Joana Biarnés, otra pionera desconocida

Que la carrera profesional de Joana Biarnés sea desconocida, incluso lo es para muchos profesionales del periodismo y la fotografía, fue lo que motivó a los realizadores de Joana Biarnés, una entre todos (Òscar Moreno, Jordi Rovira, 2015) a llevar a cabo el proyecto. Financiado, en parte, mediante crowfunding, al que luego se sumaron la Fundación Photographic Social Vision y el Instituto Catalán de la Mujer, este documental repasa la extensa carrera de una mujer que no sólo fue clave en el fotoperiodismo en España, sino que fue la primera fotógrafa en acceder a este mundo reservado para hombres, en una época en la que la mujer pintaba en éste, y en cualquier ámbito, menos que nada.

La propia protagonista, con una vitalidad envidiable a sus ochenta años, hace de voz narradora de su carrera, que se extiende a más de dos décadas de periodismo en España, desde los años 60 a los años 80. A su voz se suman la de periodistas que compartieron experiencia con ella, amigos que hizo por el camino, como Serrat o Rafael, a los que acompañó en muchas de sus giras, y profesionales del periodismo y de la fotografía actual que dan testimonio del importantísimo legado de su trabajo.

Joana 1

Joana Biarnés nunca fue aficionada a la fotografía. Entró en ese mundo para ayudar a su padre, que montó un pequeño estudio de revelado y realizaba pequeños encargos en Terrassa, su ciudad natal. Ya en la escuela de periodismo de Barcelona, donde acabó tras no saber muy bien a qué quería dedicarse, y después un intento fallido en la escuela de arte,  destacó en sus prácticas de fotografía, incluso le llegaron a comprar algunas de ellas. Después, siguió trabajando con su padre, documentando algunos hechos históricos, como la riada del Vallés, en 1962, dejando para la historia algunas de las pocas fotografías que existen sobre el suceso.

Tras algunos eventos a los que asistía para sustituir a su padre, entre ellos un partido de fútbol en el que tuvo que aguantar todo tipo de improperios por llevar una cámara y no estar en su casa con un delantal puesto, y en los que, además le ponían infinidad de trabas aunque estuviera acreditada, supo que defendería a capa y espada su trabajo de fotógrafa, y además, sintió que Terrasa se le quedaba pequeña, que quería más.

Fue en 1963 cuando llegó la llamada del diario Pueblo. Habían llegado fotografías suyas y quedaron sorprendidos por su calidad. Así fue cómo empezó a trabajar en el diario y, hasta 1967, fue la única mujer en la redacción.

Joana 2

Su necesidad de documentar todo lo que sucedía, la situaba en una incesante búsqueda de “LA FOTO”, como ella la llama, esa fotografía única que, además, consiguiera alejarse lo máximo posible de aquella que habían sacado el resto de medios. Para conseguirla, no dudaba en hacer lo que fuera necesario. Su personalidad cercana, natural y alegre generaba confianza en aquellos que la rodeaban y, por ello, hizo muchos amigos del mundo de la música o el cine, donde también trabajó como foto fija, a los que consiguió retratar como nadie había conseguido hacerlo. Llegó a colarse en la habitación de Los Beatles, acabó eligiendo el vestido de Massiel para Eurovisión, Clint Eastwood la besó y hasta se hizo pasar por turista para comer con Polanski y retratar su estancia en Marbella. Siempre iba mucho más allá de lo que le pedían y eso hacía que no siempre sus fotografías tuvieran cabida en el periódico. Pero a ella no le importaba, las que le rechazaban por no tener cabida las llegaba a regalar a otras publicaciones.

En los años 80, tras haber trabajado también en algunas agencias fotográficas y en el diario ABC, y cuando su carrera tenía todavía una larguísima vida, decidió alejarse del periodismo. Sintió que el periodismo que estaba cobrando importancia, el del corazón, sensacionalista, y en el que los paparazzi empezaban a ser los más reclamados, no era para ella, no le interesaba lo más mínimo. Así que, igual que había llegado hasta ahí y había conseguido convertirse en una profesional importantísima, lo dejó sin mirar atrás. Al poco tiempo, compró con su marido una casa en Ibiza y así nació Cana Joana, un negocio de comida casera que se convirtió en parada obligatoria para os visitantes de la isla, y en el que invirtió otros veinte años y toda su ilusión, la misma que invertía en su trabajo como fotógrafa.

Hasta el momento, ni ella misma sabía todo el valor acumulado en sus fotografías. Si el proyecto del documental no hubiera llegado a tiempo, esas fotografías hubieran terminado en una trituradora (literalmente, de hecho, ya la tenía comprada). Pero, gracias al interés de los realizadores, a sus ochenta años, ha vuelto a coger la cámara y a recordar aquella ilusión que sintió en sus primeros años. Porque si algo desprende esta mujer, es felicidad e ilusión por cada cosa que hace.

Joana 8

El documental es ameno, divertido, emocionante y, sobre todo, está hecho con mucho cariño. Joana Biarnés merece que su nombre se conozca pero, sobre todo, merece saber que su labor fue importantísima para el periodismo y que demostró una valentía enorme al defender su trabajo por encima de todo, enfrentándose a aquellos (que no fueron pocos) que quisieron impedirle que fuera una entre todos.

María Jara

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