7 madres (de cine) para el recuerdo

En el cine, como en la vida misma, hemos visto madres para todos los gustos. Madres pacientes, comprensivas, sufridoras, defensoras a ultranza y, por supuesto, desequilibradas, terroríficas y malas malísimas. Repasamos algunas que, para bien o para mal, han quedado en nuestro recuerdo.

1. Las madres Almodóvar.

A lo largo de su filmografía, Pedro Almodóvar ha prestado especial atención a la figura de la madre e, incluso, ha reservado algún cameo para la suya. En Qué he hecho yo para merecer esto (Pedro Almodóvar, 1984), Carmen Maura es una madre superada por las circunstancias y adicta a cualquier sustancia que pueda conseguir en la farmacia. En Volver (Pedro Almodóvar, 2006), de nuevo Maura, se pone en la piel de una madre, esta vez difunta, que se aparece para resolver asuntos pendientes con sus hijas. Tacones Lejanos (Pedro Almodóvar, 1991), cuenta el reencuentro de una madre y una hija tras quince años, una relación dolorosa que vuelve a explorar en su última película, Julieta (Pedro Almodóvar, 2016) en la que Adriana Ugarte y Emma Suarez son la misma mujer en diferentes etapas de su vida. Pero una de las madres más trágicas de su filmografía es Cecilia Roth en Todo sobre mi madre (Pedro Almodóvar, 1999), que va al encuentro del padre de su hijo y que, en la búsqueda, conocerá también a Rosa, una monja embarazada del mismo hombre y enferma de VIH, para la que también será una madre.

2. Las madres Disney.

Lo de Disney con las madres (o más bien, la ausencia de ellas) siempre ha sido llamativo. Los personajes de Disney suelen ser huérfanos de madre (y a veces, también de padre) y tienen que buscarse la vida por su cuenta o vivir bajo la tiranía de una malvada madrastra. Pero si algo queda para el recuerdo, además de la ausencia de madres, es la decisión de Disney de crearnos un trauma con las pocas que aparecen. Así, gracias a ellos, nos ha quedado grabada la muerte de la madre de Bambi o la pobre elefanta, madre de Dumbo, meciendo a su hijo a través de unos barrotes, dejándonos una de las escenas más tristes de la factoría Disney.

3. Rosemary Woodhouse

Posiblemente, cuando a Rosemary le advirtieron de que los embarazos pueden ser complicados, debió imaginarse que se referían a los piés hinchados o a la incontinencia urinaria, más que a vivir un infierno por estar gestando al hijo de Satán. En La Semilla del diablo (Roman Polanski, 1968), Mia Farrow sólo recuerda cómo una extraña criatura la forzaba con violencia. Tras la violación satánica, sufre (y lo sufrimos con ella) un embarazo en el que su deterioro físico y mental va in crescendo, y en el que Polanski juega siempre a sugerir y no mostrar, para conseguir que dudemos en todo momento de las razones de su tormentoso embarazo.

4. Margaret White

En Carrie (Brian De Palma, 1976), Margaret White es la madre de una tímida adolescente convertida en el foco de todas las burlas del instituto, provocadas por la mentalidad ultracatólica y sectaria de su madre. Para ella, la menstruación de su hija no es otra cosa que un castigo por un pecado sexual que está segura que ha cometido y no duda en arrastrar a su hija del pelo y encerrarla para rezar. Así que, si el periodo le parece pecado, mejor no hablar del baile de fin de curso. Carrie no sólo no se libra de su madre con sus poderes telequinésicos, que utiliza para hacerle creer que los objetos los mueve el demonio, sino que la jugada le sale bastante mal, porque después de pasar de chica tímida a pirómana, su madre cree que el demonio está en ella y no duda en empuñar un cuchillo para sacárselo (cosa que da mucho menos miedo que verla recitando los evangelios, la verdad).

5. Meryl Streep

Meryl Streep ha acumulado unos cuántos papeles de madre a lo largo de su carrera, y de todo tipo. En Kramer contra Kramer (Robert Benton, 1979) abandona a su marido y su hijo, para, tiempo después, embarcarse en una lucha legal para recuperar su custodia. En La decisión de Sophie (Alan J. Pakula, 1982) vive encadenada a las duras decisiones que tomó en el pasado, cuando fue enviada con sus hijos a Auschwitz y tuvo que elegir a cuál de los dos salvaría. En Los Puentes de Madison (Clint Eastwood, 2005) su apacible vida familiar se ve interrumpida por la llegada de un fotógrafo al pueblo y se enfrenta a la decisión de elegir entre la familia o un apasionado amor, hasta entonces desconocido para ella. También dramática, pero muy diferente, es la madre que interpreta en Agosto (John Wells, 2013), donde la muerte de su marido hace que la familia vuelva a reunirse, pero no para demostrarse cariño, precisamente. No duda en gritar, insultar y usar su lengua afilada para echarles en cara a sus hijas todos los trapos sucios del pasado. En el lado opuesto, también la hemos visto intentando rehacer su vida en No es tan fácil (Nancy Meyers, 2009), boicoteando la relación de su hijo en Secretos compartidos (Ben Younger, 2005) o como una madre rebelde y alocada en Mamma mia (Phyllida Lloyd, 2008) o Ricki (Jonathan Demme, 2015).

6. Morticia Addams

El dibujante Charles Addams creó a esta familia tan especial para un cómic en los años 30. En 1964, les puso los nombres para la versión televisiva y decidió para ella Morticia, en alusión a la muerte. Esta mujer seductora y de aspecto vampírico, es el pilar de esta peculiar familia, creada, precisamente, para hacer una sátira del modelo ideal de familia estadounidense.  Su elegancia, sumada a su gusto por lo macabro y lo fúnebre, ha hecho que Morticia se haya convertido en otra de esas madres para el recuerdo. Gran parte del mérito de este personaje reside en las actrices que lo han interpretado, así que no podemos olvidar la fabulosa interpretación de Anjelica Houston para la gran pantalla en La familia Addams (Barry Sonnenfeld, 1991) y La familia Addams. La tradición continúa (Barry Sonnenfeld, 1993).

7. La Señora Gump

Sally Field también suele tener papeles de madre y, en general, es de las que sufren. La recordamos especialmente en Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994), interpretando a una bondadosa mujer que debe sacar adelante a su hijo. Para Forrest, es el amor de su vida y su pilar fundamental (hasta que conoce a Jenny, claro). Gracias a ella aprende cosas muy sabias, como que tonto es el que hace tonterías (frase que se ha hecho tan mítica como “corre, Forrest, corre”), que se puede decir mucho de una persona por sus zapatos o que la vida es como una caja de bombones. Pero, sobre todo, y más allá de frases anecdóticas, le enseña el valor y la virtud de ser diferente, a la vez que no duda en hacer lo que sea para que su hijo tenga las mismas oportunidades que cualquier otro.

María Jara

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