7 Formas de ocultar un cadáver en la ficción

Si hay algo que ha dado juego en el cine y las series, sin importar el género al que pertenezcan, son las muertes. No hablamos de las que son consecuencia de grandes batallas o de aparatosos desastres naturales, sino de aquellas que tienen una importancia primordial en la trama porque, precisamente, se trata de ocultarlas. Bien sea para no ir a la cárcel, por un beneficio económico o porque la originalidad (o canibalismo) de un asesino en serie no tiene límites, en lo que a ocultar un cadáver se refiere, no hay nada escrito. Repasamos algunos de los mejores escondrijos que nos ha regalado la ficción en la pequeña y gran pantalla.

1. Congelador.

El congelador es uno de los lugares más populares para ocultar un cadáver, sobre todo si se trata de una comedia. Este es el caso de Descongélate (Dunia Ayaso y Félix Sabroso, 2003), donde un actor está a punto de firmar un contrato millonario para una película y, tras invitar al director a una cena en su casa, fallece repentinamente, con lo que planea, junto a su mujer, conservarlo en refrigeración hasta que haya firmado el contrato. También a un congelador, en este caso al de un restaurante, va a parar el difunto marido de Raimunda en Volver (Pedro Almodóvar, 2006) tras ser asesinado por su hija, y la pobre Shirley McLaine en Bernie (Richard Linklater, 2011), después de desquiciar completamente a Bernie Tiede, el adorado enterrador del pueblo.

2. Tirarlo al mar.

El fondo del mar es el lugar preferido de algunos asesinos en serie como Dexter (James Manos Jr., 2006-2013). Con un trabajo de lo más cuidadoso e higiénico, porque una cosa no quita la otra, los mete en bolsas de basura para poner rumbo mar adentro y dejar que el peso del cuerpo y la profundidad marina hagan su trabajo. Con este método, Dexter va a aprender dos cosas. La primera, que los buzos pueden alcanzar mucha profundidad y, la segunda, que, en consecuencia, nunca es demasiado lejos si de lo que se trata es de ocultar un cadáver. El mar también es uno de los vertederos de cuerpos favoritos de Los Soprano (David Chase, 1999-2007), así que cuando veíamos a Tony o a alguno de los suyos subirse a un barco en compañía, sabíamos que no era para dar una vuelta.

3. Barrica de vino.

No podía faltar uno de los clásicos de nuestro cine. Con un humor negrísimo, El extraño viaje (Fernando Fernán Gómez, 1964), basada en un caso real de la época, conocido como “El crimen de Mazarrón”, relata cómo la apacible vida rural de los hermanos Vidal, Paquita, Venancio e Ignacia, se ve alterada por la llegada de una orquesta que ameniza las noches de los sábados en la plaza del pueblo. La severa hermana mayor, Ignacia, queda prendada de Fernando, cantante de la banda, e inician un romance que no termina muy bien. El resultado, tres cadáveres y un vino de barrica “con mucho cuerpo”, según los vecinos, que lo degustan encantados sin saber que lo del cuerpo, en este caso, es literal.

 4. Sofisticados perfumes.

En El Perfume: Historia de un asesino (Tom Tykwer, 2006), basada en la novela homónima escrita por Patrick Süskind, Jean-Baptiste Grenouille es abandonado al nacer por su madre en medio de la basura. Tras pasar su infancia en un orfanato, es vendido a un curtidor de pieles con el que trabajará como aprendiz en París. Para él, la ciudad será un gran estímulo, pues Grenouille tiene un sentido del olfato sobrehumano (aunque él carece de olor corporal propio), así que no es extraño que al conocer al perfumista, Giuseppe Baldini, quede prendado por ese oficio. El problema es que esta afición se le va un poco de las manos y empieza a asesinar a jóvenes para convertirlas en delicadas fragancias, envolviéndolas en telas y embadurnándolas en grasa, para luego destilarlas, y crear con su olor corporal el perfume perfecto. La parte buena es que lo consigue y, la mala, que la fragancia es tan embriagadora que acaba siendo su sentencia de muerte.

5. Echarle ambientador.

También de olores va la cosa, pero en este caso se trata de ocultarlo, no de conservarlo. Marcela, protagonista de Amador (Fernando León de Aranoa, 2010), comienza a trabaja cuidando de Amador, un anciano que vive postrado en la cama, con lo que consigue algo de dinero para salir de sus apuros económicos, pero todo se viene abajo cuando el anciano fallece. Con su muerte se quedaría sin trabajo, así que decide ocultarlo tapando el hedor con ambientador y haciendo ver que está dormido para poder cobrar, al menos, la siguiente mensualidad. También son causas naturales las que acaban con el marido de Carmina en Carmina y amén (Paco León, 2014), y también es la necesidad económica, en este caso la de cobrar la pensión del fallecido, lo que lleva a la viuda y a su hija a ocultar la muerte, a golpe de ambientador y de fingir que tiene un sueño profundo, hasta que puedan ingresar el dinero.

 6. Platos gourmet.

Es increíble el recetario que alberga un cuerpo humano, si no, preguntémosle a Hannibal Lecter, sobre todo al que protagoniza su versión para la pequeña pantalla, Hannibal (Bryan Fuller, 2013-2015), que atesora un recetario que ni en los mejores restaurantes. Nunca el canibalismo fue tan pulcro ni tuvo tanta elegancia y refinamiento como los platos de este peculiar chef, que aprovecha al máximo cada milímetro del cuerpo humano. Ya en terreno nacional, si hablamos de sobriedad y elegancia, no podemos dejar de mencionar a uno de nuestros caníbales, Antonio de la Torre. En Caníbal (Manuel Martín Cuenca, 2013) interpreta a un prestigioso sastre de Granada, que entre puntadas y pasos de Semana Santa, siempre encuentra el momento para cazar a sus presas femeninas para luego comérselas vuelta y vuelta.

 7. Crear un huerto de setas.

Si nos lo contaran, no nos lo creeríamos, hay que verlo. De nuevo, la serie Hannibal nos brinda algunas maneras bastante sorprendentes de ocultar un cadáver. Como parece ser que eso de hacer un enterramiento al uso ya está pasado de moda, en la primera temporada de la serie encontramos a un asesino que convierte los cuerpos en abono humano, perforándolos con unas vías que permiten tener su propio sistema de riego, para que el cadáver genere sus propios frutos, en este caso, hongos. Una de las formas más originales (y repugnantes) de ocultar un cadáver que nos ha regalado la ficción.

María Jara

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