Más allá de la diversión perfecta: Westworld

¿Os gustaría ir a un parque temático en el que pudierais saciar por un puñado de dólares vuestros más oscuros deseos sin preocupaciones éticas? Esta es la premisa desde la que parte la nueva y ambiciosa Westworld (2016) creada por Jonathan Nolan y Lisa Joy, y que cuenta con la supervisión de J. J. Abrams. Una nueva propuesta que pretende ser más que un entretenimiento audiovisual, como viene siendo habitual en cada guión y proyecto iniciado por Nolan. Como diría el mítico dueño de Jurassic Park (Steven Spielberg, 1993), John Hammond: “No hemos reparado en gastos”, y es que la HBO ha tirado la casa por la ventana para satisfacer al espectador.

westworldportada

Tomando la trama que sirvió como base al primer largometraje de Michael Crichton, también titulado Westworld (1973), Nolan y Joy no se contentan con saciarnos de imágenes, sino que en el hype que semanalmente sufre el seriófilo, le obligan a reflexionar… Además, a todo este derroche intelectual hay que sumarle un reparto de primer nivel en el que se encuentra Anthony Hopkins, Ed Harris, Evan Rachel Wood, Sidse Babett Knudsen, Jeffrey Wright y Thandie Newton, entre otros. HBO no necesita presentación. Ha sido responsable de las mejores y más influyentes series de la última década. Poco más podemos decir, pues (casi) todas sus producciones tienen excelentes guiones, no reparan en gasto, muestran sexo y violencia explícita y, desde luego, hacen un magnífico uso del hype para crear fanboys y fangirls dispuestos a morir (y pagar lo que haga falta…) por su serie favorita.

Para aquellos que aún no habéis catado la serie, ahí va la sinopsis: “En un parque de atracciones del futuro en el que todo es posible previo pago, los androides que sirven de base al parque comienzan a darse cuenta de que todo es una mentira con imprevisibles consecuencias…”. Seguro que a estas alturas ya os suena, pues los Simpsons parodiaron la versión original de Westworld junto con la de Jurassic Park en “Rascapiquilandia”. Sin un Homer y un Bart que salven la situación de forma esperpéntica, Nolan construye una historia muy poderosa y perversa basada en la hiperrealidad.

Hiperrealidad y simulacro

La hiperrealidad es, posiblemente, una de las claves principales de Westworld. Este concepto desarrollado por el filósofo francés Jean Baudrillard, consiste en que el valor de un signo (cultural, social, personal) se amplifica y se vuelve más complejo, distorsionando su significado hasta llegar a perderlo. En su obra América (1987), Baudrillard explica cómo la hiperrealidad es el paradigma de la condición cultural estadounidense. Una sociedad enmascarada por signos hiperinflacionados por el deseo de sus consumidores en los que no existe una verdad. Todo es una ficción inmersiva, que creemos real. Pero para que la hiperrealidad funcione tiene que haber simulacro. Baudrillard entiende que el simulacro está en esas situaciones narrativas que marcan las cuotas de aparente realidad con el fin de tranquilizarnos y así, introducirnos más en la hiperrealidad.

Para ilustrarlo, Baudrillard propone el ejemplo de Disneylandia: A pesar de saber que todo es una falsa escenografía y disfraces, la gente se deja imbuir en la hiperrealidad. Es más, entran en las simulaciones que estimulan su deseo e ilusión y, a través de eso, se les lleva a consumir sin límite. Ese microcosmos generado en el parque sacia a la persona con una falsa sensación de libertad que no es tal, pues está controlada por los dueños del parque.

westworld2

Quizás esto sea lo más terrorífico de la serie. Westworld es una distopía hiperreal que todos podemos reconocer, un parque de atracciones ambientado en en el salvaje Oeste. Para muchos, y especialmente para los usuarios del parque en la serie, ese lejano Oeste representa un mundo idealizado —como lo fueron los dinosaurios en Jurassic Park con los que nos hacía soñar de niños— donde la libertad se imponía sobre todo, donde la ley la marcaba el más fuerte y donde uno manejaba, falsamente, su propio destino. La vida como spaghetti western es una buena alternativa para alguien que vive asfixiado por los rigores del cotidiano (trabajo, familia, rutina…) y quiere evadirse de ellos durante unos días. El concepto de hiperrealidad logra que muchos espectadores deseen ir a ese parque que representa la libertad sin límites. Ahora bien, hay que preguntarse: ¿A qué precio?

En Westworld no se paga solo en dólares, se paga con la libertad personal. Y es que nadie de los que entran en el parque será libre por mucho que lo parezca, como tampoco lo son los androides que están dentro.

westworld3

Los límites de la ficción y la realidad

Uno de los temas principales de la serie son las constantes tensiones entre ficción y realidad. Nolan hace que nos preguntemos continuamente qué es realmente lo real, qué es la verdad. Y lo consigue en cada episodio (y si no, que se lo digan a los de Reddit con sus desquiciadas teorías entre hype y hype…). Porque en un parque de atracciones, uno de los triunfos es hacer real (o hiperreal) la ficción y que el visitante no cuestione nada de la narrativa contada. En Westworld, además, ocurre que los anfitriones (esos androides que parecen humanos) no se percatan que viven en un bucle temporal ficticio, ya que cada noche borran su memoria. Aunque todo sea una ficción, los usuarios comienzan a adentrarse en este mundo, mientras que los anfitriones no dudan de la veracidad del mundo de Westworld. La serie consigue atrapar al espectador entre ambas perspectivas.

Esta forma de narrativa queda formalmente presente desde el episodio piloto a través de rupturas en la narración y una asfixiante atmósfera de superposición de espacios narrativos, desde la fantasía plausible a la realidad, y de ahí a la hiperrealidad. La maravillosa monotonía de lo cotidiano, la repetición hasta la compulsión,  logran que tanto el huésped de Westworld como el espectador de la serie queden inmersos en los límites de la ficción y la realidad. De hecho, este efecto solo se rompe en determinados momentos con detalles que Ford deja entrever hasta la mitad de la temporada.

westworld4

Robert Ford (Anthony Hopkins) es un ser inquietante, una versión perversa de John Hammond,, un desromantizado Dr. Frankenstein que busca ser Dios y que no deja de insistir —a nosotros y a sus empleados— en que el usuario va a Westworld por los detalles y no por las narraciones. Es decir, lo que importa y lo que triunfa son los simulacros que difuminan las líneas entre ficción y realidad. Y es que alguien sobresaturado de narrativas personales particulares de la vida cotidiana necesita romper con ellas, ahí es donde Ford ofrece su producto: no busques la verdad, haz que el detalle te cautive y serás libre.

Así, el huésped durante su estancia excede los límites porque sabe que la verdad y lo falso solo son en tanto se perciben los detalles que en cada acción se eligen selectivamente. Falsamente es libre pues vive en un simulacro de libertad. Esto genera un relax ético muy cómodo siempre que no haya «otros como yo» cerca… Los anfitriones viven, igualmente, en ese mundo perfecto, coherente y repetitivo, hasta que un día empiezan a recordar y, por ende, a ser conscientes a través de detalles que hay algo que falla. De hecho, Abernathy (Louis Herthum), Dolores (Evan Rachel Wood) o Maeve (Thandie Newton) rompen con lo establecido, descubriendo detalles ínfimos en una foto, en un recuerdo o en un sueño. Es la creación de un nuevo imaginario y de creencias, tan bien plasmadas en los dibujos de Maeve sobre los «otros».

westworld5

Estos detalles, que son los mismos que inducen a los huéspedes no pensar y a solo desear, son los que empujan a los anfitriones a escaparse de lo programado, a tener libertad.

Sin embargo Ford no quiere, en ningún momento, que sus creaciones tengan libertad. Él deja claro que trabaja en pos de un hiperrealismo de los androides, siempre dentro de una creación ordenada. A esto se contrapone la historia de su socio Arnold —a quien no vemos en la serie— y de quien se nos cuenta que prefería dotar a los androides de conciencia frente a la inteligencia artificial de Ford. El sueño de Arnold era que esa conciencia derivase en una autoconciencia, la capacidad de reconocerse a sí mismos, y que ese autorreconocimiento acabase en libre albedrío, a pesar del peligro añadido: introducir lo aleatorio en el mundo hiperreal, un mundo que la empresa ya no puede controlar. Por eso, cuando los anfitriones comienzan a darse cuenta de que pueden estar siendo un objeto, es cuando dejan de serlo.

¿Hay alguna ética? ¿Son los androides humanos?

Westworld parece un mundo sin ética y lo es, de hecho, la ética es cuestionada constantemente, dado que se superponen los deseos de los huéspedes-clientes sobre cualquier otro valor. Esto es algo que vamos viendo en la trama de Logan (Ben Barnes) y William (Jimmy Simpson), dos modelos de huésped que actúan de forma distinta: el primero actúa de forma totalmente amoral, mientras que el segundo lo hace bajo ciertas normas. Porque la estructura ética de Westworld, en realidad, es la de nuestra vida cotidiana.

Nosotros actuamos según un valor hacia el «otro», siempre y cuando ese «otro» sea como nosotros. Muchos consideran que en el parque pueden hacer su voluntad pues los androides no son iguales a nosotros. Esto no debería sorprendernos pues hasta el siglo XX muchos científicos serios creían en el racismo científico y filosófico. Si el «otro» no se piensa a sí mismo y no se autoreconoce  tal y como como yo lo hago, solo es objeto. Esto son los códigos para los actos morales. Así, el hombre de negro (Ed Harris) —en cierta medida es un reflejo de Ford a la vez que un experimentado visitante de Westworld— no contempla ninguna ética, sino solo el placer personal de llegar a ser un Dios, un personaje omnisciente. Es el gamer perfecto, un esclavo de su deseo.

westworld6

Los anfitriones, mientras tanto, se saben cada vez más humanos y reflexivos. Encontramos un buen ejemplo en Maeve cuando se da cuenta de que sus pesadillas ya no son tan ficticias… El problema surge cuando los anfitriones comienzan a tomar conciencia de su condición, a reconocerse más allá de la narrativa y a pensarse a sí mismos. ¿Son esos androides humanos? La serie aún no nos ofrece una respuesta, aunque todo parece indicar que esto será el principio de la discordia para Delos, la empresa propietaria de Westworld.

Estamos seguros de que la historia no se agotará fácilmente y que la HBO nos regalará futuras temporadas muy interesantes, ofreciendo respuestas a las preguntas que aún quedan en el aire. No cabe duda que Jonathan Nolan y Lisa Joy sabrán saciar el hype en el que nos dejan.

Antonio de Diego

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s