7 colores con los que juegan las películas

Fin de la película, pantalla en negro. Los títulos de crédito comienzan a aparecer como una fila de hormiguitas que casi nunca nos detenemos a ver. Pero sabemos que son muchas, muchas; tantas como detalles tiene una película para conducirnos hacia una emoción: luz, maquillaje, vestuario, atrezzo, montaje… y color. El etalonaje o tratamiento del color es una de las funciones más desconocidas para el público y sin embargo su importancia es definitiva para introducirnos en un ambiente. Quizá ahora, con los programas del “cómo se hizo” que está tan de tendencia poner antes de las series, algunos os hayáis fijado en que cuando nos muestran la típica imagen con el croma verde detrás de los personajes en el que luego introducirán castillos, paisajes o temporales imposibles, esto no es lo único que cambia, sino que el color final está absolutamente tratado. No sólo porque haya que igualar la estética de escenas que se han grabado en condiciones diferentes (y por tanto son diferentes a la vista), sino porque los directores de fotografía y los coloristas o encargados del etalonaje, saben cómo manejar el color para situarnos instantáneamente. Y no sólo ellos, sino que el equipo de arte a través de la escenografía y vestuario ya hacen una buena labor previa. ¿Os suenan estos 7 colores con los que juegan las películas?

  1. Rojo

Pasión, amor, sangre, muerte… el rojo es un color tremendamente recurrente (no por ello menos interesante) en películas que abordan este tipo de temas, y nos sugieren peligro, inquietud, pero también sexualidad. Así Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999) no podía ser de otro color… la historia protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman nos habla de un matrimonio desgastado y de una sociedad secreta que cultiva el placer sin límites. The Dreamers (Bernardo Bertolucci, 2003) nos habla de la pasión de unos jóvenes que rozan los límites de lo prohibido y Chicago (Rob Marshall, 2002) es un musical de crímenes y espectáculo. Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, George Cukor, Sam Wood, 1939) es una historia pasional en la que además debemos fijarnos en una cosa: la tierra roja de Tara. La mayoría de sus escenas tienen un tinte rojizo que se refleja en todo lo que vemos.

  1. Amarillo

El amarillo sugiere actividad, dinamismo, e inquietud por eso lo encontramos tanto en una comedia de enredo como Mamma Mía (Phyllida Lloyd, 2008), como la bélica Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) o claramente en la historia de venganza y acción Kill Bill (Quentin Tarantino, 2003). Sí es cierto que los colores no sólo se utilizan con fines psicológicos, sino que nos sitúan también históricamente (imitando el color y la luz de cuadros de época, por ejemplo). Así, podemos encontrarlo como recurso para recrear una atmósfera en película de época como An Education (Lone Scherfig, 2009) situada en los años 60 o Criadas y Señoras (Tate Taylor, 2011), en la misma década.

  1. Verde

Es curioso porque el verde nos sugiere tanto crecimiento como putrefacción, implica un cambio de estado. Dependiendo de la tonalidad puede ser más o menos frío, pero eso sí, siempre es desconcertante y envolvente, es un color arriesgado y notable, más que cualquiera de los anteriores. Amelie (Jean-Pierre Jeunet, 2001), que es la evolución continua de este personaje, en mayor o menor medida o en diferentes tonos, siempre contiene verde en sus escenas. Matrix (Lilly Wachowski, Lana Wachowski, Hermanas Wachowski, 1999) no sólo pone en evidencia el desconcierto de su mundo (y la putrefacción), sino que además hace referencia a las típicas letras verdes de la programación de los ordenadores. En Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012) el concepto cambia, y el verde amarillento, no sólo nos sitúa en esa década mostaza de los 60, sino que lo convierte en más luminoso y optimista (implicando una evolución igualmente, eso sí).

  1. Azul

Es curioso porque puede generar frío y melancolía pero también serenidad. Es poético y profundo, otro color tan recurrente como el rojo por el estado anímico instantáneo que produce. En Melancolía (Lars von Trier, 2011), el drama psicológico en el que la depresión de Justine (Kirsten Dunst) transcurre paralela a la aproximación de un planeta que amenaza con colisionar con la Tierra, el azul está presente en muchas de sus escenas. Además la psicología del color se hace evidente en una escena en la que los tres protagonistas (ella, su sobrino y su hermana, interpretada por Charlotte Gainsbourg) se presentan en un paisaje dividido en tres colores: azul para Justine, blanco para su sobrino y sepia para su hermana. El tambor de hojalata (Volker Schlöndorff, 1979), tremendamente psicológica con la historia de Oskar, de 13 años, que decide dejar de crecer, aunque de forma mucho más sutil tiñe ligeramente y cuela el azul en muchas de sus escenas. Luego está Notting Hill (Roger Michell, 1999), con continuos guiños al azul de la puerta donde vive William (Hugh Grant). Si nos fijamos, en casi todas las escenas hay algo azul: su propia camisa, la rebeca o vestido de Julia Roberts, el portón de la librería… hasta el cartel de la película con la cara gigante de Julia Robert en azul.

  1. Violeta

El violeta está muy asociado a la magia, a lo fantástico y misterioso (incluso retorcido). Si nos fijamos, aparece con frecuencia en las películas Disney (también es cierto que a veces Disney es como Barbie, muy rosa…). Pocahontas (Mike Gabriel, Eric Goldberg, 1995) se despide con una escena final teñida de rosa y morado, y no es la única escena. Si bien es verdad que en esta película también abunda el azul en buena parte de ellas. Hércules (John Musker, Ron Clements, 1997) es otra película en la que el morado es protagonista (no sólo con el cielo, sino con el vestido de Megara, el fondo en algunos bailes de las musas…). Otro ejemplo del morado en la fantasía es el caso de Drácula, de Bram Stoker (Francis Ford Coppola, 1992), que lo combina con luces tenues y contrastes, añadiendo tensión pero a la vez guiándonos más por el misterio que por el terror. Más desaturado y sutil se presenta en La morada del miedo (Andrew Douglas, 2005), imprimiendo desconfianza en la imagen (y dando bastante mal rollo).

  1. Negro

El negro es el color del terror, de lo tenebroso, el sufrimiento, el fin… pero es muy elegante, eso no hay quien se lo quite. Así, Pesadilla antes de Navidad (Henry Selick, 1993) está llena de negro siguiendo el característico estilo de Tim Burton, que dentro de la oscuridad a la que nos tiene acostumbrados, también introduce el contraste que le da muchísimo movimiento. Otra película en la que más que ningún color predominan las sombras, es El Laberinto del Fauno (Guillermo del Toro, 2006), y eso precisamente contribuye a que la historia de “cuento de hadas” de la niña Ofelia, dé más miedo que Drácula de Bram Stoker. La oscuridad genera claustrofobia y angustia y por eso es tan socorrida para el cine de terror.

  1. Blanco

Y al contrario que el anterior, el blanco transmite libertad, pureza y espiritualidad. En la tristísima historia de Camino (Javier Fesser, 2008), una niña en el seno de una familia perteneciente al Opus Dei que intenta superar su repentina enfermedad, el mismo cartel se nos muestra de este color, sumergiéndonos en el interior de este personaje limpio de maldades y de rencores. Un blanco que se repite en escenas como en la que baila vestida de rojo con el chico que le gusta. El hospital y sobre todo los planos de este personaje vienen tan blancos que juegan con el límite de la fotografía velada. Un caso similar es El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011), con una reflexión de Jack sobre su infancia y los momentos más trascendentes de su vida y cómo le han marcado. Una vez más, espiritualidad, inmaterialidad.

Lo fascinante del color en el cine, no es sólo cómo utilizarlo para el ambiente de una película, sino para cada una de las escenas, para describir situaciones o sentimientos, personajes, y van cambiando cuando estos también lo hacen. Si estos colores predominan en las películas que os mostramos, no significa que sean los únicos dentro de estas. En todas, la magia del color, es hacernos pasar por una montaña rusa de sensaciones.

Milena Cañas.

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