oler los niños de pecho. “ (El perfume)

    Aquí aprendo que la sinestesia es la metáfora que vivimos. Gracias, Milena.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s