Buscando a…¿Dory?

Hay una serie de cosas que deberían estar prohibidas: el pepinillo en la hamburguesa, los tirantes de silicona o crear un secundario único y maravilloso, hacerle una película y cargarte el personaje, la historia, la hamburguesa y el pepinillo. Si Pixar destruyó el mito de “las segundas partes nunca fueron buenas”, con Toy Story 2 (John Lasseter, Ash Brannon, Lee Unkrich, 1999) y Toy Story 3 (Lee Unkrich, 2010), con Buscando a Dori (Andrew Stanton, Angus MacLane, 2016) lo ha resucitado.

Buscando a Nemo (Andrew Stanton, Lee Unkrich, 2003), es ya todo un clásico, no sólo de Pixar, sino del cine de animación (y del cine a secas). Aparte de superarse técnicamente y ofrecernos animación a un nivel de detalle nunca antes alcanzado (y dejándonos ver cada partícula de agua bajo el océano), la película cuenta de por sí con una base sólida: un fantástico guión. Si algo caracteriza a Buscando a Nemo, es la verdad que transmite. Dejando los aspectos técnicos como la fotografía y diseño de arte aparte, la historia con cada uno de sus personajes es absolutamente reconocible en miles de situaciones cotidianas, desde los protagonistas, hasta cada uno de los secundarios, donde la joya de la corona (y mira que son buenos) es, sin duda, Dory. Esta pececita ha merecido más de una mención en Cultura Trópica y miles de reverencias a su paso por todo el mundo. ¿Qué es lo que la hace tan especial?

Dory es un personaje indiscutiblemente cómico, pero lo es de una forma totalmente nueva y original. Alejándonos de los estereotipos secundarios (el tonto, el mandón, el chulo…), ella nos sorprende con todo un universo en su cabeza, del que se entrevé una pequeña parte. Con sus pérdidas de memoria a corto plazo, además de hacernos reír, adivinamos que se esconden miles de secretos inexplicables, como por qué sabe leer, o por qué habla balleno. Entrañable porque lejos de ser perfecta o ni siquiera ordenada, resulta indispensable para encontrar a Nemo. Un caramelo de personaje, con todo un mundo de posibilidades que mostrar… ¿o no?

En Buscando a Dory, todos esos secretos que descubrir se han convertido en un arma de doble filo, porque si bien resultan fascinantes, en cierto modo dejan de serlo cuando se desvelan. Que Dory de repente se ponga a hablar balleno de la nada (dialectos incluidos), es mil veces más interesante que (cuidado, mini spoiler), que de pequeña tuviera una amiga ballena… Y suma y sigue. No vamos a spoilear la película, aunque también advertimos que es más de domingo por la tarde en el sofá, que de viernes en el cine. La fascinante Dory llena de matices, se convierte en su propia película en una versión simplificada de sí misma que va perdiendo encanto a medida que gana memoria. ¿Os imagináis la cantidad de secundarios de lujo que han sido saboteados siendo protagonistas?

Si seguimos la pista a Pixar, y aunque nos sorprenda, esta no es la primera vez que bajan el listón al querer subirlo. Aunque casi ni la recordamos, precisamente después de Toy Story 2, lanzaron Buzz Lightyear, Comando Estelar: La aventura comienza (Tad Stones, 2000), un spin off del compañero inseparable de Woody que resultó ser un auténtico fracaso. Para olvidarla. Pero lo perdonamos porque luego hicieron la apoteósica Toy Story 3.

Sin embargo, Pixar no fue la única franquicia que se coronó y descoronó con el personaje de sus ojos. Si pensamos en DreamWorks y Shrek (Andrew Adamson, Vicky Jenson, 2001), los primeros en venirse a nuestra mente después del ogro verde, son Asno y El Gato con Botas, cuya mirada ha dado la vuelta al mundo en miles de memes y mails de buenos deseos. Si bien hay que reconocer que ni mucho menos fue un desastre como el de Buzz Lightyear, sí es verdad que siendo uno de los personajes favoritos, El Gato con Botas (Chris Miller, 2011), no causó tanto éxito como su predecesora. O aun más recientemente tenemos en Illumination Entertainment con Los Minions (Pierre Coffin, Kyle Balda, 2015). A ver, los minions son graciosos siempre, eso nadie puede negarlo. Pero si hubiésemos escrito esto antes de verla, podemos asegurar que nuestras expectativas iban mucho más alto de lo que llegó la realidad. Vamos, que es incomparable con Gru, mi villano favorito (Pierre Coffin, Chris Renaud, 2010). Aun así, son únicos para los cortos virales.

Si miramos más atrás (bastante más atrás), quizá recordemos al murciélago más mentiroso de la historia de la animación. En Anastasia (Don Bluth, Gary Goldman, 1997), de la Twenty Century Fox, donde se contaba la leyenda de la última princesa rusa, desaparecida durante la revolución de 1917, el villano de la película es Rasputín. ¿Y quién es su vasallo? Efectivamente, el murciélago Bartok, que de hecho se convirtió en lo más memorable del tráiler. Aprovechando el tirón, dos años más tarde lanzan Bartok, el magnífico (Don Bluth, Gary Goldman, 1999), donde podemos adivinar, él es el absoluto protagonista. Y aunque como pasa siempre, nacieron nuevos personajes, ninguno llegó a la talla del murciélago, que lejos de encumbrarse (y aunque la película no era mala), perdió relevancia.

el rey escorpio¦ün

Pero incluso alejándonos de la animación, encontramos grandes secundarios que fueron condenados por su protagonismo en malas películas. Podemos imaginar el punto negro en la carrera de Halle Berry que supuso, esta vez sí, el estrepitoso fracaso en todos los sentidos de Catwoman (Pitof, 2004). Con El Rey Escorpión (Chuck Russell, 2002), después de dejarnos con ganas de más en su breve aparición en El regreso de la Momia (Stephen Sommers, 2001), nos dejó con ganas de menos en la historia ilógica e inverosímil que le dedicaron.

Con este panorama, a veces da miedito que saquen nuevas películas con grandes secundarios como protagonistas. Por eso, desde Cultura Trópica, hacemos un llamamiento a los grandes guionistas, directores, productores… por favor, un poco de tacto si nos atrevemos con spin offs de Mushu (Mulán, Barry Cook, Tony Bancroft, 1998), Dumbledore (Harry Potter, 2001-2009), el teniente Dan Taylor (Forrest Gump, Robert Zemeckis, 1994)… ¿Se os ocurren más?

Milena Cañas.

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