Mustang. El club de las futuras esposas

Dicen que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana. Nadie dijo nada de que si escapabas por ella, tendrías un muro, ni que si intentabas saltarlo, encontrarías una alambrada. Esto es precisamente lo que se encuentran Ece, Sonay, Sema, Nur y Lale, las cinco hermanas protagonistas de Mustang (Deniz Gamze Ergüven, 2015), que de un día para otro ven cambiar su vida, en la que ya no les está permitido hablar, salir, ni mucho menos decidir.

La película, coproducida por Turquía, Francia y Alemania, supone el debut en el largometraje para su directora y llega a nuestras pantallas tras pasar por la nominación a los Premios Oscar y los Globos de Oro en la categoría de mejor película de habla no inglesa y de ganar varios premios internacionales, entre ellos, mejor ópera prima, guión, montaje y banda sonora en los Premios César, mejor ópera prima en el Festival de Cine Europeo y mejor película europea en la última edición de los Premios Goya.

“Todo cambió en un abrir y cerrar de ojos” dice una voz al iniciar la película. Es la de Lale, la más joven de las cinco hermanas, a la que volveremos a oír como voz narradora en varios momentos más. Nosotros estamos presentes en ese momento en el que todo cambia para ellas. Lo que parece ser un inocente juego en la playa para unas chicas con unos compañeros de colegio, se convierte en el fin de una etapa. Ese instante lo marcan la abuela de las niñas (que las ha criado desde que murieron sus padres hace seis años) y su tío. Ambos, tras enterarse por una vecina de que habían sido vistas en la playa restregándose con unos chicos, dan por finalizada la diversión con unos cuantos golpes a cada una como recibimiento.

A partir de ahí, la casa se convierte en un club de futuras esposas. Citas concertadas, vestidos del mismo color mierda (definido por ellas) que lleva su vecina la chivata y muchas otras mujeres del pueblo, exámenes para comprobar que su virginidad está intacta, reexámenes para comprobar que su virginidad sigue inmutable, clases de cocina, de costura… en fin, todo lo que debe hacer, al parecer, una buena esposa y una buena mujer que no quiere ser una deshonra para su familia. Así, mientras tanto, las hermanas observan por la ventana cómo se pasan los días y cómo se les escapa una juventud frenada a golpe de soplete y rejas.

Mustang 1

El encierro de las chicas contrasta con los grandes planos exteriores, en los que se ven largas carreteras, altas montañas y un lejano horizonte, símbolos del ansia de huir de unas chicas que imaginan que unos colchones bien pueden ser una piscina, y que toman el sol amontonadas en el suelo para que los rayos de luz que entran por la ventana vayan directos a sus caras. A pesar de este encierro que cada vez tiene más límites (literalmente), la directora, y éste es uno de los mayores logros y aciertos de la película, plantea una puesta en escena siempre dinámica, donde las protagonistas prácticamente siempre están en movimiento, y que junto a una fotografía impregnada de colores suaves y de una maravillosa banda sonora que remite a ese espíritu soñador de la adolescencia, consiguen impregnar a la película una luz excepcional con la que dibuja una historia nada luminosa.

Mustang 2

Las cinco hermanas de Mustang conectan con las también adolescentes hermanas Lisbon de Las vírgenes suicidas (Sofia Coppola, 1999), cuyos sueños y deseos tampoco cabían en una sociedad asfixiante y encorsetada, de casas perfectas y de familias conservadoras. Tampoco caben los de nuestras ilusionadas y jóvenes protagonistas en ese yugo escondido tras la palabra tradición, tan utilizada para justificar los hechos más injustos, discriminatorios y machistas que todavía pudren y evitan que avance nuestra sociedad.

Estas hermanas, aunque de personalidades muy diferentes, parecen estar planteadas como cada uno de los caminos posibles que puede tomar la vida de una sola mujer ante esas circunstancias. Así pues, veremos como la vida de estas cinco mujeres sometidas a la misma sumisión, desemboca en finales muy diferentes. En este sentido, el personaje de Lale, la menor de las hermanas, es clave. A través de sus ojos, vemos cómo el resto se van marchando una a una y sentimos la misma impotencia que ella al ver que no puede hacer nada por evitarlo. Lo que sí puede evitar es que la retengan allí, tiene que huir cueste lo que cueste. La seguimos hasta el final, como quien sigue a la protagonista de un cuento que ha conseguido pasar innumerables pruebas y ahora está a tan solo un paso de llegar a su final feliz.

Mustang 3

Mustang es de esas películas en las que se respira tanta vida y tanta verdad, que parece que no acaban. De alguna manera, es como si el The End de la pantalla no evitara que los personajes pudieran seguir con su vida aunque nosotros ya no podamos verlos, pero sí imaginarlos. Quiero pensar que Lale ha seguido su camino y que tiene una vida en la que sólo ella decide sobre su futuro y su cuerpo, en la que nadie la hace sentir inferior, en la que nadie duda de sus capacidades por el hecho haber nacido mujer, en la que recibe el mismo respeto y las mismas oportunidades que un hombre, en la que no está obligada a casarse, en la que su virginidad no es sometida a examen ni a juicio, en la que una jueza no le pregunta si ha tenido las piernas bien cerradas, en la que nadie la amenaza, en la que nadie la maltrata, en la que nadie la mata.

María Jara.

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2 comentarios en “Mustang. El club de las futuras esposas

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