Cuarenta años no es nada

Toda una vida o apenas tiempo suficiente para cerrar heridas… Cuarenta años de paz, la obra teatral escrita y dirigida por Pablo Remón narra la Historia de España a través de una historia familiar, mezclando a la perfección lo general y lo concreto. El Teatro del Barrio ha sido el espacio idóneo para esta producción que prevé volver a la carga en noviembre tras su éxito de crítica y público.

La sala ligeramente iluminada, con una decoración escasa pero certera, nos traslada a un jardín en decadencia. Las chicharras cantan y el calor asfixiante casi se puede sentir. Estamos en un antiguo caserón castellano, lleno de lujo y vida hace no tanto tiempo. Cuatro personajes duermen profundamente bajo el sol. En primer término un vacío que hace las veces de piscina olvidada, estancada y cubierta de hojas. Nadie la cuida porque a nadie le importa.

40 años de paz 1

La obra plantea una reflexión necesaria sobre la vigencia del discurso oficial que nos debería definir colectivamente. ¿Y qué dice más sobre el pasado que nuestra propia familia?

Todo comienza cuando el fallecido General franquista Enrique García Remón se le aparece al menor de sus tres hijos para iluminarle políticamente. El 23F, el General sufre un infarto y muere feliz, creyéndose victorioso, celebrando un regreso que no llegará a materializarse. A partir de ahí, el acertadísimo reparto se desdobla utilizando la piscina imaginaria como escenario dentro del escenario. Cuatro actores que se convierten en veinte personajes para narrar una historia que pone de manifiesto la importancia del pasado a todos los niveles.

Ana Alonso, Francisco reyes, Fernanda Orazi y Emilio Tomé se multiplican en el escenario a las órdenes de Pablo Remón. La viuda del General y sus tres hijos son el eje central de la trama configurando una esperpéntica metáfora de la historia colectiva reciente. Sus vidas sin el patriarca se convierten en un reflejo de la España postfranquista, que se busca a sí misma sin saber cómo librarse del lastre del pasado. O sin querer hacerlo…

Ricardo, el hijo mayor, es el más parecido al General. Se muestra como un triunfador que fantasea con las hazañas bélicas de su padre. Natalia, la mediana, se ha convertido en una actriz frustrada en plena crisis de los cuarenta mientras Ángel, ex- yonki y homosexual recibe la visita del fantasma de su padre para poner orden. Por su parte, Julieta, la madre, vive en un mundo paralelo en el que el sonido de su propia voz la aleja de cualquier verdad incómoda.

40 años de paz 2

Toda la obra se articula en torno a la palabra. La imaginación del espectador se encarga de rellenar espacios y situaciones, mediante un texto al que no le sobra ni le falta nada. Los protagonistas de una historia se convierten en secundarios imprescindibles en las historias de los demás. Y el espectador se lo cree, lo que pone de manifiesto la calidad artística tanto del guión como de los actores, que son a la vez personajes y narradores.

De esta manera, durante la hora y tres cuartos que dura el espectáculo, asistimos a un variado catálogo de personajes y situaciones más o menos cotidianas contadas desde la sátira. El público se convierte en cómplice de la historia que le involucra y llama su atención constantemente.

Cuarenta años de paz es el segundo montaje de La_Abducción, compañía que se puso en marcha en 2013 con la producción de La Abducción de Luis Guzmán. Ambas creaciones conforman junto con Muladar una trilogía sobre la meseta castellana abordada desde distintas perspectivas y estilos.

Marta Laso

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