Un grito en la pared

“El cartelista se encuentra, de pronto, ante nuevos motivos que trastornan esencialmente su función profesional. El cartel puede y debe ser la potente palanca del nuevo realismo en su misión de transformar las condiciones, en el orden histórico y social”. Josep Renau. Función social del cartel.

El artista valenciano Josep Renau, Director General de Bellas Artes de la República y, posteriormente, Director de Propaganda Gráfica, explicaba así el papel del cartel político como elemento de transformación, y lo definió como un grito en la pared. El periodo de la Segunda República y la Guerra Civil fue decisivo para la explosión del cartelismo político en España. El propio Josep Renau participó activamente en su creación en este periodo, influido por las vanguardias europeas y las formas de propaganda que se venían haciendo.

Ahora, en plena campaña electoral, poco o nada de este instrumento propagandístico nos sorprende, pues todos los recursos van destinados a la visibilidad en los medios audiovisuales, pero su importancia e influencia ha sido decisiva durante momentos clave de la historia y todos los regímenes políticos vieron en esta herramienta gráfica una forma eficaz de lanzar un mensaje de forma que fuera accesible a todo el mundo.

Aunque el cartel político empezó a asomarse a finales del siglo XIX, fue a partir de la Primera Guerra Mundial cuando se asentó como una disciplina específica dentro del ámbito del cartel. De este periodo es el famosísimo cartel que el dibujante estadounidense J.M Flagg diseñó cuando EE.UU entró en la Gran Guerra en 1917. En él, el Tío Sam (para el que utilizó su propia cara como referencia y luego la envejeció) convocaba a los jóvenes a alistarse en el ejército. Este cartel está basado en otro británico de 1914, diseñado por Alfred Leete en el que también se perseguía el mismo fin con la imagen de Kitchener, Secretario de Guerra y dirigente de la campaña de reclutamiento. Además de imágenes destinadas al alistamiento, se utilizaron masivamente otras en las que se mostraban las atrocidades cometidas por los enemigos en el campo de batalla y se lanzaban mensajes optimistas para animar al propio bando o se pedían fondos.

Otro momento decisivo fue la Revolución Rusa y las décadas posteriores. La propaganda soviética fue enormemente prolífica e innovadora. Muchísimos artistas se pusieron al servicio de la causa aportando innovaciones provenientes del expresionismo, cubismo o dadaísmo, así como de la técnica del fotomontaje. Toda esta labor necesitaba un trabajo masivo y muy rápido, de ahí que muchas imprentas no pudieran asumir tantos encargos y que muchos carteles se realizaran a mano. Entre toda la propaganda, destacan los R.O.S.T.A (Agencia Telegráfica Rusa), impulsados por el dibujante Ceremnych y el poeta Maiakovski, que consistían en unir en un cartel varias viñetas satíricas. En ellas encontraron la forma perfecta de unir lenguaje accesible e  imágenes directas para lograr transmitir sus consignas.

En el Periodo de Entreguerras, marcado por el ascenso del fascismo italiano y el nazismo alemán, ya con la presencia de Goebbels en el Ministerio de Propaganda y más interesado en la radio y el cine que en el cartel, se trasladaban mensajes de continuismo y de ensalzamiento de los líderes y sus símbolos, apelando a la familia y a la unidad, trasmitiendo la imagen de unos líderes retratados como padres protectores.

La Segunda Guerra Mundial fue el momento álgido y el que mayor despliegue de medios utilizó para la persuasión de masas, también en el ámbito del cartelismo. Estados Unidos reutilizó el cartel de Flagg y surgieron otros, muchos de ellos dirigidos a las mujeres, como el ya emblemático de “We Can do it!” (“¡Nosotras podemos hacerlo!”), que ha perdurado hasta la actualidad.

Entre otros carteles icónicos está el que Reino Unido diseñó con el mensaje «Keep Calm and Carry On» (“mantén la calma y sigue adelante”), que fue muy poco utilizado en su momento pero que en el año 2000 fue redescubierto por una marca comercial y a día de hoy lo hemos visto hasta la saciedad con innumerables variaciones. La idea fue crear un mensaje sencillo con la única imagen de una corona para levantar la moral ante una invasión inminente.

Keep calm

También destaca muchísimo en este periodo la cantidad de carteles destinados a advertir sobre los peligros de hablar de más, pues nunca se podía saber cuándo una conversación podía ser espiada. El mensaje “loose talk can cost lives” (hablar por hablar puede costar vidas) se pudo ver en miles de carteles de la época, y muchos de los recursos propagandísticos se destinaron a recordar que era mejor mantener el silencio.

A partir del fin de la guerra, se siguen produciendo carteles, pero sin novedades en el estilo hasta 1968, año en el que los jóvenes de todo el mundo se movilizaron y tomaron también el cartel y las paredes para expresarse. En París, artistas y estudiantes de Bellas Artes llenaron la ciudad de mensajes, en los que se trabajaba sin descanso para cubrir con urgencia las calles.

Situándonos en los carteles políticos específicos del periodo electoral, son interesantes algunos pertenecientes a las campañas presidenciales estadounidenses, recogidos en 2012 en el libro Carteles de campaña presidencial: 200 años de arte electoral, en el que se pueden ver los cien mejores carteles presidenciales, algunos de ellos realmente curiosos.

Para encontrar en España carteles electorales que se salgan de lo habitual, tenemos que irnos a 1979. Este año, el PSOE destacó por un cartelismo diferente, a cargo del dibujante José Ramón Sánchez, que realizó varias ilustraciones diferentes para los socialistas, utilizando una técnica que estaba  totalmente en desuso en el terreno de la política.

Pero en 2014, la ilustración volvería a aparecer a cargo de Miguel Brieva para una campaña de Podemos y también la hemos podido ver, recientemente, en la imagen de la coalición Compromís – Podemos- Izquierda Unida, realizada por el dibujante valenciano Paco Roca.

Pero fuera de las campañas oficiales sí abunda la creatividad, y el Fan Art también ha reservado un pequeño hueco a la política. Ya ocurrió en EE.UU, donde el cartel de Obama con el mensaje “Hope” (“Esperanza”), realizado espontáneamente por el artista Shepard Fairey, se convirtió en uno de los más emblemáticos de la campaña. Pero no fue el único. Hubo tal cantidad de material gráfico que se creó la web Design for Obama con la que Taschen editó un libro coincidiendo con el primer año de su nombramiento.

El mismo fenómeno lo vivimos en Madrid durante las pasadas elecciones municipales de 2015, cuando surgió de forma espontánea en las redes el movimiento #madridconmanuela, en el que artistas de todo tipo retrataron a la candidata de Ahora Madrid para darle su apoyo como futura alcaldesa.

Las creaciones se hicieron virales y significaron un cambio en la forma de concebir las artes gráficas en campaña electoral, convirtiéndose en un proceso participativo, colectivo y, desde luego, mucho más innovador y creativo que al que estamos acostumbrados.

María Jara

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