Leonard Cohen: Bird on a wire

Leonard Cohen ha sido definido como el músico más enigmático, y uno de los más fascinantes, de su generación. No hay canción suya que haya escapado de ser versionada, sus letras han seguido vivas generación tras generación y su grave voz sigue siendo inconfundible. Revisamos el documental Bird on a wire (Tony Palmer, 2010) para acercarnos a este cantante de versos que hoy cumple 82 años.

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Dejar un documental en manos de Tony Palmer no es dejarlo en manos de cualquiera. Ya disfrutamos de su maravillosa forma de hacer, entre tantos otros,  en Callas (Tony Palmer, 1981)  y, esta vez, fue el manager de Cohen, Marty Machat, quien, ante la que se suponía que sería la última gira del cantante, le hizo el encargo al director británico de seguirles y grabar durante los más de veinte conciertos que el cantautor ofrecería antes de despedirse de los escenarios en 1972.

El documental comienza con el protagonista recitando su poema “Cualquier sistema” y bromeando en su primer concierto sobre haber firmado sin leer unos papeles que supusieron la cesión de derechos de Suzanne, su canción más emblemática, y con la que se daría a conocer a un público más amplio. La información, o advertencia, del director llega también en el inicio: “Este es un reflejo de lo que ocurrió en esa gira”. Es importante, puesto que el primer montaje hecho con el extenso material recogido por Palmer, cuya única condición fue no tener restricciones en la grabación, no fue aceptado por resultar demasiado íntimo (iba con ellos hasta la ducha, literalmente), y, finalmente, realizó otro montaje que no atrajo ningún interés. Fue ya en 2009 cuando Palmer recuperó el valiosísimo material grabado, que se encontraba en un estado bastante desastroso, y lo reconstruyó convirtiéndolo en el mejor documental sobre Cohen y revalorizando unas imágenes grabadas más de treinta años atrás.

Sus inicios en la música tuvieron que ver con el empeño del productor John Hammond, que había escuchado Suzanne en voz de Judy Collins.  Cohen aceptó la oferta de grabar su primer disco, Songs of Leonard Cohen, al ver que llegaría mejor a su público que, por esa época, los años 60, se habían dejado seducir por la música folk y las letras de unos jovencísimos Bob Dylan, Joan Báez o Paul Simon.

Quizá porque la música fue más una prolongación de su poesía, ya editada muchos años antes que sus canciones, cuando le preguntan cómo se define musicalmente, después de puntualizar que no tiene habilidades para cantar ni tocar de otra manera, prefiere hacerlo con el término chansonnier, muy cercano al de trovador medieval y que definía en esos años 60 y 70 a aquellos poetas que recitaban sus canciones, y sólo las suyas, acompañados de una guitarra.

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En Bird on a wire no oímos preguntas del director, no hay testimonios directos ni voces en off y, sin embargo, es cada imagen la que construye la narración, sumándose a las letras de las canciones de Cohen, que actúan como hilo conductor de cada detalle. De esta manera, Palmer recurre a la música para realizar una descripción de su protagonista que no necesita palabras añadidas, pues sus canciones, su forma de interactuar con el público, de hablar con la prensa, las conversaciones con los músicos que le acompañan en la gira, dicen todo de él y de su relación con quienes le acompañan.

Se sumerge en sus letras, que exploran la religión, la política, el amor, la sexualidad y las relaciones. Acompañado de ellas vemos a un Cohen que define el éxito como supervivencia, las canciones y la soledad como un acto político y que admite que no aguantaría escuchando sus discos más de media hora. Pero también vemos un Cohen que ríe y bromea con los asistentes a sus conciertos, que se encarga de devolver él mismo el importe de las entradas cuando el público, descontento por fallos técnicos de sonido que se llevan produciendo durante la gira, lo reclama o cuando siente que no ha transmitido nada durante su actuación. Entiende que su deber al subirse al escenario es flotar y hacer flotar a los asistentes, un acto de reciprocidad entre él y el público, y acabar devastado tras cada concierto, tanto que no pueda seguir cantando ni una sola canción más. En eso coincidía con Nina Simone, cuya misión en cada concierto era agitar al público hasta que quedaran destrozados, como un acto de compromiso con el tiempo que vivió. Quizá por este compromiso, las canciones de Cohen no han tenido jamás mejor versión que las cantadas por esas voces que compartían con él esa visión de la música.

No por casualidad el tema Bird on the wire pone el broche final al relato. Una canción que Cohen utilizó para arrancar todos los conciertos de esa gira y que Palmer ha preferido utilizar a modo de conclusión personal sobre lo visto y oído en este acercamiento a una figura esencial de la música.

“Como un pájaro sobre el cable, como un borracho en un coro de medianoche, he intentado, a mi manera, ser libre”.

A la espera de un nuevo disco que verá la luz este otoño, y que será el número catorce de su discografía, recogemos un adelanto de la que será la canción principal, You Want it Darker, que da nombre al álbum, y que vio la luz como parte de la banda sonora de la tercera temporada de Peaky Blinders (Steven Knights, 2013-actualidad).

María Jara

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