Consejos para que tu biopic no se convierta en un barato telefilm

¿Qué es exactamente un biopic? Según la Wikipedia, un biopic consiste en la dramatización cinematográfica de la biografía de una persona o un grupo de personas. Gracias, Wikipedia, todo claro. Pero lo que no nos cuenta la gran enciclopedia online es que, a la hora de realizar un biopic, ya sea sobre una importante personalidad o sobre una persona de a pie, es importante no sobrepasar ciertas líneas rojas, si es que no queremos acabar dirigiendo La vida de Audrey Hepburn (Steve Robman, 2000), película para televisión en la que Jennifer Love Hewitt interpretaba (y hacía un flaco favor) a la gran Audrey Hepburn. Está claro que no todo el mundo puede hacer una obra maestra como La pasión de Juana de Arco (Carl Theodor Dreyer, 1928), pero entre el blanco y el negro hay una interminable escala de grises. Pero, ¿cuáles son esas líneas rojas a través de las cuales no se debe aventurar nadie?

1. Elegir un buen personaje

María Antonieta suele dar buenos resultados, como la María Antonieta (W. S. Van Dyke, 1938) de Norma Shearer o la María Antonieta (Sofia Coppola, 2006) de Kirsten Dunst. También Enrique VIII y Ana Bolena tienen detrás una historia jugosa, por lo que han sido encarnados en numerosas ocasiones por actores como Charles Laughton, Richard Burton, Eric Bana, Merle Oberon, Geneviéve Bujold o Natalie Portman, entre otros. Julio César, Cleopatra, Marco Antonio y hasta Jesucristo también suelen ser buenas opciones, aunque quizás un poco más vistas. Es necesario buscar un personaje que tenga contenido, que tenga algo que decir, que cuente una historia llena de pasión, de luchas, de poder.

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A la hora de elegir al sujeto del biopic hay que tener en cuenta en qué época estamos: si las historias de Florenz Ziegfeld, encarnado, por ejemplo, por William Powell en El Gran Ziegfeld (Robert Z. Leonard, 1936) tenían gran éxito en la década de los 30, con el boom del musical basado en los Follies, no tendría sentido llevar a cabo un biopic sobre el afamado productor teatral en la actualidad. Mientras que en los últimos años, el público ha estado más interesado en conocer algunos episodios de las vidas de Dominique Strauss-Kahn, Nicolas Sarkozy, Tony Blair o George W. Bush, por poner algunos ejemplos.

2. Delimitar el espacio-tiempo

Una película de una media de dos horas no suele dar para contar una vida entera. O el director y el guionista son grandes sintetizadores, o nos tocará aguantar un film de más de tres horas. Por ello, los espectadores no queremos ver toda una vida. Nos da igual cómo nace el personaje, o cómo se hace viejo. Preferimos ver cómo se desarrolló en un momento determinado de su historia. Es mucho más interesante descubrir cómo escribió Truman Capote su novela A sangre fría, argumento de la película Capote (Bennett Miller, 2005), a tener que aguantar toda la infancia, la relación con su madre, la juventud, madurez y senectud de J. Edgar Hoover, en la película J. Edgar (Clint Eastwood, 2011). Por favor, si vas a hacer El mayordomo (Lee Daniels, 2012), conviértelo en una miniserie.

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3. Elegir bien al actor

No es lo mismo que interprete a Steve Jobs Ashton Kutcher, JOBS (Joshua Michael Stern, 2013), a que haga lo propio Michael Fassbender, Steve Jobs (Danny Boyle, 2015). Así como cambia mucho que a Elizabeth Taylor sea interpretada por Helena Bonham Carter, (Richard Laxton, 2013), o por Lindsay Lohan, en Liz & Dick (Lloyd Kramer, 2012). Nada más que decir.

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Hay actores especializados en este tipo de películas que siempre suelen acertar en sus interpretaciones. Cate Blanchett está perfecta desde en la piel de Isabel I de Inglaterra, Elizabeth (Shekhar Kapur, 1998) y Elizabeth. La edad de oro (Shekhar Kapur, 2007), hasta en la de Katharine Hepburn, El aviador (Martin Scorsese, 2004), pasando por la de Bob Dylan, I’m not there (Todd Haynes, 2007). Helen Mirren también suele ser garantía de éxito, especialmente si se busca a alguien que interprete a reinas: The Queen (Stephen Frears, 2006), Elizabeth I (Tom Hooper, 2005) o La locura del rey Jorge (Nicholas Hynter, 1994). Y muchos nombres más, como Leonardo DiCaprio o Vanessa Redgrave.

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Pero, ¡ojo! Que esta regla no funciona siempre. Nicole Kidman fue una maravillosa Virginia Woolf en Las horas (Stephen Daldry, 2002), pero ¿qué me decís de su Grace Kelly en Grace de Mónaco (Olivier Dahan, 2014)? Además hay especialistas en cagarla en los biopics: Anthony Hopkins no ha conseguido que se le den bien ni Adolf Hitler, en The Bunker (John Gay, 1981); ni Richard Nixon, en Nixon (Oliver Stone, 1995); ni Pablo Picasso, en Sobrevivir a Picasso (James Ivory, 1996); ni Alfred Hitchcock, en Hitchock (Sacha Gervasi, 2012).

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En ocasiones, vale la pena elegir a un mal actor esperando que encumbre su carrera con un buen biopic, como Reese Witherspoon, que consiguió un Óscar interpretando a June Carter Cash en En la cuerda floja (James Mangold, 2005); Will Smith con Muhammad Ali, en Ali (Michael Mann, 2001); Matthew McConaughey con Ron Woodrof, en Dallas Buyers Club (Jean-Marc Vallée, 2013), con Óscar incluido también; o Salma Hayek con Frida Kahlo, en Frida (Julie Taymor, 2002).

4. Cuidado con el maquillaje

Es probable que empieces buscando a un actor que se parezca a la persona en la que se basa el biopic. Pero no todos tienen la suerte de que Amy Adams se parezca Janis Joplin, que Jesse Eisenberg lo haga a Mark Zuckenberg o que Audrey Tatou sea una copia de Coco Chanel. Algunos se tienen que conformar con Halle Berry se parezca a Dorothy Dandridge o Paz Vega a María Callas.

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Para conseguir los parecidos, algunos biopics basan todas sus esperanzas en el maquillaje. Ahí tenemos a Willem Dafoe interpretando a Max Schreck en La sombra del vampiro (E. Elias Mehrige, 2000) o a Charlize Theron haciendo lo propio con Aileen Wournos en Monster (Patty Jenkins, 2003), bajo capas y capas de maquillaje y prótesis artificiales exagerados, aunque más o menos acabaron funcionando. Otro de los problemas de la relación del biopic con el maquillaje es el envejecimiento. Aunque parezca insólito, son más creíbles Kate Winslet y Judi Dench como Iris Murdoch en diferentes edades en Iris (Richard Eyre, 2001), que cualquier actor pasando de los 20 a los 80 con canas y arrugas (sí, hemos vuelto a pensar en J. Edgar).

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Tras este repaso sobre algunos intentos fallidos de biopics, mezclados con casos de éxitos y consejos para las próximas biografías, os anunciamos que esta semana se estrena el biopic sobre Florence Foster Jenkins, conocida como la peor cantante de la historia, y que está interpretada por Meryl Streep. Así que si os gustan los biopics y no sois muy exigentes, podéis disfrutar tanto de Trumbo: La lista negra de Hollywood, como de Florence (Stephen Frears, 2016).

 Alejandro Piera.

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