El inventor de la selva

El documental nunca dejará de sorprendernos en su voluntad por descubrir las historias más insólitas y demostrar que la realidad no sólo puede superar a la ficción, sino que también pocas historias pueden llegar a ser tan sorprendentes como las que nos regala este género.

Sobre la marxa (El inventor de la selva) (Jordi Morató, 2014) es un relato asombroso con un protagonista excepcional. Josep Pujiula, un tornero mecánico ya jubilado, creó su propia ciudad en los bosques de l’Argelaguer, un pueblo de la provincia de Girona. El Garrell, este es el apodo de nuestro protagonista, fallecía este mes de junio y hasta el último momento continuó siendo un inventor, y artista, de la selva. El documental ha recorrido algunos de los festivales más importantes del país, como el de Málaga o el de Cine de Autor de Barcelona, y su director encontró el respaldo de La Termita Films, productora de Isa Campo e Isaki Lacuesta, que fue el tutor de este fantástico proyecto de Grado de la Universidad Pompeu Fabra. Aunque la historia ya rondaba su cabeza tiempo antes, después de descubrirla casi por casualidad, como se descubren muchas historias fantásticas, decidió volcarse en ella y aprovechar la oportunidad del proyecto final de la universidad para obtener los recursos necesarios para llevarla a cabo.

Sobre la marxa no sólo es un documental fascinante por lo que cuenta, sino por cómo su director va tejiendo todo el material. Las imágenes van tomando cohesión mediante una voz en off que, como si se tratara de una fábula, nos va introduciendo habilidosamente en el mundo de este fantástico hombre, que realizó construcciones impresionantes, piedra a piedra, rama a rama, con los únicos materiales que le proporcionaba la naturaleza, ese lugar donde ya desde pequeño pasaba horas, jugando con el agua, correteando y sintiéndose libre. Y así, con sus propias manos y sin ningún plan previo, construyó túneles en rocas, presas, laberintos, casas y refugios para animales que iba reuniendo poco a poco en su particular Arca de Noé.

Sobre la marxa 1

Un vecino de catorce años grabó durante seis veranos la hazaña de El Garrell. El documental se compone en gran parte de estas grabaciones y de las realizadas por una historiadora americana que calificó su trabajo como una de las obras de arte basura más importante del mundo. Pero esto no fue suficiente y tuvo que destruir hasta tres veces sus construcciones por el paso de las carreteras y por las denuncias de la policía. Estaba seguro de que su historia estaba condenada a repetirse y, cuando construía, intuía que estaba más cerca del final. Pero nada de eso le dio por vencido y, de la misma manera que lo destruía, también en una especie de ritual y de juego con el agua y el fuego, volvía a construir para, poco después, volver a alzar construcciones cada vez más altas y laberintos cada vez más intrincados. Para él, construir tres veces su propia ciudad dentro de la selva no ha significado otra cosa que cumplir su sueño por partida triple, y es que, como él mismo confiesa, necesita complicarse la vida para ser feliz.

Sobre la marxa 2

Otra parte del material recopilado tiene que ver con que también empieza a cogerle gusto al cine, le divierte, y es para él otra forma de jugar. Por eso, no duda en protagonizar sus propias películas con ayuda de la cámara de su nuevo amigo adolescente. Esas películas no podían ser otras que sus propias versiones de Tarzán. Con ellas, nos permite descubrirle un poco más, ver sus preocupaciones. Tal vez por eso, una de las cuestiones que más se repite en sus películas es la de la invasión del hombre blanco civilizado, como él llama al resto de personas, a las que prefiere cuanto más lejos, mejor. Cuando empieza a hacerse famoso y a recibir visitas, a las que no pone impedimento, se siente amenazado, y sobre todo, ve amenazado su entorno, pues muchas de ellas no siempre llegaban con buenas intenciones. En estas cintas también podemos ver su preocupación por el legado a la descendencia y la transmisión de los valores de la naturaleza.

Sobre la marxa 3

Los vecinos llegaron a crear una plataforma para evitar que se destruyera lo que quedaba y, hoy, este patrimonio aparece, incluso, en las guías turísticas. Su historia, su rebelión individual, seguirá viva gracias a ese legado que ha resistido pese a todo y, ahora, gracias también a este documental, que deja muy claro que nuestro entrañable protagonista nunca se planteó si lo que estaba haciendo era arte, algo grandioso o ni siquiera algo perdurable, sólo quería seguir jugando y ser feliz, y siempre, sobre la marcha.

María Jara

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