7 Curiosidades sobre el sonido en el cine

Objetos cotidianos, efectos recurrentes, gritos imposibles o cuidados silencios. El diseño de sonido es una parte imprescindible del cine y, por eso, le rendimos nuestro pequeño homenaje con esta recopilación de curiosidades sonoras en el Séptimo Arte.

1. El sonido del cine mudo.

Durante el periodo del cine mudo, las proyecciones no estaban exentas de sonido. Muchas salas de las grandes ciudades estaban dotadas de maquinaria especial para ir recreando los efectos sonoros de la película. Así, reproducían truenos, pájaros, sonidos de objetos y, además, muchas escenas contaban con acompañamiento musical, normalmente un piano. Esta ambientación musical era clave para el cine primitivo, tanto que, en el caso de los Hermanos Lumière, se encargaban personalmente de elegir los instrumentos que acompañarían sus proyecciones en París, que en muchas ocasiones solía ser un cuarteto de saxofones. Hoy en día, se continúa utilizando este recurso de la música en vivo para acompañar las proyecciones de estas películas en las filmotecas u otras entidades culturales.

2. Micrófonos escondidos.

Luces de Nueva York (Bryan Foy, 1928) fue la primera película completamente sonora. Ya un año antes, el estreno de El cantor de Jazz (Alan Crosland, 1927) supuso una revolución en el cine al contar con escenas sonoras y algunos diálogos sincronizados. Los estudios se apresuraron por situarse a la cabeza del nuevo cine, pero los equipos eran todavía muy primitivos y con poco alcance, por lo que tenían que ingeniárselas para poner micrófonos camuflados por todo el set y lo más cerca posible de los actores, lo que provocaba más de un contratiempo. Para los actores tampoco fue fácil adaptarse al sonoro. Además de por los cambios técnicos, tuvieron que adecuar sus interpretaciones a un medio que ya no necesitaba una gestualidad tan exagerada y muchos de ellos no pudieron adaptarse. Todo esta etapa se recogió a la perfección en Cantando bajo la lluvia (Gene Kelly, Stanley Donen, 1952) y mucho más recientemente en The Artist (Michel Hazanavicius, 2011).

 3. Ese grito me suena.

El grito Wilhelm, fue utilizado por primera vez en Tambores lejanos (Raoul Walsh, 1951). Este grito bien vale para ser atacado por un cocodrilo, como es el caso de esta película, para huir despavorido o para atacar un castillo con violencia.

Tan famosos como este grito también están el grito de Howie (ese que hace un personaje al caer al vacío), cuyo nombre técnico (y más explícito) es “grito número 3: alarido con caída” o el grito Goofy, bautizado así por el perro animado más famoso, y que se ha utilizado a lo largo de toda la filmografía de Disney y, luego, mejorado, a lo largo de décadas en otras producciones hasta día de hoy.

4. Los efectos, todo un arte

Desde que se creó para El doctor Frankenstein (James Whale, 1931) utilizando un martillo y una plancha metálica, el efecto de sonido, bautizado como “el trueno del castillo”, ha sido siempre el mismo película tras película. Hay muchos más efectos que desde su creación han permanecido inamovibles hasta día de hoy y que son tan típicos como el sonido más reconocible y universal de teléfono utilizado desde 1974 o como el trote de caballos creado con cocos partidos por la mitad. Todos estos efectos de sala, llamados Foleys en homenaje a su creador Jack Donovan Foley, son imprescindibles para una película y sus artífices, los artistas del Foley, despliegan toda su creatividad para conseguir que cada uno de ellos sea perfecto. Así pues, dos de las películas más famosas de la historia del cine, encontraron su sonido perfecto en los objetos más variopintos. El sonido del apuñalamiento de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) encontró la perfección en otro apuñalamiento, en este caso el de una sandía, y el sonido distorsionado de la espada láser de toda la saga Star Wars fue fruto de un encuentro casual entre el sonido de un proyector y un cable sin aislante colocado cerca de un televisor.

5. Mezclas imposibles.

Otras veces el estudio de sonido se encuentra con el reto de buscar un sonido nuevo  y creíble, a partir de algo de lo que no se tiene referencia, creando mezclas imposibles. Las cabezas de los trabajadores de la MGM echaron humo para encontrar un grito perfecto para su Tarzán en Tarzán de los monos (W.S. Van Dyke, 1932) y lo encontraron en la mezcla de la voz del propio actor, Johnny Weissmuller, con el grito de una hiena, la voz de una soprano y una nota de violín. También tuvieron que ingeniárselas en Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993)  para crear el rugido del dinosaurio más temido, que finalmente consiguieron mezclando los sonidos reales de un cocodrilo, un tigre y un elefante.

Los animales también forman parte de los efectos de sonido de El exorcista (William Friedkin, 1973), en la que Robert Knudson y Chris Newman, encargados del sonido, utilizaron en los momentos de máxima tensión, entre ellos, el del propio exorcismo, sonidos provenientes de cerdos mezclados con zumbidos de abejas. Un diseño de sonido que les valió un merecido Oscar ese mismo año.

6. Bandas sonoras que pudieron no existir.

Es indiscutible que, además del diseño de sonido de una película, una buena banda sonora puede encumbrar una película (más de una vez la banda sonora puede convertirse en lo mejor de la película). Pero dos de las bandas sonoras más famosas del cine, estuvieron a punto de no existir. En el caso de Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), el propio Hitchcock no quería acompañamiento musical de ningún tipo en la escena del asesinato en la ducha, pero Bernard Hermann, el compositor, lo convenció, y surgieron así las notas más famosas del maestro del suspense. En el caso de La Misión (Roland Joffé, 1986) fue el propio Ennio Morricone el que le dijo al director que su película no necesitaba música. Pero Joffé no aceptó, así que el maestro Morricone se puso manos a la obra y comenzó la melodía más famosa de la película observando las notas con las que empezaba el propio protagonista al tocar el oboe en la escena y, a partir de ahí, surgió el tema musical que posiblemente sea lo mejor de toda la película (ya habíamos advertido que podía pasar)

7. El silencio también es imprescindible.

Tan importante como el sonido en el cine lo es el silencio y, sobre todo, saber combinar ambos. Si todo tiene sonido, al final puede que éste pierda toda la importancia, pero si manejamos el silencio, dándole peso dentro de la historia, ambos salen ganando. A lo largo de la filmografía de Scorsese podemos ver repetidamente la combinación de ambos recursos. Utiliza el silencio dándole mucho significado, y suele ser el precedente de un momento de máxima tensión y en muchas ocasiones los momentos de silencio se convierten en momentos en los que sus protagonistas toman una decisión sobre algo. En la escena del último combate de Toro Salvaje (Martin Scorsese, 1980) fue el propio Frank Warner, editor de sonido habitual en muchas de sus películas, el que sugirió eliminar todos los efectos de sonido diseñados para la escena y dejar momentos que recrearan el aturdimiento de Jake la Motta. Además, los propios sonidos de las peleas en el ring fueron los mismos que se utilizaron en los momentos de violencia de su casa.

 María Jara

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