La noche que mi madre mató a mi padre

Seis personajes en una casa, una cena y, la guinda que no podía faltar, un asesinato. Pero no, no es una cinta de terror. Este es el cuarto largometraje para Inés París que, tras Miguel y William (Inés París, 2007) Semen, una historia de amor (Inés París, 2005) y la fantástica A mi madre le gustan las mujeres (Inés París, Daniela Féjerman 2001), hace un planteamiento muy diferente en el que se aleja de la cotidianidad más inmediata para meterse en el terreno de lo surrealista. La noche que mi madre mató a mi padre (Inés París, 2016) se ganó al público del último Festival de Málaga, que finalizaba hace unos días, con una propuesta divertida y arriesgada, de las que hacía tiempo que no veíamos, con mucha más complejidad de la que aparenta a simple vista.

Isabel (Belén Rueda) es una actriz histriónica que, llegada a la cuarentena, ve cómo cada vez le llegan menos papeles y pasa los días de casting en casting. Su marido (Eduard Fernández) es un escritor, algo neurótico y poco dado a las habilidades sociales, que intenta llevar al cine su última novela con la ayuda de su compañera habitual de proyectos, que a la vez es su ex mujer (María Pujalte). Ambos buscan financiación y protagonista para su nuevo largometraje, así que tratan de negociar con Diego Peretti, que se interpreta (o, mejor dicho, reinterpreta) a sí mismo.

La Noche 1 - Portada

Isabel propone hacer una cena en su casa para invitar al actor argentino y que puedan llegar a un acuerdo sobre su participación en la película. Mientras cenan, aparecen dos personajes más en escena sin invitación previa. Ellos son  el ex de Isabel (Fele Martínez), un adolescente encerrado en un cuerpo de adulto, y su nueva novia (Patricia Montero) que, fascinada por la presencia del famoso actor, se empeña en hacerse selfies con él y en sacar al bailarín que, supuestamente, lleva dentro. Lo que parecía transcurrir en una calmada anormalidad, entre lo incómodo y la vergüenza ajena para colmo del serio escritor, empeñado en hablar de su guión sin obtener respuesta, pronto empieza a desvariar a ritmo de bachata, alcohol y postres con cadáver incluido, poniendo al límite a unos personajes que acaban por perder los nervios y haciendo cosas que ni ellos mismos esperan.

La Noche 2

La noche que mi madre mató a mi padre se suma a esa lista de comedias negras que giran alrededor de un cadáver. También en ésta, la muerte se convierte en un pretexto perfecto para poner a los personajes al borde de la desesperación e indagar en su verdadera esencia, en sus miserias e instintos más primarios, tras haber intentado jugar a las apariencias (porque todos, de una manera u otra, esconden algo) durante mucho tiempo. Que el interés se mantenga durante los noventa minutos se debe, además de a un guión y una puesta en escena siempre ágiles, indispensables para la propuesta, al trabajo actoral. Todos están fantásticos, pero sorprende especialmente Belén Rueda, a la que estamos más acostumbrados a ver en dramas, donde su afectación no siempre resulta convincente, pero que resulta ser una grata sorpresa en la película. Tampoco podemos dejar de mencionar a María Pujalte, que aunque sí conocemos su faceta cómica, da una vuelta de tuerca a esta correcta mujer abstemia a la que no le queda otra que darse a la bebida y sucumbir al descontrol.

La Noche 3

De entrada, la película trae a la memoria a esas otras como Un cadáver a los postres (Robert Moore, 1976), en la que, parodiando a Diez Negritos de Agatha Christie, un puñado de personajes excéntricos, encerrados y obligados a permanecer en el mismo espacio, deben resolver un misterio.

Pero la mejor noticia es que esta película, más de enredo que de misterio, recuerda más a esas otras que nos dieron las mejores historias de nuestro cine. Esas llenas de equívocos, de diálogos absurdos, de apariencias fingidas. Una farsa llena de personajes que no se escuchan, que corren de un lado a otro perseguidos por la cámara, que siempre les acompaña pero que nunca se hace notar por encima de las propias escenas, y en las que todo funciona como la mejor de las orquestas bajo la batuta de la directora.

Esperamos que La noche que mi madre mató a mi padre tenga larga vida en la cartelera y que empiece a remontar tras esta primera semana en la que ha pasado algo desapercibida, pues es una película que llena de frescura y novedad nuestra comedia, que hace tiempo que necesita fórmulas como esta.

María Jara.

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