Siempre Alice…in Wonderland

27 de mayo de 2016, estreno en España de Alicia a través del espejo (James Bobin, 2016). Tras dos semanas vendiendo palomitas a diestro y siniestro, esta es la única ventaja que ve gran parte del público que ha acudido al ansiado y publicitado estreno de la adaptación de Lewis Carroll. ¿O quizá desadaptación? No son pocas las críticas que la acusan de desvirtuar la esencia de la obra original, calificándola de insulsa, sin sentido y sobre todo (lo que más se echa en falta) sin personalidad. Después de sorprendernos con la estética propuesta en su predecesora Alicia en el País de las Maravillas (Tim Burton, 2010), a esta segunda parte no le bastaba con apoyarse en lo que se ve, y en vez de dar un paso más, ha dado un paso menos (vamos, que ni los efectos especiales te arrancan un suspiro).

Porque lo más maravilloso de Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Lewis Carroll, 1865) es precisamente el interior de su protagonista. Puede que fuera la imaginación desbordante de su autor o su pequeña amiga Alice Liddel, en quien se inspiró para crearla, pero pocos como él han podido recrear la verdad que tiene este personaje y su peculiar personalidad (y mira que se ha intentado). Filosófica, surrealista, divertida, inocente, curiosa, madura e inmadura a la vez ¿Hubo alguna vez una Alicia como ella en la gran pantalla?

1. En el cine mudo

La primera versión cinematográfica del libro, no se hizo esperar, y lo hizo en 8 minutos de duración con una película muda: Alice in Wonderland (Cecil M. Hepworth, Percy Stow, 1903). Este clásico recrea con ese punto siniestro que le da el cine más primitivo, una atmósfera desconcertante, extraña y onírica potente. Sin embargo, al no poder abusar de los carteles, y tampoco contar con diálogo, nos perdemos gran parte de ese mundo interior de la protagonista que convierte a la obra en algo tan diferente: los monólogos, reflexiones o diálogos profundos con los personajes que va encontrando, inevitablemente se ven muy limitados. En 1910 una nueva versión estadounidense, Alice’s Adventures in Wonderland (Edwin S. Porter, 1910), lo reintenta y, otra más, Alice in Wonderland (W.W. Young, 1915) incluso recrea la Alicia de las ilustraciones de Tenniel, el dibujante de la novela original). De hecho, la actriz que la encarna, Viola Savoy, es capaz de transmitir en gran parte su espíritu… ¡Pero, ay, esos monólogos interiores de Alicia!

2. En Stop Motion

Si unimos las palabras “animación” y “Alicia”, automáticamente todos pensamos en la película de Disney. Sin embargo, la francesa Alice au pays des merveilles (Dallas Bower, 1949) aprovechó la técnica del Stop Motion para animar ciertas partes de su película de acción real (si bien es verdad, que no al completo). La tendencia de la época nos deja una Alicia Pin Up que poco tiene que ver con la arrolladora personita que nos presenta la obra original. Más de treinta años después, Alice (Jan Svankmajer, 1988) nos cautiva no sólo con esta técnica, sino con ideas absolutamente originales y enriquecedoras, como la famosa escena en la que Alicia se hace pequeña, que aquí se convierte en una muñeca. Para nosotros, una de las mejores adaptaciones que sabe capturar la esencia del libro y, a la vez, sorprendernos con una película única y muy original. ¿Es igual a nuestra Alicia? Tiene otros matices, pero su línea es muy acertada.

 3. En el cine animado

Ahora sí, llega la versión de Disney, Alicia en el País de las Maravillas (Clyde Geronimi, Hamilton Luske, Wilfred Jackson, 1951). Aunque en su momento tuvo poco éxito en taquilla, finalmente se ha convertido en un clásico imprescindible. Y qué casualidad que es una de las que mejor recoge el carácter alocado de la niña. Aquí sí, monólogos, reflexiones y diálogos que dan qué pensar, como el que mantiene con la oruga. Por el mundo de fantasía extrema y la edad de la niña, este libro se ha convertido en el foco de muchas otras películas de animación o series animadas, incluso dejándonos versiones tan alejadas de su país de origen como es la soviética Alisa v Zarzekale (Efrem Pruzhanskiy, 1981) o las múltiples versiones en anime a las que recuerda esta.

4. En el cine musical

La verdad es que no es mala idea con tantos personajes, tanto diálogo y posibilidades tan apetitosas para el equipo de arte. Y así lo hizo Alice’s Adventures in Wonderland (William Sterling, 1972). Esta versión protagonizada por Fiona Fullerton, entre un elenco de lujo, llegó a ganar un premio Bafta, pero presenta una versión muy edulcorada de Alicia, que no llega a la ñoñería de la Alicia Pin Up, pero que tampoco tiene nada que ver con la Alicia rebelde y sin filtro que buscamos por todas partes. En Bélgica y Polonia, con Alicja (Jacek Bromski, Jerzy Gruza, 1982), no sólo apostaron por el musical, sino que le dieron un vuelco a la historia trayéndola al presente y convirtiendo a Alicia en una joven enamorada de un joven llamado Rabbit. Una propuesta diferente y lícita con otra Alicia algo ñoña.

5. En el cine de Tim Burton

Y su peculiar visión de la novela que no es tal. Su historia de Alicia en el País de las Maravillas (Tim Burton, 2010) se sitúa varios años después del relato original, cuando Alicia ya tiene 19 años y está a punto de prometerse. Gran parte del encanto del personaje de Carroll es precisamente la edad de la niña y sus reflexiones acerca de la vida desde su punto de vista. Una perspectiva inocente, curiosa y llena de preguntas distintas a las que se haría una jovencita como las que nos presenta Burton (que la verdad, se pregunta poco, y se cambia mucho de vestido). Eso sí, el arte muy original y Elena Von Han Carter fabulosa con su cabeza desmesurada. A su favor, diremos que hay un momento de total conexión con el espíritu original, y es cuando el Sombrerero Loco habla de la “muchedad” que ha perdido Alicia con los años. ¡Pues sí, son ese tipo de conceptos lo que más caracterizan a la narrativa del original y de la peculiaridad de Alicia! Toda la razón, Sombrerero.

Curiosamente, no se trata de ser tremendamente fiel al libro. De hecho, Alice in Wonderland, (Nick Willing, 1999), es una de las más fieles adaptaciones (presentando entre otros, el diálogo con la oruga) y, sin embargo, su Alicia carece de la picardía que te hace quererla en el libro. Echamos de menos una Alicia con carácter y con encanto, con curiosidad no sólo por lo que la rodea, sino por encima de todo, por ella misma. Y aunque el libro se presta a cientos de versiones en las que cada autor aporta su visión (y en cierto modo, esto es lo interesante), os animamos a que, si aun no lo habéis hecho, os entreguéis a la lectura de su versión original, donde siempre Alice conservará su muchedad.

Milena Cañas

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