7 escenografías surrealistas de cine

Hoy echamos un ojo a esas mágicos diseños artísticos cinematográficos que nos presentan escenarios surrealistas para contarnos historias de lo más normales. Y no, no nos referimos a futuros lejanos o postapocalípticos, ni a películas de mundos fantásticos y perdidos, sino a thrillers, musicales, dramas y comedias que nos presentan algunos de los decorados más imaginativos y surrealistas del Séptimo Arte.

1. Recuerda (Alfred Hitchcock, 1945)

Empecemos con dos genios. Si hablamos de escenografías surrealistas no podemos obviar los decorados diseñados por Salvador Dalí para el clásico de Hitchcock Recuerda. Ingrid Bergman y Gregory Peck protagonizan este thriller en el que los sueños tienen especial importancia, al mismo tiempo que permiten dar rienda suelta a la imaginación y creatividad surrealista de Dalí. Además del propio Dalí, la dirección artística de Recuerda corría a cargo de James Basevi, director del departamento, John Ewing y Emile Kuri. George Barnes es el director de fotografía, sin el cual, las ideas surrealistas de Dalí no hubiesen lucido como lucen. Según las malas lenguas de Hollywood, Hitchcock y Dalí acabaron tirándose de los pelos, pero nosotros nos preferimos quedar con el maravilloso sueño de Gregory Peck. Dalí y Hitchcock en estado puro.

2. Anna Karenina (Joe Wright, 2012)

Una de las últimas adaptaciones de la obra más famosa de Tolstói, llevada a cabo por el director Joe Wright y protagonizada por Keira Knightley, acompañada de actores como Aaron Taylor-Johnson, Jude Law, Alicia Vikander o Domhnam Gleeson. La escenografía corrió a cargo de Sarah Greenwood y Katie Spencer, quienes colocaron todos los escenarios de la novela (y eso que no son pocos) en el interior de un flamante teatro que representa a la perfección la ostentosa aristocracia zarista de la época en Rusia. Es impresionante observar como un escenario, literalmente, puede convertirse rápidamente en un salón de baile o en una carrera de caballos, así como las bambalinas en una estación de tren o en las calles abarrotadas de Moscú o San Petersburgo. Como si de un gran musical de Broadway se tratase, pero con el juego que ofrece la dirección de fotografía de Seamus McGarvey, que nos permite recorrer los distintos decorados con todo lujo de detalles. Destaca también el trabajo de Jacqueline Durran al cargo de los vestuarios. Una auténtica joya escenográfica.

3. Dogville (Lars von Trier, 2003)

Y en el teatro también situó Lars von Trier su desgarradora Dogville, protagonizada por Nicole Kidman, en el momento cúlmen de su carrera, junto a Paul Bettany, Stellan Skarsgaard, Lauren Bacall o Chlöe Sevigny. Una forastera llega a un aislado pueblo que está formado por casas pintadas sobre las tablas de un teatro, como si fuese un primer esbozo de una maqueta o un plano a escala. No hay paredes, no hay techos y los personajes sólo cuentan con los muebles que son necesarios para el avance de la trama. Un pueblo diáfano en el que los espectadores son capaces de ver todo lo que sucede, mientras que los personajes actúan como si su intimidad no estuviese siendo violada, como si de verdad su hogar les ofreciese la protección de cuatro paredes. La escenografía corre a cargo de Peter Grant y Simone Grau, mientras que la fotografía lo hace a cargo de Anthony Dod Mantle.

4. Desfile de candilejas (Lloyd Bacon, 1933)

Una opereta más de los años 30, en los que brillaban los musicales basados en los Follies. En Desfile de candilejas, como en muchas de películas del estilo, un empresario teatral está preparando su última producción, que le sacará de la ruina y le devolverá a la fama. Protagonizada por James Cagney, Ruby Keeler, Joan Blondell y Dick Powell, lo más destacable de esta película son las coreografías de Busby Berkeley que tienen lugar a lo largo de decorados teatrales infinitos. Las coristas de turno comienzan su espectáculo sobre las tablas, pero poco a poco van conquistando espacios que realmente no existen y sería imposible que existiesen, puesto que los espectadores teatrales jamás llegarían a verlos. Destaca el número By a Waterfall, en el que el decorado va creciendo con la acción de las bailarinas convirtiéndose en una enorme piscina llena de cascadas. En la época, numerosos films del estilo, como Vampiresas de 1933 (Mervyn LeRoy, 1933), jugaron a romper las barreras de la lógica durante sus números musicales. La dirección de arte es obra de Anton Grot y Jack Okey, mientras que los vestuarios son cosa de Milo Anderson y la fotografía, de nuevo, de George Barnes.

5. Ella y sus maridos (J. Lee Thompson, 1964)

Shirley MacLaine protagoniza este film en el da vida a una constante viuda a la que se le mueren todos los maridos, desde Paul Newman a Dick van Dyke, pasando por Dean Martin, Robert Mitchum o Gene Kelly. Cada momento vital y marital suceden sobre un escenario nuevo, creado para la ocasión. Escenas que juegan sólo con un color o con decorados metafóricos, así como con elementos sacados de contexto o escenografías de musicales clásicos. Todo un pastiche maravilloso de decorados y vestuarios disfrutables fotograma a fotograma. Los diseños escenográficos de Ella y sus maridos son obra de Ted Haworth, Jack Martin Smith, Stuart A. Reiss y Walter M. Scott, mientras que del vestuario se encargan Edith Head y Moss Mabry. Increíble despliegue.

6. El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante (Peter Greenaway, 1989)

Una cena en un restaurante con bastante buena apariencia y cuatro personajes que están relacionados entre sí, como bien dice el título. Pero lo destacable hoy aquí son los cuatro escenarios en los que se desarrolla la acción: el salón restaurante, completamente decorados en rojo; los baños, completamente blancos; la cocina, en la que se juega con distintos tonos de verde; y el exterior del restaurante, donde predomina el color azul. Además de la escenografía, creada por Ben van Os y Jan Roelfs, Jean-Paul Gaultier fue el encargado de diseñar el maravilloso vestuario que, junto con los personajes, también va cambiando al cambiar la localización y que, como la película, son una verdadera obra de arte.

7. Charlie y la fábrica de chocolate (Tim Burton, 2005)

El universo de Tim Burton ya suele ser bastante surrealista de por si. Pero la fábrica infinita de Willie Wonka se lleva la palma. Un concurso sitúa a Charlie en la fábrica de chocolate más famosa del mundo para disfrutar de una visita guiada por el propio Wonka. Ríos de chocolate, ascensores que llegan al cielo, enanos bailarines al más puro estilo El mago de Oz (Victor Fleming, 1939) y un sinfín de atracciones más. Pero todas ellas dentro de una fábrica que, por fuera parece limitada, pero que por dentro ofrece infinitas posibilidades espaciales. Aunque gran parte de los universos creados por Burton salen de su cabeza, hay que reconocer el trabajo de Alex McDowell y Peter Young en la dirección de arte, así como el de Gabriella Pescucci al frente del departamento de vestuario.

 Alejandro Piera.

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