¿Qué leen los personajes de ficción?

En el arranque de Julieta (Pedro Almodóvar, 2016) vemos cómo su protagonista está empaquetando algunos libros. De todos ellos, que aparecen en un rápido vistazo y sin detenerse, distinguimos uno, El Amor (Marguerite Duras, 1991). Evidentemente no es una casualidad. Tampoco lo es que, más adelante, Almodóvar quiera que leamos el título de otro libro que Julieta sujeta en sus manos, La tragedia griega (Albin Lesky, 1938).

Literatura y cine siempre han ido de la mano. No nos referimos solamente a las películas (o series) que se basan o son adaptaciones directas de una obra literaria, sino también a todas esas referencias, directas o indirectas, de las que se sirve la ficción para ayudar a conocer mejor a un personaje, una trama o el contexto en el que se desarrollan. Un libro en manos de un personaje es un detalle que no podemos pasar por alto. Si nos fijamos bien, veremos que en la ficción es muy habitual dedicar alguna escena a detallar qué leen los personajes y, de esta manera, mostrarnos cómo se sienten o cómo son, más allá de sus palabras o sus actos, e incluso a anticiparnos algunas cosas que sucederán en la trama.

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Los Simpson (Matt Groening, 1989-actualidad) y Las Chicas Gilmore (Amy Sherman-Palladino, 2000-2007) tienen en común estar protagonizadas por dos lectoras incansables. Por las manos de Lisa Simpson han pasado desde Dostoievski a la saga Harry Potter; y Rory Gilmore, no iba a ningún sitio sin sus acompañantes más preciados, entre los que estaban Anna Karenina (León Tolstoy, 1877), La campana de cristal (Sylvia Plath, 1963), Crimen y castigo (Fiódor Dostoievski, 1866), Suave es la noche (F. Scott Fitzgerald, 1934) o Las vírgenes suicidas (Jeffrey Eugenides, 1993). A estas jóvenes aventajadas hay que sumar a la entrañable protagonista de Matilda (Danny DeVito, 1996. Basada en la novela homónima de Roald Dahl, 1988) que a su amor por los clásicos de Charles Dickens, entre sus favoritos están Grandes esperanzas (1861), Oliver Twist (1837) o Nicholas Nickleby (1838), hay que añadir otros autores, como William Faulkner y su obra El ruido y la furia (1929), lo que hacía que todo el mundo la viera como un bicho raro, igual que a Lisa y a Rory.

Pero si hay alguien que siente devoción por Faulkner, además de Matilda, son los habitantes del recóndito pueblo de Amanece que no es poco (José Luis Cuerda, 1989). Surrealista, sí, pero en un lugar en el que los hombres crecen de la tierra como las plantas y piden que les lean a Góngora, no nos extraña nada que Faulkner esté en boca de todos. En concreto, es Luz de agosto (William Faulkner, 1932) la que tiene embelesados a los habitantes.

También en la Nouvelle Vague fueron frecuentes las obsesiones literarias. El protagonista de Mi noche con Maud (Éric Rohmer, 1969) tiene fijación con Pascal, en Vivir su vida (Jean-Luc Godard, 1962) Godard muestra una detenida lectura de El retrato oval (Edgar Allan Poe, 1842) mientras la cámara se detiene en el rostro de Anna Karina. Por su parte, Truffaut, que a lo largo de su filmografía ha demostrado su amor a la literatura con la creación de personajes que leen constantemente, como Antoine Doinel, llevó a la pantalla Farenheit 451 (François Truffaut, 1966) obra homónima de Ray Bradbury de 1953, donde los libros son protagonistas absolutos y que le permitió unir sus dos pasiones.

Woody Allen tiene dos autores de cabecera, Dostoiveski y Tolstoy. Lo ha demostrado poniendo sus libros en manos de los personajes, pero sobre todo revisando a estos autores en sus películas, especialmente Crimen y Castigo (Fiódor Dostoievski, 1866), novela a la que nos ha remitido constantemente a lo largo de su filmografía y que es una referencia clara en su última película, Irrational Man (Woody Allen, 2015).

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Los libros son indispensables para las dos maravillosas películas de Stephen Daldry, Las Horas (Stephen Daldry, 2002) y El lector (Stephen Daldry, 2008). En la primera, confluyen tres mujeres de diferentes épocas. La primera, Virginia Woolf (Nickole Kidman) en los años 20, escribe La Señora Dalloway, novela que leerá Laura Brown (Julianne Moore) en los años 50 y que le llevará a dar un cambio en su vida. Por último, situada en la actualidad, encontramos la historia de Clarissa Vaughan (Meryl Streep), una versión contemporánea de la señora Dalloway.

El lector, situada en Alemania tras la II Guerra Mundial, nos cuenta la historia de amor secreto entre un joven de quince años (David Cross) y una mujer que le dobla la edad (Kate Winslet). Ella es analfabeta, así que, además de un tórrido romance, comparten la lectura de algunos de los libros que él trae de la escuela y que lee para ella. De esta forma, descubre emocionada la Odisea (Homero, s.VIII), los relatos de Antón Chéjov o Las aventuras de Huckleberry Finn (Mark Twain, 1884), y muestra su parte más sensible, aunque muchos años después, cuando vuelvan a encontrarse, las circunstancias serán muy diferentes.

Personajes 3

Las series tampoco se quedan atrás en esto de mostrar los libros con detalle. Este es el caso de Mad Men (Matthew Weiner, 2007-2015), donde era habitual ver a Don Draper con un libro en la mano en momentos clave de la historia. Meditaciones en una emergencia (Frank O’Hara, 1957) es un libro clave en la segunda temporada y dio nombre a uno de los capítulos. A los títulos favoritos de Draper se suman Éxodo (Leon Uris, 1958), El ruido y la furia (William Faulkner, 1929) o El Infierno (Divina Comedia. Dante Alighieri, s. XIV), mientras que Betty Draper se decanta por autores como F. Scott Fitzgerald o Mary McCarthy. La Biblioteca Pública de Nueva York realizó una lista de los libros que aparecieron en Mad Men, en la que se detallaba qué leía cada personaje que aparecía en la serie.

Personajes 4 - Portada

De Breaking Bad (Vince Gilligan, 2008-2013) rescatamos dos referencias directas. La primera, el poemario Hojas de hierba de Walt Whitman (1855), que os sonará también de la famosísima escena de El club de los poetas muertos (oh capitán, mi capitán…) y que es protagonista de una de las revelaciones más importantes en los capítulos finales de la serie.

Personajes 5

La segunda, es la aparición del libro Killing Pablo (Mark Bowden, 2001), sobre la captura de Pablo Escobar, que sirve para establecer el paralelismo con su protagonista, Walter White, en esta escena en la que su hijo habla del libro recomendado por su tío, el policía Hank Schrader.

La cárcel es un escenario proclive a la lectura, por eso Orange Is the New Black (Jenji Kohan, 2013-actualidad) nos ha ofrecido un extenso catálogo que abarca desde clásicos imprescindibles, como el ya nombrado Anna Karenina de Tolstói, hasta libros de moda, como la saga romántica Forastera de Diana Gabaldon o el popular libro juvenil Bajo la misma estrella (John Green, 2012). La extensa biblioteca que forma parte de la prisión sufre en la tercera temporada una plaga de pulgas y los libros deben quemarse, no sin antes hacerles un homenaje en el que nombran sus favoritos antes de que queden reducidos a cenizas.

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Los personajes de The Wire (David Simon, 2002-2008) no son demasiado aficionados a la lectura, pero al llegar a la cárcel hay que matar el tiempo de alguna manera. Uno de sus protagonistas, Angelo Barksdale, se siente identificado con la novela El gran Gatsby (F. Scott Fitzgerald, 1925) y, gracias a ella, reflexiona sobre el pasado y cómo éste le va a marcar para siempre.

Tony Soprano tampoco es muy fan de la literatura, pero no puede evitar sentir curiosidad por El arte de la guerra, del militar chino Sun Tzu. El libro es una recomendación de su psicóloga, la doctora Melfi, ante la preocupación de su paciente por ser un buen líder. Tony Soprano encuentra en el libro una herramienta muy útil para las estrategias que quiere llevar a cabo. “La mayoría de los tipos que conozco leen El Príncipe pero este libro es mucho mejor para la estrategia”

El arte de la guerra también aparece o es citado en otras películas en las que los personajes poderosos quieren acabar con su enemigo, como en Wall Street (Oliver Stone, 1987) o James Bond: El mañana nunca muere (Lee Tamahori, 2002). Tampoco sería raro encontrar a Frank Underwood con este libro entre las manos en House of Cards (Beau Willimon, 2013-actualidad) o que los creadores de la serie lo hubieran tenido como libro de referencia.

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Aunque la mayoría de ocasiones no vemos qué lee Frank Underwood, sabemos que normalmente ojea enormes libros que relatan pasajes de la historia de Estados Unidos, como The Battle of the Wilderness May 5-6, 1864, de Gordon C. Rhea, sobre la Guerra Civil estadounidense y que revisa durante la segunda temporada. También en la segunda temporada aparece explícitamente Historia de dos ciudades (Charles Dickens, 1859), vinculada al personaje de Doug Stamper y que encaja perfectamente con el momento de la trama y el suyo.

“Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.”

Pero si ha habido una serie donde los libros se hayan nombrado, y leído, por encima de cualquier otra, esa es Lost (J.J Abrams, Damon Lindelof, 2004-2010). A lo largo de sus seis temporadas, los creadores han incluido centenares de títulos, bien haciendo una referencia directa en los nombres de los capítulos, como Historia de dos ciudades (Charles Dickens, 1859), El Principito (Antoine de Saint-Exupéry, 1943) o A través del espejo (A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, Lewis Carroll, 1871) o poniendo esos libros en manos de los personajes. El señor de las moscas (William Golding, 1954), Otra vuelta de tuerca (Henry James, 1898), La Isla (Aldous Huxley, 1962), De ratones y hombres (John Steinbeck, 1937), En el camino (Jack Kerouac, 1957) o Carrie (Stephen King, 1974) son algunos de los títulos con más protagonismo a lo largo de la serie. Tanto es así que se creó, dentro y fuera de la ficción, un club de libros en el que los fans buscaban, en esas lecturas que los creadores incluían en los capítulos, pistas sobre los personajes o las tramas de la serie. Con todo esto, no es de extrañar que algunas de las obras que aparecían en la serie, aunque sólo fuera unos instantes, aumentaran sus ventas como la espuma, como fue el caso de El tercer policía (Flann O’Brien, 1967) que vendió casi diez mil ejemplares más después de aparecer en uno de los capítulos.

Y para terminar este repaso de cameos literarios, recordamos el capítulo de Friends (David Crane y Marta Kauffman, 1994-2004) en el que Joey y Rachel intercambian sus libros favoritos: El Resplandor (Stephen King, 1977) y Mujercitas (L. May Alcotty, 1868).

María Jara

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