La libertad viaja sobre ruedas

Cuando viajamos, sólo pensamos en llegar al lugar de destino y, la mayoría de veces, olvidamos que el trayecto es tan importante o más que la meta. Ese camino es vital en Cruzando el sentido (Iván Fernández de Córdoba, 2015), que cuenta el recorrido de Alonso, un joven skater que pretende recorrer los casi mil kilómetros que separan Valencia de Galicia, únicamente acompañado por Blanquita, su tabla de patinar.

Esta historia, de ficción pero que utiliza recursos propios del documental, arranca en forma de noticiario. Varias personas, de diferentes lugares, han grabado a alguien que recorre las carreteras, día y noche, pero no saben explicar quién es y su curiosidad crece cada día más. Utilizando entrevistas a los que han podido ver ese extraño fenómeno (dudan hasta de si se trata de una persona o de una nueva chica de la curva) construyen quién será y cuáles pueden ser sus razones. Pero sus motivos no son políticos, como mucha gente piensa, no forma parte de una protesta, ni de ninguna organización, tampoco es una campaña publicitaria. Tal vez porque necesitamos encontrarle una razón a todo o crear héroes y referentes que nos sirvan de inspiración, Alonso se convierte en un personaje famoso sin saberlo. Ni siquiera puede explicarles el motivo que necesitan oír, el por qué de esa aventura que a ojos de todos es una total locura. Y no puede explicarlo porque es el deseo, la necesidad inexplicable, lo que le movió a lanzarse a la carretera para recorrer todos esos kilómetros en su monopatín, porque sólo mientras va sobre él, rodando y rodando, con el aire dándole en la cara, se siente realmente libre.

Cruzando 1

La palabra sentido en el título se desarrolla ampliamente durante toda la película y cobra un gran protagonismo en muchas de las conversaciones. Ese sentido, tiene que ver con el de raciocinio, las normas establecidas, por eso él lo cruza,  va a contracorriente. Pero también se recoge en su acepción de sentir.  El sentimiento de libertad y el de culpa, que arrastra por un accidente familiar y que, pareciendo tan contradictorios, van de la mano en su viaje. Ese sentido también es significado, es dirección, la de ese recorrido hacia la madurez. Un paso necesario para poder cerrar una etapa y empezar otra, para salir del ahogo de un lugar que se le quedaba pequeño.

Aunque durante el trayecto va encontrando gente dispuesta a ayudarle (no siempre real, porque el calor y la sed pueden jugar malas pasadas), Alonso es un personaje solitario, y es necesario que lo sea. Durante la mayor parte del metraje, le vemos recorrer, solo y en silencio, los paisajes tan diferentes por los que se va cruzando. En este sentido, la fotografía y la música son vitales. Gracias a ella, recorremos con el protagonista los paisajes desérticos de la Mancha, sentimos un sol de justicia cayendo en nuestra cabeza, nos asombramos con él de lo llena de luz y de vida que está Madrid por la noche después de días sin cruzarnos con nadie, caemos del monopatín cuando él lo hace y nos volvemos a levantar para seguir rodando con toda la carretera, y todo el tiempo del mundo, por delante. Esa fantástica calidad visual es imprescindible y es ahí donde la película brilla, cuando deja que la imagen hable por sí misma sin poner en boca de los personajes una explicación que no necesita palabras.

Cruzando 2

El rodaje se hizo en sentido inverso al de la película y con un equipo muy reducido, suficiente para llenar una furgoneta y lanzarse a la carretera en una road movie paralela. Aunque sí había un guión establecido, en lo visual  partían de algunos puntos clave, pero fueron elaborando el resto sobre la marcha, cuando ya habían llegado a la localización y podían planear cómo sacarle el mayor partido a los maravillosos paisajes que iban atravesando. En un principio, el proyecto estaba concebido como una web serie de diez capítulos, finalmente reducidos a ocho, y que quedarían unidos en un largometraje.

Iván Fernández de Córdoba, un jovencísimo director que ya venía de hacer videoclips y publicidad, partió de su propio sueño, cruzar España en skate, para ponerlo en la pantalla y unirlo a su otra gran pasión: el cine. El resultado es una película de muy bajo coste, pero técnicamente impecable, hecha por un equipo valenciano muy joven y en el que han colaborado algunos actores, también valencianos, de primera línea, como Lola Moltó o Albert Forner, que acompañan al protagonista, Román Méndez de Hevia.

Cruzando 3

Cruzando el sentido es una buena noticia para el cine, como siempre que una película en estas condiciones consigue salir adelante, y, sobre todo, para el audiovisual valenciano, que sigue tocado y hundido. También aquí, como en toda road movie, hacer camino es importante y proyectos como éste demuestran que hay ganas, ilusión y mucho talento joven sobre el que apoyarse (y al que apoyar) para que renazca.

María Jara

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