Chus Lampreave: La cara de las mil mujeres

Adelina, Yolanda, Viti, Sor Rata, Doña Aurelia, Florita, Bibiana, Doña Tránsito, Doña Petra, Reme, tía Paula y mil mujeres de una lista interminable se despidieron ayer 4 de abril de 2016 en una sola: Chus Lampreave. Cinco candidaturas a los Goya, una carrera actoral de casi sesenta años, la auténtica chica Almodóvar (la única que realmente ha trabajado con él con regularidad), pero además, lo más difícil, una de las actrices más queridas del cine español. Y si no, hagamos la prueba: pensemos en el personaje que pensemos, sólo imaginarla nos dibuja, como mínimo, una sonrisa. Personajes amables, sencillos e ingenuos, con los que el público pudiera conectar… ¿o fue al revés? ¿Qué vino antes: Chus o sus personajes?

La insuperable Chus Lampreave no tenía previsto ser actriz (de hecho, estudió Bellas Artes en la Academia de San Fernando), pero el destino no pareció aceptar su voluntad. Aunque con papeles modestos en sus primeros años, aparece en películas tan emblemáticas del cine español como El pisito (Marco Ferreri, Isidoro M. Ferry, 1959), El cochecito (Marco Ferreri, 1960), ambas con guión de Rafael Azcona, El Verdugo (Luis García Berlanga, 1963) o Mi querida señorita (Jaime de Armiñán, 1971), dejándonos un ejemplo de lo que es contar con un secundario de lujo. Y es que a eso nos referimos. Porque puede haber un buen guión, una dirección excelente… pero ella le daba ese toque que hacía inolvidables sus personajes aunque apareciesen tres minutos en pantalla.

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Ni su voz, ni su mirada, ni su presencia pasan desapercibidas, pero es su forma de entender a los personajes lo que acaba de darles esa vuelta de tuerca. La chica Almodóvar por excelencia da rienda suelta a ese “toque” en las películas del director manchego, y es aquí donde comienza su fama y empieza a dejarnos algunas de las joyas más valiosas de nuestro cine, porque, seamos sinceros, sin menospreciar la indiscutible mano del guionista, en boca de Chus, todo se hace imborrable.

En ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (Pedro Almodóvar, 1984), tenemos una familia desestructurada con un padre borracho, un hijo traficante de drogas, otro chapero, una amiga prostituta, y una madre que intenta lidiar con todo. Con este panorama, una suegra de pueblo que es una abuelita de las de toda la vida parece lo menos peculiar de la película. Pero no lo es. Porque Chus Lampreave sabe darle ese punto enternecedor y neurótico a la vez, con una combinación imposible y perfecta de locura, sensatez, tradición y modernidad. ¿Quién si no querría un lagarto como mascota? ¿Quién sino ella nos hace creer mejor que nadie que puede diferenciar los escritores románticos de los realistas pero en cambio olvidar que es diabética?

Tras su aparición en la serie de televisión Los Pazos de Ulloa (Gonzalo Suárez, 1985) con un peinado que sólo ella podía lucir dignamente, y películas como Matador (Pedro Almodóvar, 1986) o Lulú de noche (Emilio Martínez-Lázaro, 1985), se luce como nadie (valga la redundancia) en El año de las luces (Fernando Trueba, 1986) en la piel de Doña Tránsito, una maestra de la Sección Femenina durante la época de la posguerra con la que de nuevo Chus Lampreave equilibra genio y contención con una comicidad que le valió su primera nominación a los premios Goya. En Mujeres al borde de un ataque de nervios (de nuevo con Pedro Almodóvar, 1988), nos da otra lección de secundaria de lujo con su papel de una portera testiga de Jehová, convirtiendo en un clásico la frase y la escena entera.

En Miss Caribe (Fernando Colomo, 1988), Ana Belén protagoniza la historia de una chica que queda huérfana de padre heredando su negocio, un barco que realiza tours… con prostitutas. Probablemente Chus Lampreave sea de las pocas actrices capaz de hacernos creer que es la Madame del Burdel (doña Petra) con el despiste y tradición que contrastan con lo que nos esperaríamos de una Madame, convirtiéndose en única. Sólo un año después se estrena la mitiquísima Amanece que no es poco (Jose Luis Cuerda, 1989), y como no podía ser de otra manera, interpreta a Álvarez, la madre de Nge Ndomo, un cubano (con su acento y todo) que no sabe de dónde ha salido, en un pueblo en el que los hombres crecen en la tierra como coles: dosis de surrealismo en una actriz llena de matices que nos lo transmite todo con una verdad que hace que parezca sencillo (¡y normal!).

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Tras una fabulosa madre cleptómana y neocatecumenala (así, como si nada también) en Bajarse al moro (Fernando Colomo, 1988), finalmente le llega el Goya con Belle Epoque (Fernando Trueba, 1992), repitiendo texto de Rafael Azcona, que además fue la segunda película española ganadora del Óscar a Mejor Película Extranjera y de las más premiadas en los Goya. Es la historia de un desertor acogido por un artista con cuatro hijas que serán toda una tentación para él, donde Doña Asun (Chus Lampreave), es la madre de Juanito, el novio de una de ellas (Maribél Berdú), muy católica, muy dominante y muy todo. En La flor de mi secreto (Pedro Almodóvar, 1995) vuelve a estar nominada, y no es para menos: como la madre de Leo (una escritora de novela rosa que en realidad es novela negra), Chus Lampreave es un torbellino de emociones, una mujer histriónica, sin pelos en la lengua, y absolutamente auténtica.

De nuevo con Almodóvar se convierte en la Tía Paula en Volver (Pedro Almodóvar, 2006), esta vez con un papel que se reduce al principio de la película, pero que recordamos con el mismo cariño. Con El artista y la modelo (Fernando Trueba, 2012) fue nominada a los Goya por última vez, encarnando a María.

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El trabajo de Chus Lampreave es tan extenso y compone tantos títulos que es imposible no dejarse muchos por el camino, tan conocidos como los citados aquí. Pero es cierto que con estos ya podemos darnos cuenta de la maravillosa actriz que era, de los matices de los que dotaba a todos sus personajes y de cómo hacía que todo pareciese sencillo. Adelina, Yolanda, Viti, Sor Rata, Doña Aurelia, Florita, Bibiana, Doña Tránsito, Doña Petra, Reme, tía Paula y mil mujeres de una lista interminable te dan las gracias por hacerlas vivir para siempre. Y en la cumbre, tú la primera, haciéndonos reír.

Milena Cañas.

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