Omega: Molestar es necesario

Hace 20 años salía a la venta un disco de ruido y flamenco. Hace 20 años salía a la calle OMEGA (Enrique Morente y Lagartija Nick, 1996) para demostrar que lo jondo no es intocable y que las multinacionales a veces se equivocan.

Los enfermos de la tradición, “flamencohólicos” para Morente, pusieron el grito en el cielo ¿qué era eso de mezclar flamenco con acoples de guitarra? ¿cómo era posible adaptar canciones de un americano para cantar por alegrías? Entre molestia y críticas sangrantes nació OMEGA, porque Morente siempre tuvo claro que molestar, en ocasiones, es necesario.

Aprovechando el veinte aniversario de aquella aventura, José Sánchez-Montes y Gervasio Iglesias firman a cuatro manos un documental producido por Sacromonte Films.

OMEGA (José Sánchez-Montes y Gervasio Iglesias, 2016) es un repaso por la creación del álbum que encumbró al cantaor granadino entre los círculos más modernos de la música contemporánea.

A partir de imágenes de archivo y entrevistas en primera persona hacemos un viaje a la Granada de los noventa y descubrimos que parir OMEGA fue duro y doloroso. El álbum fue rechazado por Sony, Universal y casi todo el mundo del flamenco. Fue tanto el rechazo que incluso el propio Morente dudó de lo que estaba haciendo, de si los Lagartija le habían engañado y de si España aún no estaba preparada para aquella mezcla entre Federico, Leonard y Enrique.

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Porque ante todo OMEGA es una mezcla; una entre Manhattan y Sacromonte, entre Cohen y Lorca, entre las eléctricas y las españolas, entre los jóvenes con vaqueros y los cantaores vestidos de negro. Una mezcla que llegó a vender 50.000 copias y que ahora es un poco eterna.

Lagartija Nick, Enrique Morente y la multitud de colaboradores que pusieron su grano en OMEGA consiguieron crear una obra conceptual con sentido pleno y redondo.

Morente sabía que en Leonard Cohen había un ingrediente flamenco, que su “Take this waltz” y su “Hallelujah” podían reinterpretarse bajo la luz del cante. Sabía que Federico García Lorca tenía tanto o más que ver con Cohen como las distorsiones con las palmas. Así que Cohen dio permiso a Morente y los suyos para “utilizar” sus canciones a su gusto.

OMEGA fue ilusión y duda a partes iguales. En los primeros recitales el público asistía no solo a escuchar sino también a vocear y discutir; como si Morente fuera excusa para iniciar una guerra entre dos caras de la misma cultura: una aperturista y otra retrógrada, empeñada en identificar la pureza solo con la tradición. Sin embargo fuera de nuestras fronteras todo era diferente, no había músico influyente americano o inglés que no tuviera el OMEGA en la estantería.

El disco llegó a oídos de los neoyorkinos Sonic Youth. Lee Renaldo y los suyos se interesaron por “ese disco tan raro de ruido y flamenco” que habían echo en España. Y un día de octubre de 2004 algunos valencianos pudieron contemplar a uno de los cantaores más famosos de España improvisar junto a unos Sonic Youth ruidosos y desafinados.

El tiempo hizo su trabajo y puso a Morente en el lugar que siempre se mereció. Sin embargo la unanimidad sigue siendo una utopía. El cantaor José Menese, recientemente fallecido, apuntaba hace un par de años en el extinto programa de TVE Mapa Sonoro que Morente “no tenía soniquete para cantar por soleá como Dios manda y entonces echó mano de esas cosas”, donde Menese dice “esas cosas” debemos de entender rock. A su lado J (Los Planetas) ponía cara de poker y sonreía casi sin querer mientras Menese, refiriéndose al cante de Morente, apuntaba: “si el jamón es bueno, me lo como solo para no mezclarlo con nada”.

Pero si algo bueno ha dado el disco ha sido un legado nutrido y alargado. Un legado que quedó a veces en familia (con Soleá Morente, Estrella y José Enrique “Kiki”) pero que también se extendió a Los Planetas, Los Evangelistas o Silvia Pérez Cruz. Proyectos que dejaban en evidencia lo que hasta el momento se llamó “fusión” o “flamenco-pop”. Esto tenía más pinta de flamenco en evolución que de mezcla destinada a la radiofórmula.

Los Evangelistas (mezcla de Lagartija Nick y Los Planetas) firmaron un notable Homenaje a Enrique Morente (2012) cuya continuación Encuentro (2013) sirvió para que Soleá Morente se lanzase al rock.

En el documental, una emocionada Soleá, recuerda que en su primer concierto con Los Evangelistas se apretó bien a la muñeca una de las pulseras de pinchos que había comprado su padre en su época rockera. El pasado año la independencia de Soleá se hacía efectiva en Tendrá que haber un camino (2015) un disco del que su padre se habría sentido terriblemente orgulloso.

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Tan alargada es la sombra de Enrique que además del documental, se han organizado tres conciertos (26 de noviembre en Barcelona, 1 de diciembre en Valencia y 2 de diciembre en Madrid) que presentarán de nuevo OMEGA a nostálgicos y nuevos seguidores. Una vez más Lagartija Nick y la familia Morente tratarán de honrar a su padre en unos conciertos que repasarán las canciones incluidas en el álbum.

Han pasado 20 años y OMEGA ha crecido cada día, acercando Cohen y Lorca a las nuevas generaciones, alejando la incomprensión y haciéndose obra imprescindible para rockeros y flamencos.

OMEGA ha dejado de ser minoritario, porque como apuntaba hace algunos años un lúcido Morente “las músicas minoritarias deberían de ser solo las malas”. Era cuestión de tiempo que OMEGA se convirtiera en universal sin necesidad de firmar con Universal. A veces ganan los buenos y los malos se molestan. A veces molestar es necesario.

Adrián F. Balsera

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