7 viajes de cine para escapar de la rutina

El verano se ha acabado. Toca pillar el primer catarro del año y volver a la rutina. Sacar las cazadoras del armario y hacer hueco para esconder maletas, toallas y bañadores en un oscuro rincón donde no nos recuerden lo mucho que queda para volver a librarse de los madrugones y el estrés.

Y para sobrellevar el drama de la rutina, nada mejor que empezar a planear las próximas vacaciones. Una actitud masoquista que nos hace soñar con veranos interminables y escapadas a ciudades mágicas que poco tienen que ver con la realidad.

Nosotros hemos creado un catálogo de las mejores vacaciones de cine, porque soñar es gratis. Y autotorturarse, también.

  1. Hacia rutas salvajes (Sean Penn, 2007):

¿Quién no ha pensado alguna vez en dejarlo todo y escaparse a la naturaleza? No saber nada de nadie, dedicarse a uno mismo y a la vida contemplativa mientras los demás se asfixian en sus rutinas.

Chistofer McCadness (Emile Hisrch) narra su aventura entres capítulos basados en su aprendizaje como nómada. Tras graduarse en la universidad, un prometedor futuro se abre ante él, pero ¿y si no queremos lo que se supone que está planeado para nosotros? Huir se convierte en la opción más valiente y vivir al aire libre es el mejor cobijo. Eddie Veder se encarga de la banda sonora de una historia que parece creada expresamente para su estilo y completa esta historia de viajes y autoconocimiento.

McCadness se convierte en Alexander Supertramp y recorre miles de kilómetros, conociendo a personas interesantes por el camino sin ninguna preocupación.

2. Viaje a Darjeeling (Wes Anderson, 2007)

Quinta película del inconfundible director de la simetría. Tres hermanos recorren la India para reencontrase y estrechar sus lazos. Las diferencias entre ellos son el hilo conductor de una divertidísima historia que transcurre en el tren que les lleva a atravesar el subcontinente en busca de su mística madre. Toda una aventura en familia que invita a montarse en un tren e irse lejos, muy lejos. La colorida estética marca de la casa compaña a los delirantes diálogos que ponen de manifiesto lo diferentes que pueden ser las personas, incluso de la misma familia.

Desde luego, no hay un medio de transporte más estimulante que el tren y Anderson aprovecha las posibilidades que vagones y pasillos ofrecen para contar este peculiar viaje. Y es que viajar en familia es siempre una aventura, ya sea en un tren lleno de color o en un seiscientos sin aire acondicionado.

3. Easy Rider (Dennis Hopper, 1974)

La road movie por excelencia. Una caótica obra maestra que sacudió los cánones del cine americano y sorprendió a propios y extraños. Dos moteros salvajes recorren el país para llegar al Mardi Gras en Nueva Orleans. Por el camino conocen a un variado catálogo de personajes extraños, como el abogado borracho que les libra de la cárcel y se une a ellos, interpretado por Jack Nicholson en su primer papel relevante. Denis Hopper y Peter Fonda interpretan a los viajeros. Dos revolucionarios actores que sacrificaron su amistad para dar forma a una de las películas más icónicas del conocido como Nuevo Hollywood.

Easy Rider es a la vez un viaje físico e interno de sus personajes, pero también es un atrevimiento en sí misma. Hopper, con fama de ser bastante intratable, experimenta con los códigos narrativos y audiovisuales e inaugura una nueva forma de hacer cine, tanto en el rodaje como en la edición.

4. La Playa (Danny Boyle, 2000)

Richard, un jovencísimo Leonardo DiCaprio, recién salido de Titanic, se embarca en un viaje a Tailandia para buscar nuevas experiencias de la mano del polifacético Boyle en su cuarta película. En su camino se topa con la leyenda de una isla habitada por viajeros que han dejado atrás sus vidas anteriores para establecer una comunidad en la naturaleza. El imberbe DiCaprio y una pareja de franceses que conoce durante su aventura, emprenden la búsqueda de la mítica isla, con triángulo amoroso incluido.

Pero no es oro todo lo que reluce y la amigable comunidad de pseudohippies renegados parece no serlo tanto cuando las cosas se complican… La película construye toda una utopía selvática cargada de paisajes a los que huir sin pensárselo dos veces.

5. Vacaciones en Roma (William Wilder, 1953)

Audrey Hepburn, Gregory Peck, una Vespa y la ciudad eterna… Una de las imágenes más representativas del Hollywood clásico. Ella, una princesa que se escapa durante unas horas de sus obligaciones protocolarias y él, un periodista americano que se ofrece a hacer de guía por las calles de Roma… Aunque en realidad la primera intención del americano es cobrar una exclusiva por la historia de la princesa extraviada. Pasan el día juntos descubriendo los rincones de la ciudad hasta que por la noche, cuando acuden a una fiesta se dan cuenta de que ha surgido algo entre ellos y ambos tienen que tomar una decisión. Todo un subidón de azúcar que ha enamorado a varias generaciones, tanto de sus protagonistas como de la ciudad.

6. Viaje a la Luna (Georges Méliès, 1902)

Puestos a escaparse, mejor hacerlo lo más lejos posible. La inagotable imaginación del gran Méliès nos transporta con su famoso cohete nada menos que a la Luna. Tras una reunión de astrónomos presidida por el propio director, que siempre se reservaba algún papel en sus obras, seis temerarios científicos crean un complejo medio de transporte que acabará estrellado en la cara del satélite en uno de los planos más famosos de la historia del cine.

Como toda invasión que se precie, el viaje acaba como el rosario de la aurora con un enfurecido grupo de selenitas que expulsa por la fuerza a los extraños.

Un lunes de noviembre, se ha acabado el café en casa y el metro va a reventar. ¿Quién no ha viajado a la Luna en esas condiciones? Méliès era un visionario…

7. Ida (Pawel Pawlikowski, 2013)

No todos los viajes se hacen por placer, y menos en el cine. A veces, los personajes tienen que salir de su comodidad para enfrentarse realidades lejanas que sacudan sus vidas. Este es el caso de la protagonista de Ida, una conmovedora película polaca que cuenta la historia de Anna, una novicia que ha vivido toda la vida el convento donde alguien la abandonó durante la guerra. Anna está a punto de asumir sus votos y decide conocer a su tía, la única pariente viva que le queda. En ella descubre a una mujer fuerte, marcada por su pasado con la que no puede tener menos en común y juntas emprenden un viaje a la Polonia más profunda para conocer el pasado de Anna, cuyo nombre real es Ida. Un viaje en blanco y negro hacia el conocimiento de la historia propia y familiar.

Marta Laso

 

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