Hollywood calls

Juan Antonio Bayona es uno de los últimos directores de cine europeos seducidos por la industria hollywoodiense. Su Un monstruo viene a verme (Juan Antonio Bayona, 2016) se estrena este viernes, 7 de octubre, en los cines españoles. La película supone la consagración de Bayona en la meca del cine, tras el éxito internacional de Lo imposible (Juan Antonio Bayona, 2012). Bayona se rodea aquí de actores de la talla y la fama de Sigourney Weaver, Felicity Jones o Liam Neeson. Pero el director español ha llegado a Hollywood, acudiendo a su llamada, para quedarse. Un monstruo viene a verme va a realizar una potente campaña de cara a los próximos Óscars, intentando colarse, por lo menos, en alguna de las categorías técnicas, quizás de más fácil acceso. Pero, además, Bayona ya está trabajando en la segunda parte de Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015), porque un director extranjero no se consagra en Hollywood, si no dirige una franquicia. Y hasta ha dirigido dos episodios de la serie de televisión Penny Dreadful (John Logan, 2014-2016). Estamos seguros que el viaje que inicia esta semana Un monstruo viene a verme, así como la carrera que Juan Antonio Bayona tiene por delante, serán espectaculares.

Bayona no es el único director extranjero que estrena película próximamente dentro de la industria cinematográfica más importante del mundo. El chileno Pablo Larraín estrenará, más pronto que tarde, Jackie (Pablo Larraín, 2016), un biopic nada habitual sobre Jackie Kennedy, centrado en las horas posteriores al asesinato de su marido. Natalie Portman interpreta a Jackie en la cinta, que ha recibido muy buenas críticas y se ha situado como una de las favoritas de cara a la próxima edición de los Óscar, donde Larráin podría participar también con Neruda (Pablo Larraín, 2015), película seleccionada por Chile para competir por la estatuilla a la Mejor Película de Habla No Inglesa. Veremos si consigue doblete.

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También el canadiense Denis Villeneuve, que triunfó mundialmente con la oscarizada Incendies (Denis Villeneuve, 2010), está a punto de estrenar La llegada (Denis Villeneuve, 2016), con Amy Adams y Jeremy Renner, pero que, sin embargo, para él supone una aventura más en Hollywood, puesto que ya tocó el éxito con películas como Prisioneros (Denis Villeneuve, 2013), Enemy (Denis Villeneuve, 2013) o la más reciente Sicario (Denis Villeneuve, 2015). Además, también se va a hacer cargo de una secuela de gran peso, la de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), que puede suponer su consagración en la meca del cine.

Y es que Hollywood ha sido siempre un gran experto en nutrirse del talento extranjero. Desde los inicios del cine, los artistas del medio han viajado de un sitio a otro para probar suerte o filmar algunas verdaderas obras de arte, algunos huyendo de sus países de origen y otros tentados por todo el oro del mundo. Desde Alemania llegó a Hollywood en los albores del sonido cinematográfico Friedrich Wilhelm Murnau, quién había firmado ya obras como Nosferatu, el vampiro (F. W. Murnau, 1922) o Fausto (F. W. Murnau, 1926), y que desarrolló en Hollywood otras de sus obras más famosas, como Amanecer (F. W. Murnau, 1927), Los cuatro diablos (F. W. Murnau, 1928) o Tabú (F. W. Murnau, 1931). También por la época, y tras una fructífera carrera en Alemania, llegó a Estados Unidos Ernst Lubitsch, para regalarnos películas como El patriota (Ernst Lubitsch, 1928), Una hora contigo (Ernst Lubitsch, George Cukor, 1932), La viuda alegre (Ernst Lubitsch, 1934), Ninotchka (Ernst Lubitsch, 1939), Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942) o El diablo dijo no (Ernst Lubitsch, 1943), entre otras muchas.

Durante la II Guerra Mundial, muchos cineastas aprovecharon su fama para probar suerte en Hollywood, dada la precariedad de la industria europea en plena contienda y el peligro que corrían allí debido a sus religiones, orientaciones sexuales y pensamientos políticos. Así, Jean Renoir, por ejemplo, filmó en Estados Unidos películas como Esta tierra es mía (Jean Renoir, 1943), El sureño (Jean Renoir, 1945) y Una mujer en la playa (Jean Renoir, 1946), para luego volver al cine francés. Lo mismo hizo René Clair, encargándose de filmes como La llama de Nueva Orleans (René Clair, 1941), Me casé con una bruja (René Clair, 1942), Sucedió mañana (René Clair, 1944) o Diez negritos (René Clair, 1945), clásica adaptación de la famosa novela de Agatha Christie. Y para establecerse allí llegaron, por ejemplo, Robert Siodmak, que nos regalaría películas como La escalera de caracol (Robert Siodmak, 1945), Forajidos (Robert Siodmak, 1946) o A través del espejo (Robert Siodmak, 1946), uno de los mejores papeles de Olivia de Havilland; u Otto Preminger, autor de La luna es azul (Otto Preminger, 1953), Anatomía de un asesinato (Otto Preminger, 1959) o Éxodo (Otto Preminger, 1960).

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Durante la década de los 50 y la de los 60, el flujo de cineastas foráneos a Hollywood continúo con buen ritmo. Algunos lo hicieron sólo por probar, como Vittorio de Sica con Estación Termini (Vittorio de Sica, 1953) o Siete veces mujer (Vittorio de Sica, 1967). De Sica también se atrevió con la actuación y llegó a conseguir una nominación al Óscar como Mejor Actor Secundario por Adiós a las armas (Charles Vidor, 1957). Otros, como Roman Polanski, tras consagrarse con El cuchillo en el agua (Roman Polanski, 1962), rodada en su Polonia natal, llegó a Hollywood para quedarse. Allí rodó dos de sus más importantes obras maestras: La semilla del diablo (Roman Polanski, 1968) y Chinatown (Roman Polanski, 1974), pero sus problemas con la justicia le obligaron a volver a refugiarse a Europa, donde siguió filmando películas de la calidad de Tess (Roman Polanski, 1979), El pianista (Roman Polanski, 2002) o Un dios salvaje (Roman Polanski, 2011), siempre rodeado del star-system de Hollywod. O Michael Cacoyannis que acercó Grecia a Hollywood gracias a Zorba, el griego (Michael Cacoyannis, 1964) y Las troyanas (Michael Cacoyannis, 1971).

Grandes directores probaron suerte a lo largo de los 70, 80 y 90. Milos Forman llegó con Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975), desde su Checoslovaquia natal y le dio tiempo a forjarse una carrera en Estados Unidos, ganar dos Óscars como director y firmar películas como Hair (Milos Forman, 1979), Ragtime (Milos Forman, 1981), Amadeus (Milos Forman, 1984) o El escándalo de Larry Flynt (Milos Forman, 1996). Dos películas filmó el griego Constantin Costa-Gavras en Hollywood antes de volver a Europa y seguir su interesante filmografía: Desaparecido (Costa-Gavras, 1982), con Jack Lemmon y Sissy Spacek; y La caja de música (Costa-Gavras, 1989), con Jessica Lange. Desde Suecia llegó Lasse Hallström, que había triunfado mundialmente con Mi vida como un perro (Lasse Hallström, 1995), a principios de los 90, descubriéndonos a Leonardo DiCarpio, con ¿A quién ama Gilbert Grape? (Lasse Hallström, 1993), tras la que vinieron cintas como Las normas de la casa de la sidra (Lasse Hallström, 1999), Chocolat (Lasse Hallström, 2000) o Un viaje de diez metros (Lasse Hallström, 2014).

Por la ciencia ficción o las películas de acción se han visto obligados a pasar algunos de los más recientes directores foráneos que han probado suerte en Hollywood. Desde Sudáfrica llegó Gavin Hood, tras ganar el Óscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa por Tsotsi (Gavin Hood, 2005), para filmar Expediente Anwar (Gavin Hood, 2007), X-Men Orígenes: Lobezno (Gavin Hood, 2009) o El juego de Ender (Gavin Hood, 2013). Wolfgang Petersen, quien llegó tras Das Boot. El submarino (Wolfgang Petersen, 1981), decidió quedarse y apostar por estos géneros, con títulos como La historia interminable (Wolfgang Petersen, 1984), Air Force One (Wolfgang Petersen, 1997) o Poseidón (Wolfgang Peterse, 2006). Oliver Hirschbiegel, tras su aclamada El hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004), filmó Invasión (Oliver Hirschbiegel, 2007), con Nicole Kidman y Daniel Craig. Y qué decir de Guillermo del Toro, que tras su debut con Cronos (Guillermo del Toro, 1993) en México, ha iniciado un carrerón en Hollywood con títulos como Mimic (Guillermo del Toro, 1997), Hellboy (Guillermo del Toro, 2004), Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013) o La cumbre escarlata (Guillermo del Toro, 2015), alternando alguna película entre España y México, como El espinazo del diablo (Guillermo del Toro, 2001) y la famosísima El laberinto del fauno (Guillermo del Toro, 2006). El holandés Paul Verhoeven, que tiene en cartelera la rompedora Elle (Paul Verhoeven, 2016), decidió darle un toque de erotismo y Sci-Fi a su filmografía en Hollywood, con títulos como RoboCop (Paul Verhoeven, 1987), Desafío total (Paul Verhoeven, 1990), Instinto básico (Paul Verhoeven, 1992) o Showgirls (Paul Verhoeven, 1995). Y Ang Lee, que llegó desde Taiwán con éxitos a sus espaldas como El banquete de boda (Ang Lee, 1993), Comer, beber, amar (Ang Lee, 1994) o Tigre y dragón (Ang Lee, 2000), acabó convirtiéndose en un gran maestro para todo cineasta, con películas tan impactantes como Sentido y sensibilidad (Ang Lee, 1995), Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) o La vida de Pi (Ang Lee, 2012). También este año estrenará Billy Lynn’s Long Halftime Walk (Ang Lee, 2016), con Kristen Stewart, Vin Diesel y Steve Martin, entre otros. Y una y no más se debió decir el francés Jean-Pierre Jeunet cuando viajó a Hollywood a filmar Alien Resurrección (Jean-Pierre Jeunet, 1997). Menos mal que volvería a su Francia natal para regalarnos Amélie (Jean-Pierre Jeunet, 2001).

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La televisión también ha sido refugio de cineastas extranjeros en Los Ángeles. Por series como The Wire (David Simon, 2002-2008), The Killing (Veena Cabreros Sud, 2011-2014) o House of Cards (Beau Willimon, 2013-Actualidad) ha pasado la polaca Agnieszka Holland, directora de Europa, Europa (Agnieszka Holland, 1990), entre otras impactantes películas. Por otras como Ley y Orden: Acción criminal (Dick Wolf, 2001), Rockefeller Plaza (Tina Fey, 2006-2013) o House (David Shore, 2004-2012), lo ha hecho el argentino Juan José Campanella, mientras rodaba en su país películas como El hijo de la novia (Juan José Campanella, 2001) o El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, 2009). También los noruegos Joachim Rooning y Espen Sandberg, directores de Kon-Tiki (Joachim Ronning, Espen Sandberg, 2012), han pasado por el rodaje de Marco Polo (David Petrarca, 2014-2015), mientras esperan a estrenar Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales (Joachim Rooning, Espen Sandberg, 2017).

También en 2017 llegará La torre oscura (Nikolaj Arcel, 2017), adaptación de la novela de Stephen King, que será llevada a término por Nikolaj Arcel, quién nos descubrió a Alicia Vikander en la danesa Un asunto real (Nikolaj Arcel, 2012). Y es que el bombazo taquillero también es uno de los encargos frecuentes para los directores extranjeros. Florian Henckel von Donnersmark, después de triunfar mundialmente con la alemana La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmark, 2006), se estrelló con The Tourist (Florian Henckel von Donnersmark, 2010), todo un fracaso de crítica y público. Lo mismo le pasó a la danesa Susanne Bier, que tras triunfar, Óscar mediante, con En un mundo mejor (Susanne Bier, 2007), se estrelló junto a la pareja de moda del momento, Jennifer Lawrence y Bradley Cooper, con Serena (Susanne Bier, 2014). Tampoco le salió la jugada perfecta a Thomas Vinterberg, cuya Lejos del mundanal ruido (Thomas Vinterberg, 2015) pasó sin pena ni gloria, a diferencia de La caza (Thomas Vinterberg, 2012), rodada en su Dinamarca natal. Tampoco Stoker (Park Chan-Wook, 2013), del coreano Park Chan-Wook recibió los mismo aplausos que Old Boy (Park Chan-Wook, 2003). Ni tan siquiera la iraní Marjane Satrapi, que tras el éxito de Persépolis (Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud, 2007), no ha conseguido lo mismo con The Voices (Marjane Satrapi, 2012), su aventura hollywoodiense. Mucho más aplaudidas fueron las películas de Mira Nair en India, como Salaam Bombay! (Mira Nair, 1988) o La boda del monzón (Mira Nair, 2001), que las que ha rodado en Estados Unidos, como La feria de las vanidades (Mira Nair, 2004), con Reese Witherspoon, Amelia (Mira Nair, 2009), con Hilary Swank, o con la nueva Queen of Katwe (Mira Nair, 2016), con Lupita Nyong’o. ¿Será por las actrices? Ni siquiera el único e inigualable Michael Haneke consiguió el éxito haciéndose un remake de sí mismo en Funny Games (Michael Haneke, 2007), con Naomi Watts sufriendo más que en Lo imposible.

Y es que, no todos pueden ser Alejandro González Iñárritu, que tras el éxito de Amores perros (Alejandro González-Iñárritu, 2000), salió de su México natal para triunfar en Hollywood con 21 Gramos (Alejandro González-Iñárritu, 2003), Babel (Alejandro González-Iñárritu, 2006) o las más recientes Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia) (Alejandro González-Iñárritu, 2014) y El renacido (Alejandro González Iñárritu, 2015), que lo han convertido en el tercer director que ha conseguido ganar dos Óscars a la Mejor Dirección consecutivos, tras John Ford y Joseph L. Mankiewicz.

Alejandro Piera

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