El hombre de las mil caras: historias de la trastienda política

A punto de comenzar la cuenta atrás para la convocatoria de unas más que probables terceras elecciones (el 31 de octubre es la fecha tope de disolución de las cortes), los “españolistos” estamos tan hartos que no nos quedan fuerzas ni para imaginar lo que estará ocurriendo (o no) en la trastienda de los partidos políticos. Negociaciones, pactos, alianzas, puñaladas, cizaña, zancadillas, llamadas, mensajes cifrados… o una buena peli, pijama y manta. Y es que al final, la cosa va de eso, ellos en sus casas y nosotros sin enterarnos de la misa la media, y con un poder de decisión nulo sobre nuestro futuro. Y por desgracia, ni siquiera esto es nuevo.

No podía venir en mejor momento la nueva película del director de La Isla Mínima (Alberto Rodríguez), estrenada el pasado 23 de septiembre. El hombre de las mil caras (Alberto Rodríguez, 2016), trata el tema “loquehacelacumbreamisespaldas” a través de la figura de Luis Roldán, el ex director general de la Guardia Civil entre 1986 y 1993 acusado y condenado finalmente por malversación de fondos públicos, cohecho, fraude fiscal y estafa. La película cuenta precisamente la fuga de este personaje público de la mano de Francisco Paesa, un agente de los servicios secretos españoles tan estafador como el primero. Aparte de la incompetencia del gobierno de España para dar con el paradero de Roldán, es interesante ser testigo (aunque sea en pantalla) de esa trastienda a la que nunca tenemos acceso, entre la que nos muestran, por ejemplo, el pacto entre el gobierno y Roldán cuando él se entrega. E independientemente, tenemos que decir que la calidad técnica e interpretaciones son impecables, y cuenta con una narrativa que, aunque bastante pausada y sin bruscos puntos de giro, nos engancha para seguir la considerable cantidad de datos e información que nos suministran durante dos horas de metraje.

Y ya que no podemos arrojar luz sobre el futuro, o siquiera sobre el presente, hoy recurriremos al cine que se ha colado en esa trastienda de algunos de los momentos más polémicos o confusos de la historia contemporánea de España.

Siguiendo la cronología de esas historias de las mil caras, reclama nuestra atención La verdad sobre el caso Savolta (Antonio Drove, 1979), que trata el tema del pistolerismo de principios de siglo, aquí concretamente en la Barcelona de 1917, en la época del movimiento obrero. ¿Dónde está el asunto turbio? En las empresas y la práctica en la sombra por parte de ambos bandos. La cuestión era así: en ese momento de lucha social por las condiciones de los trabajadores, los patrones encontraron una manera de evitar las huelgas, y fue contratando a pistoleros que disparasen a los huelguistas y agitadores. La reacción de los obreros fue pagarles con la misma moneda, de manera que se inicia una guerra “oculta” entre unos y otros que llegó a convertirse en un verdadero problema de Estado, ya que supuso la muerte de unos 200 obreros. Esta práctica se inicia precisamente en Barcelona, donde está situada esta historia basada en la novela homónima de Eduardo Mendoza (1976), y contada a través de personajes ficticios como su protagonista, interpretado por José Luis López Vázquez.

Saltándonos un poco el tiempo hacia delante, tenemos esa época tantísimas veces tocada en nuestro cine: la Guerra Civil y Posguerra. Sin embargo, esta vez vamos a posar nuestra mirada no en una ficción sino en el cine documental: La vieja memoria (Jaime Camino, 1977), es el más completo sobre el tema. Y aunque abarca una época extensa en vez de un suceso concreto (como puede hacer Trece Rosas– Emilio Martínez Lázaro, 2007- con el fusilamiento de las jóvenes acusadas de atentado a Franco en 1939, o Soldados de Salamina– David Trueba, 2003- sobre el soldado que dejó escapar al fundador de la Falange Española), resulta fundamental a la hora de esclarecer episodios tan oscuros, ya que cuenta con testimonios de todo tipo: anarquistas, comunistas, republicanos, falangistas… que van construyendo los hechos (y contradiciéndose también, lo que resulta bastante significativo), a través de la memoria de sus experiencias y un montaje dinámico que intercala imágenes de la época. En este fragmento, José Luis de Vilallonga habla de la cotidianidad de los fusilamientos y las torturas a escondidas.

Finalizando la dictadura, tenemos uno de los últimos sucesos en los que ésta dejó su sello: la última condena a muerte y ejecución del franquismo en el garrote vil de Salvador (Puig Antich) (Manuel Huerga, 2006). Protagonizada por Daniel Brühl en un papel protagonista magistral, la película cuenta la historia de este anarquista del Movimiento Ibérico de Liberación (una organización anticapitalista que defendía la agitación armada y propaganda para defender la lucha de clases), que tras un tiroteo con la policía, fue detenido y acusado de la muerte de uno de los agentes. Además de lo negra que ya es la pena de muerte en sí misma, en este caso hay algunos hechos que no terminan de estar claros, como por ejemplo, que la autopsia al policía la realizase un médico militar, sin testigos y en una comisaría de policía, o que al acusado se le condenase en un juicio con infinidad de irregularidades en el sumario, como la falta de pruebas para determinar quién disparó. El film obtuvo el Goya a Mejor Guión Original y 11 nominaciones más.

Ya en Salvador (Puig Antich), el tema de ETA es fundamental y está tremendamente presente, y así como ha sido tratado en varias películas tan conocidas como La fuga de Segovia (Imanol Uribe, 1981), El Lobo (Miguel Courtois, 2004) nos ofrece una visión única, la de un agente de los servicios secretos españoles infiltrado en la banda terrorista desde 1973 a 1975, Mikel Lejarza. Durante ese tiempo, provocó la caída de los miembros más destacados y la cúpula de la organización. Cuando fue descubierto, se vio obligado a operarse el rostro y desaparecer. Pero lo más interesante y lo que nos ha cautivado para seleccionarla entre las historias de la trastienda política, es que la película da a entender que durante la dictadura franquista, el gobierno podía haber terminado con la banda terrorista si hubiese querido. Es decir, el Estado tenía intereses ocultos para que ETA permaneciese viva. ¿Quizá eran una buena excusa para justificar la continuidad del régimen?

En 1977, tuvo lugar el 24 de enero “La Matanza de Atocha”, un atentado de la ultraderecha hacia cinco abogados asociados al partido comunista, el suceso más grave ocurrido durante la Transición democrática. Siete días de enero (Juan Antonio Bardem, 1979), reconstruye estos hechos, en los que la autoría fue reclamada por la Alianza Apostólica Anticomunista. El asunto más turbulento se presenta cuando en la sentencia dictada en febrero de 1980, aparece que el atentado había sido encargado por el secretario provincial de Madrid del Sindicato Vertical del Transporte, Francisco Albadalejo Corredera, y llevada a cabo por José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada.

A finales de los 80, El Misterio Galíndez (Gerardo Herrero, 2003), nos trae la investigación de una joven americana sobre la desaparición en 1956 del político nacionalista vasco Jesús Galíndez. Una vez más nos encontramos ante un thriller político que trata de aclarar las extrañas circunstancias de dicha desaparición, que involucra a los responsables de los hechos para tratar de impedir que todo salga a la luz, como finalmente ocurrió: Galíndez fue raptado de EEUU (donde residía), y llevado a República Dominicana, donde fue asesinado.

De la mano de los creadores de El lobo, a finales de los 80 y principios de los 90 nos llega la visión de otro episodio fundamental de nuestra historia: GAL (Miguel Courtois, 2006), relata la investigación, basada en hechos reales, de dos periodistas (del Diario Deia en la realidad) sobre la implicación de distintos personajes públicos en la organización responsable del terrorismo de Estado o “guerra sucia” contra ETA. La película ha sido criticada por inexactitudes, y técnica y artísticamente tampoco podemos considerarla una gran obra (sin duda, un tema pendiente de tratar por nuestro cine).

Y en el último lugar, volvemos al principio: El hombre de las mil caras. Años 90. Retomando el escándalo de los GAL, exponiendo esa trastienda del único lugar en el que estuvo Roldán, mientras el gobierno y el mundo entero lo “encontraban” una y otra vez en cientos de lugares del mundo. Mostrando “loquehacelacumbrecuandonomiro”. Como en tantas películas, unas más esclarecedoras que otras, que intentan explicarnos qué pasó realmente.

Milena Cañas.

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