Janis y el precio del éxito

En el escenario Janis Joplin era todo energía. Un torrente de voz que no podía dejar de moverse ni un solo segundo. Alegre, extravagante y divertida, su presencia y su voz llenaban la escena. Las actuaciones le daban sentido a su vida, acaparar todas las miradas, sentirse admirada… Pero tras la actuación, la dura realidad esperaba.

 

Janis, Little girl blue (Amy Berg, 2015) es un acercamiento a la figura de la cantante en forma de documental clásico. Cargado de imágenes, entrevistas, correspondencia con su familia y testimonios que desvelan aspectos de su personalidad y su pasado que han pasado desapercibidos con el paso de los años.

Janis era la hija mayor de una familia de clase media de Texas. Ella quería ser como las chicas de las revistas, pero su físico no la acompañaba en este deseo. No tenía unos rasgos especialmente femeninos y eso le hacía tremendamente infeliz. Como todos hemos visto en las películas, ser adolescente en un instituto de Estados Unidos puede ser un infierno si no cumples con los cánones de belleza que catapultan a la popularidad. Y este fue el caso de nuestra protagonista. Pero todo tiene un lado bueno y esta falta de aceptación hizo que se interesara por la música negra. Y lo que sí la acompañaba era su voz.

Más tarde, buscándose a sí misma se marchó a San Francisco, donde se convirtió en una pionera, la primera mujer en abrirse paso en la escena del Rock and Roll. Tras esa aparente forma de disfrutar la vida se escondía una obsesión que confiesa a sus padres en sus cartas: el éxito. Quería ser famosa, buscaba la admiración de la gente, grabar grandes éxitos, actuar en recintos repletos de seguidores y no pasar desapercibida nunca más. Sólo quería que todo el mundo la amara.

Resulta difícil de imaginar que ese deseo de fama y reconocimiento guiara sus pasos. Pero, ¿no buscan todos los artistas alguien que entienda sus obras, alguien con quien comunicarse a través de su arte? Es cierto que todo parte de una necesidad interior de transmitir sentimientos y emociones, pero no tendría sentido sin la persona que está al otro lado recibiendo el mensaje y su significado. En el caso de Janis, sus canciones, la música, el Rock and Roll, eran el canal y el código en el que su mensaje encontraba significado. Y su forma de resarcirse por una adolescencia en la que pasó desapercibida, ignorada e incluso humillada.

Y poco a poco llegaron las giras, los festivales, el amor libre y las drogas. Era una época de descubrimiento sin reglas, en la que Janis se sintió como pez en el agua. San Francisco en los 60 era una fiesta constante y ella se convirtió, por fin, en la reina del baile. Encontró cómo ser ella misma y eso conllevaba una energía irrefrenable, acompañada casi siempre de un profundo vacío interior. Pero el camino al éxito había comenzado y nada podría pararla.

El festival de Monterrey Pop en 1967 fue toda una revolución para Janis. En aquel momento formaba parte de la banda Big Brother and the Holding Company y su paso por el festival supuso el principio de una prometedora carrera. Jimmy Hendrix, The Who, Otis Redding… la contracultura se daba cita por primera vez de forma masiva para celebrar el verano del amor, el verdadero despertar de la cultura hippie en Estados Unidos. Y Janis estaba allí, protagonizando un momento histórico, sintiéndose parte de algo grande.

Su carrera avanzaba con sus idas y venidas a nivel personal. Historias que poco a poco iban haciendo mella en su ánimo. Las drogas y el descontrol volvieron a su vida tras una primera etapa en san Francisco que no acabó demasiado bien. La banda crecía en fama y reconocimiento. No había preocupaciones, solo les acompañaba la idea de disfrutar el momento y dejarse llevar.

Pero como pasa hasta en las mejores bandas, la paz no dura para siempre. Cuando un elemento del grupo destaca por encima de los demás, es difícil mantener el equilibrio. Todo un clásico de la historia del Rock and Roll: John Lenon renunciando a los Beatles, Jim Morrison incontrolable dentro de los Doors, Ozzy Osbourne expulsado de Black Sabath… una historia recurrente.

Y así, Janis se lanzó a la aventura de un nuevo proyecto sin sus chicos de BBHC. Un paso importante en su carrera meteórica al éxito, pero todo un paso en falso de cara a su inseparable soledad. Y todavía más heroína y alcohol… Así comenzó la gira con The Kozmic Blues Band. En este punto no queda en Janis nada de la chica de Texas que viajó a San Francisco para encontrarse a sí misma. El personaje había eclipsado por completo a la persona.

La vida de Janis fue demasiado deprisa. En 1963 se traslada a San francisco por primera vez, en 1966 se uniría a BBHC llegando a ser disco de oro dos años más tarde. En 1969 abandona la banda y los productores crean para ella The Kozmic Blues. Y tan solo un año después, desaparecerá con 27 años. Tras todas esa inestabilidad, Janis trataba de retomar las riendas de su vida, dejó la droga, aunque no el alcohol, pero parecía más sana. Hasta que una noche, la soledad y la heroína pudieron con ella en un hotel de Los Ángeles. Cuando mejor parecía estar, se rindió.

Su historia fue intensa, como su personalidad. El documental de Amy Berg nos acerca partes de su historia que muchos desconocíamos. Cuando una estrella brilla tan fuerte es difícil imaginar qué pasa tras la fama. Janis, la pequeña triste que sólo buscaba ser amada.

Marta Laso

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