A la vejez, viruela

La edad. Las arrugas, las canas, la artritis, los problemas de salud, las pérdidas de memoria y las de orina. Y, en definitiva, la muerte. Tanto la edad como la muerte como final del camino de nuestras vidas, son hechos que han atormentado y obsesionado a la Humanidad desde tiempos inmemoriales. Vivimos en una eterna paradoja en la que todo el mundo quiere llegar a los cien años gozando de buena salud, pero al mismo tiempo no quiere cumplir años y desea aferrarse a las distintas etapas de su juventud. Por eso la adolescencia se alarga ya hasta casi los treinta y la juventud se ha convertido en un estado mental que puede disfrutar un chico de dieciséis o una señora de ochenta y seis.

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Y es así como la senectud ha dejado de ser el ocaso de nuestras vidas, para pasar a ser una nueva oportunidad de disfrute, una nueva oportunidad de vivir. La vejez ya no es el momento previo a la muerte, sino que es una etapa en la que las personas pueden hacer lo que les plazca. No hay obligaciones laborales, no hay obligaciones familiares, y aunque las pensiones no den para mucho, siempre permiten hacer algún extra. Pero ya no se trata sólo de que las personas mayores salgan de fiesta, vayan al teatro, a tomar algo con los amigos o hagan deporte. Se trata de cómo está cambiando la actitud de éstos hacia la vida y cómo está cambiando la forma en la que las generaciones posteriores los observamos.

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Cabe recordar entorno a esta idea, que la alcaldesa de la capital es una jueza jubilada de 72 años que consiguió ilusionar a niños, jóvenes y maduros en un momento en el que parece que en política sólo vale la juventud. De hecho, Manuela Carmena pudo con candidatos jovencitos, bien vestidos y con buenas campañas de marketing detrás, mientras Madrid se volvía loca creando carteles que utilizaban a Carmena como icono popular. Pero no es el único ejemplo, ¿o no os acordáis ya de los yayoflautas?

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En el cine y la televisión también hemos podido observar como, a la luz de este fenómeno mundial, crecían la cantidad de personajes de este tipo. Personajes capaces de protagonizar una película sin que los más jóvenes se aburran. Personajes canosos capaces de salvar al mundo, vivir un otoñal romance, descubrir su sexualidad, dar un buen golpe, convertirse en un mito sexual o disfrutar de una fiesta salvaje.

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Si en Beginners (Principiantes) (Mike Mills, 2011) Christopher Plummer salía del armario confesándole a su hijo su homosexualidad y viviendo sus últimos años junto a su joven novio; en Grace & Frankie (Tim Kirkby, 2015-Actualidad), son Sam Waterson y Martin Sheen los que tras años de relación furtiva, deciden hacerla oficial y dejar a sus mujeres, Lily Tomlin y Jane Fonda. Y este es el genial punto de partida de la serie en la que Tomlin y Fonda se convierten en un dúo mágicamente divertido que nos hace disfrutar de todas sus aventuras y desventuras. Y es que Lily Tomlin y Jane Fonda se han convertido un poco en esas abuelas maravillosamente marchosas que nos divierten y nos enganchan a la pantalla. Tomlin estrenó este año su película Grandma (Paul Weitz, 2015), que nos narraba la historia de una abuela, su nieta embarazada y el viaje de ambas (tanto físico como emocional) en busca del dinero para el aborto de ella. Con Fonda nos reímos mucho en Ahí os quedáis (Shawn Levy, 2014), donde su vis cómica plantaba cara a titanes de la comedia como Tina Fey o Jason Bateman. Pero si brilló en alguna película últimamente esa es La juventud (Paolo Sorrentino, 2015), donde Jane Fonda demostró que no hace falta ser joven para eclipsar la pantalla y embelesar al espectador. Y es que, La juventud no deja de ser un buen ejemplo de esto que hablamos o acaso hace algunos años algún productor hubiese creído que una película sobre las reflexiones de unos ancianos en un balneario en los Alpes interesaría a alguien. Pero es que Sorrentino ya nos demostró que los personajes mayores pueden ser mucho más interesantes que los jóvenes, y si no fijémonos en el Jep Gambardella de La gran belleza (Paolo Sorrentino, 2013), el alma de todas las fiestas.

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Pero, también en los blockbusters la edad dorada está comiéndole terreno a la juventud. Nadie va a discutirles a Robert de Niro, Bruce Willis, Sylvester Stallone o Arnold Schwartzenegger sus tronos en el cine de acción. De Niro se ha convertido en un auténtico generador de blockbusters, ya sea como abuelo fiestero de Zac Efron en Dirty Grandpa (Dan Mazer, 2016) o como becario bajo el mando de Anne Hathaway en El becario (Nancy Meyers, 2015). Stallone, por su parte, va alternando películas como Los mercenarios (Sylvester Stallone, 2010), junto a Schwartzenegger y una buena reunión de viejas glorias, con otros papeles más prestigiosos, como el que supuso su vuelta a la primera plana de Hollywood y la vuelta del gran hito Rocky Balboa, Creed. La leyenda de Rocky (Ryan Coogler, 2015), que a punto estuvo de conseguirle un Óscar. Y Bruce Willis capitaneaba, por ejemplo, el equipo de asesinos de RED (Robert Schwentke, 2010), compuesto por Morgan Freeman, John Malkovich y Helen Mirren, además de seguir muy activo en el cine de acción, como en La jungla 4.0 (Len Wiseman, 2007). Harrison Ford también volvió a interpretar a Indiana Jones en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Steven Spielberg, 2008). También lo hizo en Star Wars, con su personaje de Han Solo, y junto a Mark Hammil y Carrie Fisher, también con algunos añitos más. Christopher Walken también es recurrente a la hora de interpretar a asesinos, como en Siete psicópatas (Martin McDonagh, 2012). Y qué decir de Alan Arkin, siempre tan divertido, especialmente en Pequeña Miss Sunshine (Jonathan Dayton, Valerie Faris, 2006).

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Pero esto no es sólo cosa de hombres. O acaso habéis olvidado ya de Judi Dench en Skyfall (Sam Mendes, 2012). Y es que Dench, junto con Maggie Smith, son las grandes actrices de películas con personajes de la tercera edad. Dench y Smith han restaurado, en la India, El Exótico Hotel Marigold (John Madden, 2011), pero también han vuelto a protagonizar películas como Philomena (Stephen Frears, 2013), El cuarteto (Dustin Hoffman, 2012) o The Lady in the Van (Nicholas Hytner, 2015). Y es que, 2015 fue un buen año para los personajes femeninos de mayor edad, como los ya citados de Tomlin o Smith, o como el de Blythe Danner en Volverás en mis sueños (Brett Haley, 2015). Y qué decir de Meryl Streep, preparada para ganar Óscars tanto a los 20 como a los 70.

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Alejandro Piera

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