Recuperar, conservar, difundir: Cine

En 2013 se encontró una de las diez películas perdidas más buscadas de la historia. Too Much Johnson (Orson Welles, 1938) es una de las películas, junto con títulos de Chaplin, Hitchcock, Méliès o Ernst Lubitch, de las que había datos pero no había ni rastro de ellas. Este hallazgo supuso redescubrir a Orson Welles y recomponer su filmografía, puesto que sería esta película, y no Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), su ópera prima. No es la única buena noticia de los últimos tiempos respecto a lo que parecen ser eslabones perdidos de la historia del cine. El año pasado, cincuenta y dos años después de su discreto estreno y de ser fulminada por la censura, el público pudo conocer la película de Fernando Fernán Gómez El mundo sigue (Fernando Fernán Gómez, 1963) que se proyectó, restaurada, gracias a la tarea de recuperación de A contracorriente y Juan Estelrich, ahijado de Fernán Gómez e hijo del productor original de la cinta, y que cierra una trilogía cumbre de la historia de nuestro cine, iniciada con La vida por delante (Fernando Fernán Gómez, 1958) y La vida alrededor (Fernando Fernán Gómez, 1959).

Hoy, Día Mundial del Patrimonio Audiovisual, ponemos el foco en algunos de los logros en la recuperación y conservación de un patrimonio tan valioso como es el cine.

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A nivel institucional, las filmotecas más importantes del mundo, encargadas de catalogar, preservar, restaurar y también difundir el patrimonio cinematográfico, nacieron en los años 30. De esta época son La Cinémathèque française, y el British Film Institute, que alberga el mayor archivo de cine del mundo. A día de hoy, estas filmotecas se agrupan en la Asociación de Filmotecas Europeas, que aglutina a más de treinta y cinco instituciones cinematográficas y reúnen, en suma, alrededor de un millón de títulos. Entre ellas se encuentra La Filmoteca Española, nacida más de dos décadas después que muchas de las filmotecas europeas, en 1953, a las que luego se sumarían otras filmotecas autonómicas como La Filmoteca de Catalunya o el IVAC –Instituto Valenciano de la Cinematografia, importantísimas para la investigación y recuperación del material cinematográfico autóctono.

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Hacía la época en la que Filmoteca Española abrió sus puertas, se calculaba que la mayoría de películas de la etapa muda se había perdido. Y es que,  al contrario que otras manifestaciones artísticas, el cine no es de los más perdurables, puesto que esta pérdida de los archivos, en muchas ocasiones de forma irreversible, se debe al material con el que estaban fabricadas las películas, el nitrato de celulosa. Este material, altamente inflamable (y que hizo arder unos cuántos cines en la época), no empezó a ser sustituido por el triacetato de celulosa, mucho más seguro que el nitrato, hasta los años 30 y no sería hasta mediados de los años 50 cuando la conversión al nuevo material sería completa. El factor del soporte, sumado a las condiciones de conservación nula y a las circunstancias históricas nada favorables, significa más de medio siglo de cine amenazado con desaparecer ya en esa época.

A día de hoy, el número de títulos en deterioro de toda la cinematografía mundial abarcan hasta la historia reciente del cine, al menos, hasta los años 80, y su proceso de restauración pasa por la digitalización, la meta de un proceso largo y muy laborioso que requiere un conocimiento absoluto de las características técnicas y necesidades de conservación de cada uno de los materiales.

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En la última década, la Filmoteca Española, que cuenta con unos 36.000 títulos catalogados, ha realizado trabajos de restauración muy destacados, gracias a los cuales podemos disfrutar hoy con la máxima calidad de títulos como Un perro andaluz (Luis Buñuel, 1929), Tristana (Luis Buñuel, 1969), La ruta de Don Quijote (Ramón Biadiu, 1934), Se ha fugado un preso (Benito Perojo, 1934), Embrujo (Carlos Serrano de Osma, 1947), La prima Angélica (Carlos Saura, 1974) o Calabuch (Luís García Berlanga, 1956). Pero su tarea de investigación ha trascendido nuestras fronteras y también ha realizado hallazgos importantísimos como la versión en español aparecida en Chile de Phantom (F. W. Murnau, 1922), una copia argentina de Metrópolis (Fritz Lang, 1927) con treinta minutos de metraje que se habían perdido, o una colección de más de un centenar de películas datadas entre 1896 y 1906, primeros años del cine, que estaban en manos de un coleccionista privado.

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Todo lo conseguido, que se multiplica exponencialmente si sumamos todos los logros de las filmotecas de las comunidades y el resto de las europeas y del mundo, parece que se queda corto. Al otro lado del charco, en la industria cinematográfica más importante del mundo, los datos tampoco son favorables. Se calcula que, al menos, la mitad de las producciones americanas anteriores a 1950 y el 90% de las realizadas antes de 1929 se han perdido para siempre.

Ante este estado de emergencia en el que se encuentra el cine, la preocupación de los propios cineastas no es menor. Ante la destrucción inminente de todo el legado cinematográfico, Martin Scorsese fundó en 1990 la organización The Film Foundation, con la misión de aunar esfuerzos con filmotecas, institutos del cine y estudios de todo el mundo para restaurar y conservar el cine. Su junta directiva, formada por Woody Allen, Paul Thomas Anderson, Wes Anderson, Francis Ford Coppola, Clint Eastwood, Peter Jackson, Ang Lee, George Lucas, Alexander Payne, Robert Redford, Steven y Cristopher Nolan, se encarga de proponer una lista de títulos sobre los que trabajar.

Desde su nacimiento, se han recuperado y restaurado multitud de películas, entre las que se encuentran obras tan importantes como El gatopardo (Luchino Visconti, 1963), Las zapatillas rojas (Michael Power, 1948), La Dolce Vita (Federico Fellini, 1960), Érase una vez en América (Sergio Leone, 1964) o Eva al desnudo (Joseph L. Mankiewicz, 1950), que son parte de una larga lista de películas que llega ya hasta los setecientos títulos y entre los que también se encuentran obras de D.W Griffith, Gregory La Cava, John Ford, Otto Preminger o Michelangelo Antonioni, Frank Capra o Hitchcock.

Con esta misma premisa de colaboración, la Film Foundation lleva a cabo la iniciativa “un dólar, un fotograma”, que permite a los donantes elegir uno de los proyectos de restauración y donar un dólar destinado a la recuperación de un fotograma de esa película, y en los que ahora mismo se encuentran títulos como Tramp Strategy (Alice Guy Blache-1911) o Rosita (Ernst Lubitsch, 1923) en proceso de reconstrucción.

De la misma fundación surgió The World Cinema Project, con el mismo fin que su predecesora, y destinada, en este caso, a realizar la misma tarea con películas alrededor del mundo que se han quedado al margen de la industria y los circuitos comerciales, y darlos a conocer al público. Un total de 28 títulos procedentes de África, Asia o Sudamérica se han recuperado y exhibido en salas.

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Estos son sólo algunos ejemplos de que la supervivencia del cine está amenazada y de que la intervención de las instituciones, los estudios, las productoras y cualquier tipo de organización es vital para su supervivencia. Ejemplos de que se está haciendo una importantísima labor y de que, a pesar de ello, todavía queda mucho por hacer.

Preservar y difundir el cine es conservar nuestra herencia cultural y artística. La historia del cine es nuestra historia, nuestra memoria y un patrimonio común que debe ser protegido.

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María Jara

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